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	<title>Nanda Ziur archivos &#8212; La Calle</title>
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	<title>Nanda Ziur archivos &#8212; La Calle</title>
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		<title>Confesiones de un corazón en terapia &#8211;  Opinión</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 May 2024 23:29:13 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Nací a finales de los 80, así que la televisión y las películas hollywoodenses eran mi plan favorito de fin de semana. Si son de mi generación, seguro recuerdan la comedia romántica “Novia fugitiva”: una mujer bellísima que a la mera hora del “sí” se arrepentía y se daba a la fuga, literalmente. Corría como [&#8230;]</p>
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<p>Nací a finales de los 80, así que la televisión y las películas hollywoodenses eran mi plan favorito de fin de semana. Si son de mi generación, seguro recuerdan la comedia romántica “Novia fugitiva”: una mujer bellísima que a la mera hora del “sí” se arrepentía y se daba a la fuga, literalmente. Corría como alma que lleva el diablo, y los novios o bien iban detrás de ella, o bien se quedaban paralizados.</p>



<p>Es doloroso sentirse rechazado, toma tiempo interiorizar, aceptar y aprender a vivir con que no somos correspondidos. El rechazo no solo detona nuestras inseguridades y dolores infantiles; investigaciones neurocientíficas aseguran que duele como un golpe físico. Sin embargo, hoy quiero enfocarme en el que rechaza porque, ¡sorpresa!, él también sufre. Como dice la canción: «amante y enemigo».</p>



<p>En la universidad conocí a un chico. Imagina a un joven con ojos claros gigantes y una sonrisa que podría derretir al Ártico. Fue amor a primera vista. Y, modestamente, yo tampoco le fui indiferente. Nos enamoramos y ennoviamos, viviendo nuestra propia comedia romántica.</p>



<p>Fue un compañero sentimental maravilloso, la pasábamos sin mayores altercados; poco frecuente en las relaciones universitarias que, por lo general, se caracterizan por la convulsión emocional debido a la inmadurez propia de la edad. Pasaron varios meses de relación, pero un día, sin más ni más, decidí terminar. Él lo aceptó con una serenidad que me dejó perpleja y desapareció de mi vida sin dramas ni reclamos.</p>



<p>Él rehizo su vida, se casó, y siguió adelante sin hacerme sentir culpable. Su habilidad para gestionar el rechazo y su sana autoestima me dejaron con la boca abierta. Pero yo, yo no estaba lista para enfrentar mis miedos y mi soberbia.</p>



<p>Con el paso del tiempo, comencé a reflexionar sobre lo sucedido. Años después de aquella experiencia, leí en Instagram, el mural posmoderno de sabiduría, la siguiente frase: “El rechazo no te aleja de lo rechazado, solamente lo intercepta y lo interioriza como una fuerza inútil para ser usada”. Esta afirmación replanteó todo en mi vida y me hizo entender que había terminado esa relación por miedo a no ser suficiente y por la soberbia de querer tener el control.</p>



<p>Desde la mirada de una jovencita con pensamientos de poca valía personal, era todo un riesgo exponer mi vulnerabilidad, así que hui. Me inventé una historia para “protegerme”, pero era una solución engañosa, ya que se convirtió en una estrategia de sobrevivencia para “evitar” el sufrimiento. Vaya ironía, porque con el tiempo solo dolió más.</p>



<p>A partir de este punto, me di cuenta de una verdad más amplia y profunda. Es cierto que el rechazo puede ser una negación en sí misma. Sin embargo, también hay que cuestionarnos si el rechazo es producto de nuestras propias ideas equivocadas y falta de compasión. Espóiler: si uno no se acepta a sí mismo, es imposible creer que alguien más lo aceptará.</p>



<p>Tenga en cuenta que la compasión es un ejercicio diario, no una cualidad divina.</p>



<p>Además, &nbsp;la autoaceptación y la autocompasión son esenciales no solo para nuestro bienestar personal, sino también para establecer relaciones saludables con los demás. Cuanto más nos rechazamos, más rechazamos a los demás. Si usted se encuentra constantemente juzgando, es muy probable que también sea su propio verdugo, verduga o verdugue.</p>



<p>Este ciclo destructivo puede compararse en el mito de Ícaro. Quien ignoró las advertencias de su padre y voló demasiado cerca del sol con sus alas de cera para caer finalmente al mar y morir. De manera similar, al ignorar nuestros propios miedos y evadir la autoaceptación, nos exponemos a las consecuencias inevitables de nuestra propia negación.</p>



<p>Entonces, ¿qué estamos perdiendo por no enfrentar nuestras vulnerabilidades? Que estas palabras sean una invitación a vernos con aceptación, compasión y a convertirnos en&nbsp; héroes, no en los villanos, de nuestras propias historias.</p>



<p>Seamos conscientes de cómo nuestras acciones y pensamientos están moldeados por un paradigma patriarcal. Entonces, solo al abrazar nuestras vulnerabilidades y aceptarnos incondicionalmente, estamos forjando una identidad propia y no impuesta.</p>



<p class="has-text-align-right">Por <a href="https://www.instagram.com/callevanessa/">Vanessa Calle</a></p>



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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; La paradoja de la libertad</title>
		<link>https://lacalle.media/opinion-la-paradoja-de-la-libertad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Oct 2022 17:24:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La paradoja de la libertad Cuando tenía trece años, frente a otras estudiantes, una compañera de clase me calificó a gritos como “zorra”. En aquella circunstancia, una sensación de vergüenza me inundó, no entendía qué estaba pasando por la cabeza de esa otra niña para que pronuncie dicha afirmación. Recuerdo que me quedé muda, sin [&#8230;]</p>
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<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/07/Nanda-Ziur-1.jpeg" alt="" class="wp-image-73268" width="181" height="181" srcset="https://lacalle.media/wp-content/uploads/2022/07/Nanda-Ziur-1.jpeg 960w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2022/07/Nanda-Ziur-1-300x300.jpeg 300w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2022/07/Nanda-Ziur-1-150x150.jpeg 150w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2022/07/Nanda-Ziur-1-768x768.jpeg 768w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2022/07/Nanda-Ziur-1-696x696.jpeg 696w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2022/07/Nanda-Ziur-1-640x640.jpeg 640w" sizes="(max-width: 181px) 100vw, 181px" /><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>


<p class="has-text-align-right">La paradoja de la libertad</p>



<p>Cuando tenía trece años, frente a otras estudiantes, una compañera de clase me calificó a gritos como “zorra”. En aquella circunstancia, una sensación de vergüenza me inundó, no entendía qué estaba pasando por la cabeza de esa otra niña para que pronuncie dicha afirmación. Recuerdo que me quedé muda, sin ideas que enfrenten lo nombrado; sabía que mi dignidad, esa cualidad femenina que “debía ser intachable”, había sido profanada.</p>



<p>Y no, no importaba lo que yo pudiese argumentar, las caras asustadas del resto de jovencitas me lo decían todo. Sin duda, para agredir a una mujer, más todavía a una muchachita, la fórmula probada es llamarla “puta”, porque desde que nacemos nuestro entorno se encarga de enseñarnos que nuestra “valía como mujeres” se encuentra en la castidad.</p>



<p>Ustedes me dirán que esos pensamientos pertenecen al pasado, que ahora crían mujeres emancipadas; a mí me parece que no es así porque al asegurar que la sexualidad nos es propia, el mundo se pone en vilo. La razón es sencilla: nos quieren libres, siempre y cuando, sigamos siendo obedientes.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Por ahí escuché: “una cosa es la libertad del sexo y otra la libertad de las mujeres”.</h3>



<p>Claro que ahora podemos involucrarnos sentimental y sexualmente con quien y con cuantos queramos, pero tango la sensación de que estas posibilidades nos tienen más confundidas a las mujeres de mi época. Porque, por un lado, persiste el mandato tradicional de la virginidad; por otro, está la opción de la libertad sexual. Frente a esto, la problemática es que perdura un mundo donde las “reglas del amor” se mantienen direccionadas para satisfacer los deseos masculinos.</p>



<p>Nona Willis Aronowitz, en su artículo <em>Sigo creyendo en el poder de la libertad sexual</em> para el New York Times, asegura que no es suficiente el consentimiento y el saber qué es lo que no deseamos. Más bien plantea que el reto se encuentra en lo que sí queremos, pero explorando desde nuestras propias condiciones; teniendo en cuenta que nuestra crianza tiene como base una conducta aprendida para ser complacientes y dóciles en cualquier aspecto de la vida, no se diga el amatorio.</p>



<p>Este contexto me permitirá explicar lo que, a mi parecer, ocurre con la cadete que, a la fecha, se encuentra bajo prisión preventiva, por supuesta implicación, en el femicidio de María Belén Bernal. Es preciso aclarar que mi perspectiva es poco popular, pero de ninguna manera quiere vulnerar derechos a la familia de María Belén, justamente, porque no podemos tener otra víctima más de una estructura patriarcal que permea todos los ámbitos de la vida.</p>



<h3 class="wp-block-heading">¿Cómo es posible que una jovencita, futura oficial, se haya involucrado con un hombre casado?, ¿qué necesidad tenía de arruinarse la vida? </h3>



<p>Nona Willis Aronowitz explica que es dificilísimo identificar qué es lo que queremos porque no es tarea sencilla enfrentarnos a “unas antiquísimas pautas culturales” y mucho más en un contexto misógino, donde nuestra libertad se puede volver en nuestra contra y ya no hablo solo de la culpa o la vergüenza, sino de la opinión pública que presiona a un sistema judicial.</p>



<p>De ninguna manera pretendo clasificar entre buenas y malas personas; por supuesto, hay hechos que deben ser castigados por el sistema de justicia, sin embargo, hasta donde conozco, el ejercicio de la sexualidad no es tipificado como punible en nuestras leyes, ¿entonces por qué la cadete lleva más de un mes recluida, si la defensa asegura que no hay elementos que justifiquen su permanencia en prisión?</p>



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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; La ternura, un superpoder</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-la-ternura-un-superpoder/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Aug 2022 16:57:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los feminismos coincidimos que existe una desigual distribución del poder entre los sujetos sociales; no quiero mencionar “hombres y mujeres”, ya que resulta un lugar vago, respecto a las diferentes identidades que nos configuran (género, edad, clase, etnia, capacidades físicas, entre otros factores) para ser partícipes, conscientes o no, del fenómeno de la subordinación. No [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/07/Nanda-Ziur-1.jpeg" alt="" class="wp-image-73268" width="211" height="195"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>


<p>Los feminismos coincidimos que existe una desigual distribución del poder entre los sujetos sociales; no quiero mencionar “hombres y mujeres”, ya que resulta un lugar vago, respecto a las diferentes identidades que nos configuran (género, edad, clase, etnia, capacidades físicas, entre otros factores) para ser partícipes, conscientes o no, del fenómeno de la subordinación. No obstante, hablaré de las mujeres porque es el sitio que conozco; pero, sin ningún intento de ser representante de “todas”, puesto que cada una, desde su sitio de enunciación, tiene agencia propia.</p>



<p>Claro que cada vez hay más mujeres ocupando cargos políticos, directivos, empresariales; aunque, siguen siendo minoría. Es así que las feministas, cuando hablamos de la correlación desigual de fuerzas, estamos clarísimas que se trata de un poder masculino, patriarcal, opresor. De ahí que no solo busquemos el ejercicio del poder, sino su resignificación, desde una perspectiva feminista.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué estoy escribiendo?</h2>



<p>Resulta ingenuo pensar que, por el mero hecho de contar con la participación igualitaria de hombres y mujeres en la esfera pública, desaparecerán las dinámicas de subordinación. En este sentido, y enfatizando que, desde las perspectivas feministas, diversas posiciones han surgido alrededor del ejercicio del poder; quiero exponer aquellos conceptos que lo plantean como acciones transformadoras, formuladas por Hannah Arendt y Hanna Pitkin (feminista), principalmente.</p>



<p>Dichas teóricas desarrollan sus ideas alrededor de un poder que es contrario a la opresión, con una capacidad transformadora y que permite la dignidad humana. Es decir, un contrapoder opuesto a cualquier tipo de violencia; por lo tanto, se resiste a las doctrinas individualistas, que nos hablan de un único liderazgo y se plantea las relaciones humanas desde lo colaborativo. Lo sustancial de estas proposiciones es que miran en el poder no solo un espacio para el control, sino para la creación.</p>



<p>Y cualquier tipo de creación (política, artística, científica, ambientalista y otras) implica de cuidado, no de dominación. Desde este enfoque, no es que se olvida la agencia individual; más bien esta permite el empoderamiento de los otros porque se trata de relaciones que se basan en la confianza. Dando como resultado, conexiones sociales fundadas en la empatía, preocupación; siendo así, indignación por el sufrimiento del otro.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El poder, al ser entendido como un fenómeno colectivo, se legitima a través del diálogo; uno que permite conciliar las diferencias humanas.</h3>



<p>Me gustaría hacer hincapié, respecto a que el poder no descansa solo en la notoriedad pública (mujeres políticas); en cualquier relación social de nuestra cotidianidad, sea con las amigas, parejas, hijos, ejercemos el poder. Sin embargo, en un marco de una cultura patriarcal, lo más probable es que lo hagamos desde una lógica autoritaria. A veces verdugos, a veces víctimas.</p>



<p>Tras lo expuesto, mi propuesta es que, en estos territorios, en los que domina el sometimiento; la esfera de lo privado nos da la posibilidad de transformar lo que tanto criticamos. Entonces, es en lo íntimo, dónde nuestras relaciones deben cambiar su modus operandi. Que el trato con nuestros y ajenos sea una tierna caricia, alejado de la ofensa y la intolerancia.</p>



<p>No hablo de cursilería, debido a que las relaciones fundamentadas en la delicadeza están lejos de ser sumisas; es imposible, pensar en un contrapoder desde los afectos, que acepte pasivamente cualquier tipo de violencia doméstica, porque un poder colectivo está conformado por aliados y no por cómplices.</p>



<p>Finalmente, lo expuesto, de ninguna manera, resta importancia a los enunciados feministas que abordan el poder como dominación. Estoy clara que esta perspectiva amorosa no es única y suficiente para amenazar el statu quo; pero sí siembra la semilla de prácticas alternativas que se suman para modificar una institucionalidad tirana.</p>



<p class="has-text-align-right"><a href="https://radiolacalle.com/category/opinion/nanda-ziur/"><em><strong>Lee más artículos de Nanda Ziur en este enlace.</strong></em></a></p>
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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; Sororidad líquida</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-sororidad-liquida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Aug 2022 15:39:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace poco escuché a una periodista que ella prefería usar la palabra ñañaridad, en reemplazo de sororidad; término acuñado por Marcela Lagarde, que da cuenta de esas alianzas que pactamos las mujeres por la construcción de un mundo, realmente, humano. Me resulta prioritario poner en discusión esta categoría, porque tengo la impresión de que se [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/07/Nanda-Ziur-1.jpeg" alt="" class="wp-image-73268" width="192" height="175"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>


<p>Hace poco escuché a una periodista que ella prefería usar la palabra ñañaridad, en reemplazo de sororidad; término acuñado por Marcela Lagarde, que da cuenta de esas alianzas que pactamos las mujeres por la construcción de un mundo, realmente, humano. Me resulta prioritario poner en discusión esta categoría, porque tengo la impresión de que se cree que, al sabernos sororas, las complejidades desaparecen cuando interactuamos con otras mujeres; como si se diluyera, por arte de magia, la fragmentación social entre nosotras.</p>



<p>Cuando nos referimos a las mujeres, en general, suena a un grupo uniforme de personas. Sin embargo, somos diversas y divergentes, al igual que el reconocimiento de nuestros derechos. El sitio de enunciación de una mujer indígena con estudios superiores no será semejante al de una mujer trans en condición de emigrante. Exacto, la sororidad no es una palabrita sencilla y que la repetimos porque está de moda; da cuenta de una postura ética, política y práctica frente a otras mujeres.</p>



<p>La sororidad evidencia a mujeres con privilegios de clase, etnia, género, etc. Y que juegan a favor de un entorno social que no le importa la sobreexplotación de cualquier ser vivo a cambio de la acumulación de capital. Ser sorora no me ciega ante los actos de corrupción o violencia de cometidos por mujeres. Existen aquellas que alimentan las dinámicas de poder del mundo patriarcal. Sí, hay machistas que disfrutan sus prelaciones por sobre los detrimentos de otras.</p>



<h3 class="wp-block-heading">¿Puedo ser ñaña de aquellas que perpetúan las relaciones jerárquicas entre hombres y mujeres? </h3>



<p>Jamás podemos apoyar a quienes protagonizan injusticias sociales, la sororidad no nos invita a convertirnos en una cucharada de azúcar. Todo lo contrario, debemos estar abiertas a la discrepancia, alejadas obviamente de las vejaciones patriarcales como zorra, perra, gorda, fea, mal vestida; desde argumentos que evidencien el desacuerdo, pero en términos que modifiquen el trato violento que se nos ha dado a las mujeres tradicionalmente.</p>



<p>No, no todas partimos de un mismo lugar. Entonces, la ñañaridad me invita a cuestionarme mis privilegios y la forma que estos permiten la opresión de diferentes mujeres. Es el caso de quienes trabajan en los hogares como empleadas domésticas para que otras puedan estudiar, trabajar, descansar. De esto se trata, una categoría potente que nos cuestiona a abandonar ese poder que subordina a “mujeres ajenas” a nosotras.</p>



<p>Es un ejercicio de sinceramiento hablar de las propias concesiones; y si las tenemos, es nuestra responsabilidad buscar los mecanismos para que otras mujeres los alcancen. Ustedes me dirán, ¿cuál privilegio, si me lo he ganado a pulso? Justamente, la “inmunidad social” de crecer en un hogar con un papá mestizo y una mamá mestiza, pareja heterosexual, con educación formal y con un trabajo dignamente remunerado. Las niñas indígenas desde que nacen enfrentan la exclusión, solo por mencionar una, habitan en lugares sin acceso a agua potable.</p>



<p>Yo como mujer mestiza, heterosexual, profesionista soy sorora cuando comprendo que no tengo todas las respuestas y debo estar en la búsqueda continua de las perspectivas y necesidades de otras mujeres, porque la esencia del feminismo es el debate continuo, alejado de las verdades inamovibles. No es sororidad si no cuestionamos, constantemente, las violentas estructuras del poder.</p>



<p>Ser sororas es no darle tregua al machismo en palabras, obras o pensamientos.</p>



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		<title>Una de Cal y otra de Arena &#124; Me permito “ser tonta”￼</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-me-permito-ser-tonta%ef%bf%bc/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Aug 2022 02:08:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vivimos una época que, producto de las luchas históricas feministas, ha permitido a las mujeres cambiar su rumbo, al menos en términos normativos-legales. Es que el feminismo se ha propuesto, en más de 300 años de vigencia, evidenciar las relaciones jerárquicas entre hombres y mujeres en cualquier ámbito de la vida. Sin embargo, todavía hay [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/07/Nanda-Ziur-1.jpeg" alt="" class="wp-image-73268" width="222" height="195"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>


<p>Vivimos una época que, producto de las luchas históricas feministas, ha permitido a las mujeres cambiar su rumbo, al menos en términos normativos-legales. Es que el feminismo se ha propuesto, en más de 300 años de vigencia, evidenciar las relaciones jerárquicas entre hombres y mujeres en cualquier ámbito de la vida. Sin embargo, todavía hay materias pendientes como la igualdad salarial, mayor participación política, la despenalización del aborto, la violencia de género y otras.</p>



<p>Aunque ahora las mujeres, injustamente no todas, pueden votar, estudiar, ocupar cargos de poder y acceder a derechos antes impensables; lo cierto, es que la ausencia de la perspectiva de género ha desdibujado estas garantías y estos haberes se han terminado alineando al paradigma patriarcal. Lo que implica que los mecanismos de subordinación se han actualizado nada más y persisten, si bien de una forma menos evidente.</p>



<p>Escribo este preámbulo porque me encontré con <em>Valientes e imperfectas</em>, libro de Reshma Saujani, cuyo planteamiento explica que desde que nacemos a las mujeres nos entrenan para ser “perfectas”. ¿Qué significa? A través de la mención de varias investigaciones, Saujani va demostrando cómo nuestra personalidad debe irse ajustando hacia un perfil complaciente, que evade las necesidades propias pues, constantemente, hay que demostrar la valía personal. ¿Qué implica? Que reprimimos nuestros genuinos deseos, ya que resulta una tragedia nivel bomba atómica en Hiroshima, cuando el mundo se entera de que cometemos errores de cualquier índole.</p>



<h4 class="wp-block-heading">A esa crianza de tintes serviciales y sumisos, se nos añade un poquito de incapacidad para asumir los traspiés, crecemos como imposibilitadas para lidiar con las desilusiones. </h4>



<p>Entonces, en “nombre del amor” nos invitan a atribuirnos “solo” retos en los que podamos demostrar lo capaces que somos. Esta aseveración me resulta reveladora porque, por ejemplo, desde la perspectiva biologicista del académico de Steven Pinker, las mínimas diferencias que existen entre los cerebros de mujeres y hombres serían las responsables de las elecciones profesionales.</p>



<p>No obstante, para Saujani, los patrones culturales son los que interfieren en las decisiones de las mujeres. Es el caso de las universitarias que, al no verse con buenos promedios en el primer año de estudio, prefieren cambiarse a carreras en las que puedan demostrar lo “buenas” que son. Este hallazgo explicaría, además, que nos crían para no asumir riesgos dado que el mandato social ordena que debemos ser perfectas. Entonces, a los problemas estructurales de género, se suma esta “manera de ser” en la que nosotras mismas nos sacamos de la jugada: “es terrible sabernos tontas” en un mundo que “aprueba” a las “mujeres perfectas”.</p>



<h4 class="wp-block-heading">El asunto no queda ahí porque cuando las mujeres ocupan, por decirlo de cierta forma, sus “zonas de confort” tampoco es que alcanzan la tranquilidad.</h4>



<p>Este “poder femenino”, sin enfoque de género, nos irrespeta, nos impulsa a mostrarnos sin máculas. Saujani, audazmente, expone que en “el mundo real” ser complacientes no es garantía de nada; más bien, es abrir una puerta para que violenten nuestros derechos en cualquier espacio: académico, laboral, familiar, de pareja, etc. </p>



<p>El libro de Reshma Saujani es una invitación para liberarnos de ese espejismo acerca de que la perfección nos llevará a sentirnos a salvo; cuando la verdad es que lo único que consigue es paralizarnos y no permite que asumamos riesgos que sacudan nuestras existencias y nos presenten otras formas de comprender el mundo. Mujeres olvidemos esas creencias respecto a que los errores nos definen, nos avergüenzan, nos quiebran; aceptemos el fracaso como parte del camino de la vida.</p>



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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; Soy feminista y “yo perreo sola…”￼</title>
		<link>https://lacalle.media/soy-feminista-y-yo-perreo-sola/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Jul 2022 01:17:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Soy feminista y “yo perreo sola…” Tik Tok ha posicionado Despechá, de Rosalía, como la nueva canción del verano. Se trata de un ritmo latino, sabrosón, pegajoso que me ha puesto a bailar. No tengo idea de qué son las “motomamis”, especulo que son ese grupo de amigas sororas que nos contienen cuando estamos despechadas. [&#8230;]</p>
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<h4 class="has-text-align-right wp-block-heading"><strong><em>Soy feminista y “yo perreo sola…”</em></strong></h4>



<p>Tik Tok ha posicionado <em>Despechá</em>, de Rosalía, como la nueva canción del verano. Se trata de un ritmo latino, sabrosón, pegajoso que me ha puesto a bailar. No tengo idea de qué son las “motomamis”, especulo que son ese grupo de amigas sororas que nos contienen cuando estamos despechadas. Me emociona que la música de mujeres supere esas ideas de que solo un otro masculino es capaz de curar un corazón roto; frente a esto, “La Rosalía” le canta a la energía femenina y a su poder sanador.</p>



<p>No solo disfruto de Rosalía, también coreo la música de Karol G, Anitta o el más polémico de todos: Bad Bunny. ¿Por qué? Porque en sus canciones rescato la autonomía de las mujeres. Es la posibilidad de resignificar el cuerpo, históricamente hipersexualizado desde la mirada de los hombres; ahora son ellas las que se muestran insinuantes, seguras y sin culpa de hablar sobre sus deseos sexuales. Es alentador escucharle a Anitta cantar: “tengo pa’ti la combi completa, que no duro mucho soltera, aprovéchame…”. Le cantan al mundo que no necesitamos ser escogidas, nosotras podemos elegir con quien estar. Y, no, no somos “malas” por ello.</p>



<p>A mí no me molesta que se muestren agresivas, fuertes, gritonas, sexuales; todo lo contrario, me invita a pensar en todas esas veces que nos han obligado, como única forma de existir, al silencio, ternura, dulzura, simpatía. No porque no me guste la delicadeza y sutileza, sino porque se presentan como “modelos correctos”, negando la diversidad de emociones a las mujeres. Sin duda, estos estereotipos interfieren en nuestro desarrollo personal. El reguetón femenino le recuerda al mundo que las mujeres también cuestionamos, peleamos, perreamos, follamos y mucho más.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Aunque las pastillas anticonceptivas separaron la sexualidad de la procreación y el placer, todavía persiste esta idea de que las mujeres que disfrutan de su erotismo son unas “zorras”.</h3>



<p>Sí, el sexo también nos lo han arrebatado, pero Becky G no está dispuesta a cederlo al cantar: “donde quieras te como, pa’ escaparnos tú dime cómo…”. Nuestro goce ha estado a merced de los hombres, cuando pedimos algo distinto a la penetración, se inquietan y preguntan: ¿dónde lo aprendiste? Ojito con la respuesta porque se pueden sentir indignados; al parecer, el kilometraje sexual solo es un derecho masculino.</p>



<p>Y si las mujeres decidimos involucrar sexo y sentimientos, tampoco es que nos va mejor. Se da por hecho que debemos amar por sobre todas las cosas. Lo problemático es que nos enseñan a sufrir más de lo necesario, incluso enfermamos física y mentalmente, debido a que una relación no resulta; divorcios, rupturas, etc. No es exagerado asegurar que la pasión romántica configura una identidad machista de cómo llevar la feminidad y por eso estamos dispuestas a todo: sacrificios, dietas, sumisión, obediencia, etc. Aplaudo cuando cantan: “de lo tóxico que eres, se volvió perjudicial, no me vuelvas a buscar, lo que se va, se va…”.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Sigo alucinando la aparición de Mia Khalifa en el video clip <em>Mami, </em>porque las mujeres sabemos que estamos para apoyarnos las unas a las otras.</h3>



<p>Creamos un mundo en el que todas tenemos lugar para ser poderosas y auténticas. Es esperanzador advertir que en las generaciones más jóvenes se desdibujan esos conceptos dañinos acerca de quiénes son las “vírgenes o putas”. Somos compañeras, sororas, <em>bichotas</em>. Con el permiso de aquellas que no disfrutan del reguetón tanto como yo.</p>



<p>Finalmente, y por si acaso, habrá quienes afirmen que las verdaderas feministas son las mujeres que trabajan en la NASA haciendo cálculos hipermegadifíciles y no mostrando las nalgas, mientras bailan reguetón. Permítame explicarle que esta afirmación solo es producto de un machismo interiorizado y asumido como sano y su razón da cuenta de insistir en el absurdo de que existen las “buenas o malas”, negándonos ser, estar y brillar donde nos da la gana.&nbsp;</p>



<p>“Tranqui, yo perreo sola…”</p>



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<p class="has-text-align-right"><strong><em>Soy feminista y “yo perreo sola…”</em></strong></p>
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		<title>Una de Cal y otra de Arena &#124; La comida, un espacio para renovarnos y no anularnos￼</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 20 Jul 2022 21:04:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La comida, un espacio para renovarnos y no anularnos Estoy consciente de que la desnutrición infantil es uno de los mayores problemas de salud pública en Ecuador; frente a esto, escribir sobre del placer de comer puede parecer trivial y superficial. Sin embargo, no es un asunto frívolo porque el enfoque adecuado acerca de los [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right"><strong><em>La comida, un espacio para renovarnos y no anularnos</em></strong></p>



<p>Estoy consciente de que la desnutrición infantil es uno de los mayores problemas de salud pública en Ecuador; frente a esto, escribir sobre del <em>placer de comer</em> puede parecer trivial y superficial. Sin embargo, no es un asunto frívolo porque el enfoque adecuado acerca de los alimentos también crea salud, pero no esa que se limita a las tallas y al peso corporal; sino una mirada holística que busca el equilibrio entre lo biológico, psíquico, social y, para los creyentes, espiritual.</p>



<p>Desde niña aprendí a categorizar la comida: buena o mala. Recuerdo, en más de una ocasión, una sensación angustiante respecto a la sopita de fideo: por un lado, la disfrutaba; pero, por otro, un sentimiento de culpabilidad porque no era un “buen alimento”.&nbsp; Lejos de elaborar un juicio de valor, quiero poner en perspectiva este comportamiento alrededor de algo tan básico y necesario para vivir, como lo es comer.</p>



<p>Todas nuestras creencias están afectadas por el paradigma patriarcal. ¿Por qué el acto de comer no ha de estarlo? La ciencia médica se ha legitimado como absoluto conocedor referente a la biología humana, negando nuestra sabiduría corporal. Esta mirada salutista se ha encargado de patologizar a los organismos robustos porque, según la nutrición, los “cuerpos saludables” cumplen con “ciertos estándares”.</p>



<h4 class="wp-block-heading">No niego el conocimiento del profesional de la salud, pero sí me cuesta aceptar que una mirada foránea me conozca más que yo. Ningún estudio científico puede darme certezas acerca del comportamiento particular de mi cuerpo y su relación con la comida. Se trata de un control exterior qué me dice cómo debo actuar, silenciando mi guía interior, mi sabiduría de mujer. &nbsp;&nbsp;</h4>



<p>Felizmente, he encontrado otros enfoques nutricionales que son compasivos: plantean que el peso no es un indicador de salud; por consiguiente, apuestan por una mirada inclusiva con los cuerpos de todas, todos y todes. ¿Es posible esto? Claro que sí, por ejemplo, ¿quieres orinar?, vas al baño próximo y orinas; no te cuestionas si está bien o mal hacerlo. ¿Por qué no ocurre lo mismo cuando tenemos hambre y más aún con los “antojos”? Es común escuchar: “estoy pecando con este chocolatito”.</p>



<p>Promovamos la salud no desde la prohibición, porque la comida no es buena, ni mala, simplemente, es comida. El acto de comer es más que comer: es vivir con bienestar, ya que invita a conocernos. ¿Por qué como lo que como?, ¿qué me gusta?, ¿cuáles sabores disfrutan mis papilas gustativas?, ¿cuántos sentidos se activan al comer?, ¿existen olores y texturas que no soporto?, ¿qué alimentos me permite mi economía? Aprendamos a escucharnos y respetarnos. Descubramos nuestra dieta personal.</p>



<p>No se trata de perder peso o engordar, sino de crear salud comenzando con la sabiduría propia; lejos de una influencia cultural que nos pone de rodillas cuando no somos “cómo deberíamos ser”. Miremos nuestra humanidad desde la confianza, disfrutando de cualquier alimento y, a mi criterio, lo más importante: comprendiendo lo que necesitamos, que incluye honrar el apetito.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Comer de forma consciente permitirá descubrir anhelos que están ocultos: un abrazo, otro trabajo, una pareja, etc.</h3>



<p>Comer es activar esa sabiduría interior porque da paso a la posibilidad de reconocerme y aceptarme sin cuestionamientos. Soy suficiente y mis deseos son válidos. Dejar atrás esas ideas que nos limitan: las mujeres comen poquito; la delgadez es sinónimo de belleza; no he hecho méritos para zamparme algo “rico”; lista para la “operación bikini”. ¿Por qué me debo privar del placer lícito de echar un bocado? Así como leen: goce legítimo.</p>



<p>Es absurdo sentirnos mal porque disfrutamos de un platillo, utilicemos la imaginación para que nuestras comidas sean variadas y sabrosas. No, no estoy diciendo que mi vida está llena de pizza y pan de ajo; digo que el respeto a mi cuerpo me regresa ese poder personal para mirarme con compasión y, a la vez, darle autoridad a mi voz. &nbsp;</p>



<p>Te deseo que el comer se convierta en buen humor, alegría y pensamiento.</p>



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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; ¡Gracias, profes!</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-gracias-profes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Apr 2022 00:53:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Día del Maestro]]></category>
		<category><![CDATA[Ecuador]]></category>
		<category><![CDATA[profesores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Gracias a cada profesor y profesora por su compromiso con la niñez y adolescencia, además que se han sensibilizado respecto a que enseñar va más allá del proceso cognitivo.</p>
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<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/VaneCalleR"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="161" height="242"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/VaneCalleR">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p class="has-text-align-right"><em><strong>¡Gracias, profes!</strong></em></p>



<p>A los cinco años conocí a mi primera profesora, Cumandá; junto con mis compañeritas y compañeritos le llamábamos, cariñosamente, “La Cumita”. Ella y el ratón Gumercindo, además, de enseñarme a dibujar mis primeras letras y números, posibilitaron mi entusiasmo por aprender. Esta profe tenía plena confianza en mí, me imagino que fue igual con el resto de parvulitos y parvulitas; pero, en lo que me concierne, sus certezas aportaron para que, desde entonces, abrace la vida escolar con alegría.</p>



<p>Recuerdo que, en una ocasión, “La Cumita” me pidió que prepare un poema, justamente, por el Día del maestro. Llegó el día del evento, mi acto se presentaba en último lugar; por lo que al llegar mi turno, varias autoridades se disponían a retirarse; esto me ocasionó una salida desanimada al escenario, cuando, de repente, le escucho a “La Cumita”, invitándoles a estas personas a ocupar, nuevamente, sus asientos para que no se pierdan “el mejor número del programa”. </p>



<h4 class="has-text-align-right wp-block-heading"><strong>Sí, esas son mis memorias de “La Cumita”: una maestra con inteligencia emocional. ¡Gracias, Cumita!»</strong></h4>



<p>Los expertos señalan que una inversión integral (Estado, sector privado y sociedad civil), en la primera infancia, es sustancial para que los niños y las niñas alcancen su mayor potencial y lleguen a ser adultos plenos. Frente a esto, ¿cuál fue la realidad de los profesores y profesoras del Ecuador durante la pandemia de la COVID-19?  Una investigación publicada en enero de 2021, <em>Revista Multidisciplinar Ciencia Latina</em>, mostró que las condiciones del magisterio ecuatoriano se agravaron; tanto las laborales como personales se vieron afectadas.</p>



<p>Por un lado, jornadas de trabajo interminables, sobrepasaron la carga horaria habitual; por otro, los hábitos cotidianos también se vieron comprometidos porque los salarios bajaron, debido a las medidas económicas del gobierno de turno, sumado a las inversiones monetarias de los y las docentes en equipos tecnológicos y conectividad para dictar las clases virtuales. A esta realidad se suma, la de aquellos maestros y maestras rurales que, para evitar que sus estudiantes pierdan continuidad en su aprendizaje, por falta de teléfonos, computadoras, internet, se dieron la tarea de recorrer grandes distancias para visitar a los escolares en sus hogares.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué podemos decir acerca de la salud mental? </strong></h4>



<p>1.200 educadores fueron parte de un proyecto de UNICEF que, junto con los departamentos estudiantiles de cada centro escolar, formó al profesorado en técnicas de escucha empática; así identificar si algún estudiante estaba en situación de riesgo dentro del hogar. No hay duda, que la crisis sanitaria ha humanizado, considerablemente, la labor de la enseñanza. Los y las profes están más pendientes del bienestar psicosocial del alumnado que de revisar una tarea.</p>



<p>Gracias a cada profesor y profesora por su compromiso con la niñez y adolescencia, además que se han sensibilizado respecto a que enseñar va más allá del proceso cognitivo, porque durante y después del confinamiento han señalado que la salud mental es una necesidad educativa real. Su apoyo ha sido crucial para que los niños, niñas y adolescentes gestionen cuadros de depresión, ansiedad, estrés, aislamiento, dolor.</p>



<p>El regreso a clases presenciales ha sido una esperanza para el país, debido a que, según cifras del Ministerio de Educación, más de 90.000 estudiantes abandonaron escuelas y colegios, producto de la crisis sanitaria. Frente a esto, el plan de retorno tiene que superar varios retos, uno de ellos, la deficiencia de 4.000 docentes. Por lo tanto, hay mucho por hacer, ya que el cuadro doloroso que enfrenta el sistema educativo ecuatoriano no se solventará solo con la apertura física de las instituciones educativas. &nbsp;</p>



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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; Las emociones también son violentas: vergüenza y culpa</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-las-emociones-tambien-son-violentas-verguenza-y-culpa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Apr 2022 16:32:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[culpa]]></category>
		<category><![CDATA[vergüenza]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La vergüenza y la culpa son emociones culturales (propias de cada época) que se fundamentan en la creencia de que existe una sola forma de ser y hacer; es decir, se rechazan los deseos y preferencias individuales que no se ajusten a las normas. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/VaneCalleR"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="134" height="204"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/VaneCalleR">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p>La vergüenza y la culpa son emociones culturales (propias de cada época) que se fundamentan en la creencia de que existe una sola forma de ser y hacer; es decir, se rechazan los deseos y preferencias individuales que no se ajusten a las normas. Así que, el comportamiento humano, para alejarse de estas ponzoñas, debe adecuarse a las verdades superiores (conductas permitidas). ¿Por qué son patriarcales? Porque todas las personas hemos tenido estos sentimientos, pero la intensidad y frecuencia con la que se viven es una cuestión de género.</p>



<p>El aprendizaje social diferenciado entre hombres y mujeres, según Marcela Lagarde, <strong><em>construye lo femenino para que sea para y a través de los otros</em></strong>; en cuanto a ellos, <strong><em>la masculinidad vive para sí mismo</em></strong>. En esta existencia, para el otro, si cruzamos la línea, recibimos un fuerte choque eléctrico, sea externo o de nosotras mismas; ya que tener deseos o necesidades propias es considerado “egoísta”; en cambio, los varones sí tienen derecho a ser la prioridad en sus vidas.</p>



<p>En la antigüedad se castigaba mediante la vergüenza pública: las “brujas” quemadas, las “adúlteras” lapidadas; pero, la historia de la violencia contra las mujeres continúa, ahora, a través de la culpa: porque quieres tener bebés, porque no tienes un cuerpo “saludable”, porque te dejaste grabar en momentos íntimos, porque no te haces cargo de papá y mamá, porque regresas al trabajo y dejas el periodo de lactancia; en fin, porque somos mujeres.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong><em>Dar cara a estas emociones requiere replantearnos nuestro lugar en el mundo como mujeres, recuperar la lealtad a nuestro ser y hacer</em></strong>. </h3>



<p>Expertos aseguran que no debemos huir de la vergüenza y la culpa; todo lo contrario, hay que afrontarlos para cuestionarlos. Tener consciencia de dónde proviene nos pone en una situación de menor vulnerabilidad y permite que cuidemos mejor de nosotras mismas. Sin duda, este “legado” patriarcal incide en cómo te ves, cómo te vistes, qué comes, con quién te relacionas, qué permites; en definitiva, va configurando una existencia más humana o castrante.</p>



<p>Es preciso reflexionar que, si bien se trata de una violencia que ejercemos sobre nosotras mismas, en mayor o menor medida, por no alcanzar el ideal de mujer; la situación es igual o peor cuando caemos en manos de personas que juegan con la culpa y la vergüenza que sentimos para conseguir cualquiera de sus propósitos. Entonces, la provocadora fue de ella por viajar sola, por usar ropa “inapropiada”, por confiar con sus amigos hombres, por no avisar que su esposo la golpeaba, por no denunciar que de niña su padre la violaba.</p>



<p>La violencia de género se sirve de estos dispositivos emocionales para controlarnos, haciéndonos pensar que las normas no son las equivocadas, nosotras somos las “malas, putas, desobedientes” que no nos ajustamos a ellas. ¿Por qué no denunciamos a los agresores? Porque la culpa y la vergüenza son factores que indicen en nuestras decisiones, al no poder responder a los mandatos de sumisión, creemos que provocamos estas agresiones, además hay que sumarle los mensajes transmitidos por terceros: “ten paciencia”, “la vida en pareja no es color de rosa”, “tapa lo malo con lo bueno”, “solo es mal genio” y qué decir de las instituciones judiciales que nos miran con sospecha, pidiéndonos pruebas para creernos. ¿Hasta cuándo las mujeres continuaremos siendo las víctimas culpables?</p>



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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; Terrorismo corporal</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-terrorismo-corporal/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Mar 2022 23:24:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[cuerpo]]></category>
		<category><![CDATA[editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Me replicarán que hoy se ve diversidad corporal y no solo las rubias ojiazul son consideradas bellas; sí y no.</p>
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<p class="has-text-align-right"><em><strong>Terrorismo corporal</strong></em></p>



<p>Abrí los ojos y eran las 4:00 de la madrugada, no pude dormir, pensando en cómo iba a correr 5 kilómetros. Lío al que me había comprometido un mes atrás. Finalmente, llegó la hora, la sensación de miedo a caerme, no poder; en fin, la posibilidad de “hacer el ridículo”, me tuvo la noche en vela. Por si fuera poco, mi hermana, el día anterior, sugirió dejarlo todo listo para evitarnos inconvenientes que nos retrasen llegar al sitio de la competencia. Es más, puso a mi disposición todos sus accesorios deportivos para evitarse posibles cancelaciones de mi parte.</p>



<p>Desde que me acuerdo he evitado correr y las veces que lo hice fue a regañadientes en los patios escolares, además, con amenazas de unos ceros tan redondos que bajarían mi promedio de “excelentes calificaciones”. No es una exageración, en bastantes oportunidades mi madre tuvo que justificar (mentir) mis pocas ganas de ejercitarme. Era una especie de soborno implícito que hicimos: su complicidad silente a cambio de mis méritos académicos. Así pasaron doce años de mi vida.</p>



<p>En varias ocasiones, mis parientes cercanos, que conocían este “secreto”, lo utilizaron para burlarse de mí. Lo que no sabían es lo que se escondía detrás de mi negativa al ejercicio. En mi época, la práctica deportiva se hacía con shorts, lo que implicó que mis compañeras me perciban de forma diferente: dos piernas de ellas, era una pierna mía. Probablemente, es una exageración, pero cuando uno empieza reconocer su cuerpo y solo se muestran ciertas corporalidades como las correctas, las demás existencias se vuelven anómalas, deformes, inferiores.</p>



<p>Ver que en nombre del humor (del que todas, todos y todes hemos sido víctimas) se puede decir lo que se te antoja, también es violencia. Lo que ocurrió con Jada Smith evidencia la normalización de la broma que lastima. No, no es una invitación a las caras largas; todo lo contrario, busco las risas y creo en la alegría; sin embargo, cuando las chuscadas tienen como objetivo denigrar a alguien más, no resulta gracioso. ¿Entonces por qué nos divertimos con chistes sexistas, xenofóbicos, racistas?</p>



<p>Somos una sociedad que margina lo diferente a la “normalidad”. ¿Qué es la normalidad? Es un concepto que se construye socialmente y da cuenta de los valores estéticos, morales, políticos, económicos de determinado periodo en el que vivimos. En cuanto al humor, lo que para un tiempo puede ser jocoso para otro no. En relación con los cuerpos feminizados, se tiene que ser esbelta, alta, piel blanca, ojos claros, abundante cabellera rubia, joven. Me replicarán que hoy se ve diversidad corporal y no solo las rubias ojiazul son consideradas bellas; sí y no. Por un lado, ahora es común encontrarse con latinas encabezando la lista de las más deseadas; no obstante, el ideal de belleza caucásico persiste en el imaginario colectivo. ¿A poco por qué creen que llevamos maquillaje, nos pintamos el cabello, hacemos dieta? Estas prácticas pueden ser todo, menos pluralidad y amor propio.</p>



<p>Hilvanemos las ideas expuestas, son varias las estrategias que se han utilizado para sobajar a las mujeres y el humor malvado es una de ellas; en la gala del Óscar, el mundo enteró se dio cuenta de que están muy vigentes estas opiniones absurdas y retrógradas de que existe una sola forma para los cuerpos; por ello, para el comediante resultaba oportuno mofarse de una mujer, que por las razones que fueran, optó por no tener una frondosa cabellera. Está en nuestras manos erradicar esta violencia, cuestionemos los “chistes” que emplean las diferencias corporales como argumento de la “diversión”; recuerde que, si no nos reímos todas, todos y todes; hay agresión.</p>



<p class="has-text-align-right"><em><strong><a href="https://radiolacalle.com/category/opinion/nanda-ziur/">Te invitamos a leer más artículos de Nanda Ziur en el este enlace.</a></strong></em></p>
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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; La autonomía del cuerpo</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-la-autonomia-del-cuerpo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Mar 2022 23:18:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[cuerpo]]></category>
		<category><![CDATA[cuerpos]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
		<category><![CDATA[Mujeres]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La mujer sigue siendo un territorio masculino, avalado por el discurso médico, mismo que permite justificar situaciones socio-políticas.</p>
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<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="121" height="186"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p class="has-text-align-right"><strong><em>La autonomía del cuerpo</em></strong></p>



<p>En varias ocasiones he insistido acerca de cómo la industria de la belleza controla nuestras vidas, a través de nuestros cuerpos; pero no es el único modelo de imposición de poder, el sistema sanitario también nos dice a las mujeres qué debemos hacer con el cuerpo. ¿Qué tiene que ver la ciencia médica con el tema de la opresión?, ¿no será que estoy exagerando un poquito medio bastante? </p>



<p>No, las disciplinas científicas no son objetivas e impolutas como se lo piensa; son saberes que están cargados de conceptualizaciones ideológicas, conjunto de ideas relevantes para el grupo social, que explican la realidad (momento histórico) en la que se vive, mediante la transmisión de valores que se buscan conservar.</p>



<p>En breve, lo que quiero decir es que el conocimiento que se genera para que sea válido debe sostener un sistema social, que en nuestro caso es capitalista, patriarcal y con una supremacía blanca (racista). Daysi J. Camacaro, <em>Cuerpo de mujer: territorio delimitado por el discurso médico</em>, explica que la ciencia médica moderna hereda de la medicina greco-romana un enfoque biológico despectivo del cuerpo de la mujer por ser diferente a la anatomía del hombre. Además, agrega que, como la construcción de este saber ha estado, mayormente, en manos de los hombres, se ha perpetuado esta mirada masculina.</p>



<p>La investigación de Camacaro pone en perspectiva que la medicina se ha interesado en el cuerpo de la mujer y ha impuesto sus representaciones absurdas, que para cada época eran verdad y daban un significado al cuerpo feminizado. Tratados que describían a la menstruación como sucia o patológica; otra anomalía fueron los senos, lugar que concentraba la sangre que no podía fluir y se relacionaba con la locura; el útero y su vinculación con la histeria.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Al día de hoy esta visión persiste. La mujer sigue siendo un territorio masculino, avalado por el discurso médico, mismo que permite justificar situaciones socio-políticas.</h4>



<p>“Ellos conocen y entienden nuestro cuerpo más que nosotras”. Por eso, el primer mandatario, Guillermo Lasso, parafraseándolo, aseguró que las mujeres, “porque todas somos iguales y tenemos las mismas condiciones sociales, educativas, económicas, culturales, etc.”, transcurrido el acto sexual, a los cinco días podemos saber si estamos embarazadas o no. Este es el “argumento” que rebate el plazo de 18 semanas como excesivo para que una mujer-niña violada de la ruralidad pueda abortar.</p>



<p>Las mujeres, para la perspectiva médica, existimos desde el síntoma, dejando de lado otras dimensiones que nos atraviesan como personas: emociones, psiquis, economía, educación, clase, etnia, edad, etc.  Por ello se comprende que cuando somos víctimas de una violación, la atención se centra en el hecho concreto y no en el sufrimiento-trauma posterior que esto nos puede ocasionar. ¿Cómo es posible que una mujer violada deba presentar una declaración juramentada que acredite la agresión sexual?</p>



<p>¿Por qué es urgente que las mujeres decidamos sobre nuestros cuerpos? El ejercicio del ser se efectúa mediante la corporalidad; el poder sobre nuestros cuerpos es directamente proporcional al poder que tenemos en otros ámbitos de nuestras vidas. Sin embargo, cuando el control del cuerpo descansa en el exterior, no existe autonomía y se materializa en matrimonios con menores de edad, violaciones, mutilaciones genitales, embarazos no deseados, etc.</p>



<p>Exigimos una administración gubernamental que comprenda que la violencia de género es estructural y la combata con políticas públicas multicausales, más no criminalizando a las mujeres víctimas de un sistema que nos percibe como objetos.</p>



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		<title>Una de Cal y Otra de Arena &#124; Mi perrito zurcido</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-mi-perrito-zurcido/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Mar 2022 15:26:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Animales]]></category>
		<category><![CDATA[derecho animal]]></category>
		<category><![CDATA[derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Dog]]></category>
		<category><![CDATA[Ecuador]]></category>
		<category><![CDATA[mascota]]></category>
		<category><![CDATA[Perrito]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este lunes le amputaron la pata a mi perro de siete años, tras año y medio en la búsqueda de soluciones, tiempo en que le realizaron dos intervenciones y diferentes tratamientos en su extremidad posterior derecha; el veterinario decidió que lo mejor para la calidad de vida del Bruno era mutilar.</p>
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<p class="has-text-align-right"><strong><em>Bruno, mi perrito zurcido.</em></strong></p>



<p>Este lunes le amputaron la pata a mi perro de siete años, tras año y medio en la búsqueda de soluciones, tiempo en que le realizaron dos intervenciones y diferentes tratamientos en su extremidad posterior derecha; el veterinario decidió que lo mejor para la calidad de vida del Bruno era mutilar. Ha sido un período emocional y económicamente complicado. Por un lado, observar cómo la vitalidad de mi compañero se veía comprometida, a la vez, la sensación de impotencia debido a los fracasos médicos. Por otro, los gastos se han incrementado, así como mi angustia por los costos que se deben afrontar.</p>



<p>El Bruno llegó a casa cuando yo tenía 25 años, era adulta, pero con pocos ingresos económicos; recuerdo el cuestionamiento de mi mamá: ¿estás segura de poder cuidar del animalito unos diez años? Criar un perro no es fácil, ni barato, yo no quiero saber que el animal sufre.  Mi madre no era animalista, ni nada por el estilo, solo me estaba recordando el sentido común: cualquier vida debe ser digna. Sin imaginarme que esa cabecita ojona iba a sembrar en mí recuerdos maravillosos, así como un dolor impensable, acepté la responsabilidad con entusiasmo.</p>



<h4 class="wp-block-heading">¿Y los derechos de los animales?</h4>



<p>La Constitución del Ecuador menciona dos veces la palabra animal, pero se los relaciona con la soberanía alimentaria, más no como seres merecedores de derechos. En cuanto al Distrito Metropolitano de Quito, cuenta con la Unidad de Bienestar Animal que promueve una cultura de responsabilidad con la fauna urbana. Así también, gestiona dos hospitales veterinarios gratuitos, ubicados al sur y norte de la ciudad; sin embargo, los servicios son limitados: esterilización, consulta externa y adopciones. No puedo restar valor al servicio que prestan, aunque no es suficiente.</p>



<p>En enero de este año, la Corte Constitucional reconoció que los animales son sujetos de derechos al formar parte de la naturaleza y dispuso a la Asamblea Nacional, Ministerio de Ambiente junto con la Defensoría del Pueblo adaptar un cuerpo legal que respalde dicha sentencia. El reconocimiento es un avance fundamental, debido a que nuestro país no cuenta con una ley que ampare, específicamente, a los animales. Incluso, se reformaría el art. 585 del Código Civil que, a estas alturas del partido, considera a estos seres vivientes como “objetos semovientes”.</p>



<p>Esta mirada, desde los derechos, sería otra de las semillas que impulsaría la erradicación del maltrato animal. A esto debe sumarse la creación de instituciones públicas como instancias legales, zoosanitarias y refugios que se especialicen y velen por el bienestar de estas criaturas vulnerables. Pero las soluciones no llegan hasta aquí, hay que poner en debate nuestra conducta respecto a nuestros hermanos menores. Muy poco se dice del especismo, por ejemplo; o de <em>One Health</em>, concepto que busca una salud pública integral, propiciada por una convivencia armónica entre las personas, el medio ambiente y los animales. &nbsp;</p>



<p>No se trata de necesidades no resueltas o moda, son derechos que les cumplimos o vulneramos a los animales no humanos. Te propongo ponerte en las patitas de estos seres sintientes: imagínate siendo un gallo encerrado en una caja por horas, solo por ser gallo. ¿Acaso crees que son comunes los huevos de dos yemas? Las gallinas nos son manufacturas. ¿Cuándo nos cuestionaremos, en serio, el sufrimiento animal que causamos debido a nuestra alimentación, vestuario o entretenimiento?</p>



<h5 class="has-text-align-right wp-block-heading"><strong><em><a href="https://radiolacalle.com/category/opinion/nanda-ziur/">Te invitamos a seguir leyendo los artículos de Nanda Ziur en este enlace.</a></em></strong></h5>



<p></p>
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		<title>Una de Cal y Otra de Arena &#124; A propósito del Día Internacional de la Mujer</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-a-proposito-del-dia-internacional-de-la-mujer/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Mar 2022 23:10:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Día de la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[editorial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A propósito del Día Internacional de la Mujer Este 8 de marzo, varios medios de información mostraron las cifras de los femicidios y muertes violentas de mujeres en lo que va del 2022. Primicias, por ejemplo, tituló que en enero y febrero del año en curso ha aumentado la violencia de género contra la mujer [&#8230;]</p>
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<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="126" height="192"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p class="has-text-align-right"><strong><em>A propósito del Día Internacional de la Mujer</em></strong></p>



<p>Este 8 de marzo, varios medios de información mostraron las cifras de los femicidios y muertes violentas de mujeres en lo que va del 2022. Primicias, por ejemplo, tituló que en enero y febrero del año en curso ha aumentado la violencia de género contra la mujer en un 23% en el país. El Comercio, por su parte, aseguró que cada 54 minutos una mujer es víctima mortal, sencillamente, por su condición. Presentar estadísticas nos permite advertir la gravedad de la problemática que enfrentamos como sociedad. Sin embargo, no alcanza para comprender qué pasa por la cabeza del violentador cuando usa un martillo para dar fin a la vida de su cónyuge.</p>



<p>Los acontecimientos crueles patentes, explícitos, esos que vemos en los medios de información son la punta del <em>iceberg</em>. La investigadora social María Plaza Velasco explica que la violencia genérica es un fenómeno complejo que articula una serie de violencias; pero, en esta ocasión nos centraremos en la violencia cultural; es decir, en los significados que configuran, justifican y legitiman nuestras prácticas diarias. Según los hechos, han ido en incremento las manifestaciones de violencia directa contra las mujeres; entonces nos queda por preguntarnos ¿qué sentidos nos atraviesan como sociedad y que expliquen estos actos inhumanos?</p>



<p>Plaza Velasco expone que se trata de las divisiones del orden social, fundamentadas en determinismos biológicos, cuya visión y división sexuante (femenino vs. masculino) en interrelación con factores como la raza, clase, edad, etnia, entre otros, clasifican y jerarquizan a las personas y sus prácticas. Frente a esto, el lenguaje sería un medio a través del cual es posible establecer las categorizaciones significantes en desmedro de lo “femenino”.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Para la investigadora, las palabras (lenguaje) son más que una posibilidad de comunicación; ya que también permiten la constitución del sujeto social (persona). </h4>



<p>Esto quiere decir que existimos porque hay un otro que nos nombra, por ejemplo, cuando nos dan un nombre y apellido; pero, además, vivimos en un marco de significados sociales convencionales que buscan, constantemente, subordinar a las mujeres. Para corroborar esta última aseveración me ayudaré de la caricatura de Vilmatraca, 8 de marzo de 2022, en la que compila los discursos misóginos que han sido reproducidos, sin reparo alguno, en los medios de información.  </p>



<p>Andrés Carrión pregunta a Neisi Dajomes, medallista olímpica, si sabe cocinar. En el programa digital Castigo Divino, Luis Eduardo Vivanco y Jorge Ortiz, bromean acerca de la circulación de un supuesto video porno de la política Marcela Aguiñaga. La periodista deportiva Nadia Manosalvas es acosada, en vivo y en directo, por el empresario Mario Canessa, al preguntarle: ¿cómo hace para estar tan buena? </p>



<p>Las redes sociales no se quedan atrás, el exasambleísta Diego Ordóñez, publicó, refiriéndose a su homóloga Mónica Palacios, el siguiente tuit: “Pasar del tubo a la curul y surgen argucias torpes”. La lista podría continuar, sin embargo, con lo expuesto queda claro el panorama respecto al tratamiento violento que se nos da a las mujeres.</p>



<p>Somos seres hablantes y la lengua nos pone a pensar y actuar de cierta forma, entonces ¿cómo nos afecta a las mujeres esta terminología discriminatoria que utilizan en los medios de información? En primera instancia, parece una desconexión total con los casos de femicidios y la caricatura de Vilmatraca; no obstante, la violencia tangible se sostiene y reproduce, justamente, porque existe una violencia “sutil” en el uso del lenguaje, que sirve como mecanismo para mantener estas relaciones desiguales de poder entre hombres, mujeres y grupos LGBTIQ+.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading">Para Plaza Velasco, los signos lingüísticos son un mecanismo de poder; aunque, pueden servir como desestabilizador. </h2>



<p>Plantea una mirada crítica y una constante reinterpretación del lenguaje, partiendo de la premisa de que todo lo que se despliega ante nuestros ojos son construcciones culturales que han sido dotadas de significación, por lo tanto, son reales; pero también nos negamos a reconocerlas, debido a su carácter violento. Es decir, démonos la tarea de poner en duda todos los significados sobre “ser mujer” y nuestras relaciones con los otros que violenten nuestros derechos como personas y sirvámonos de los instrumentos legales como la Ley Orgánica de Comunicación y Ley Orgánica de Prevención y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres.</p>



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		<title>Una de Cal y otra de Arena &#124; ¿El autoamor es la respuesta?</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-el-autoamor-es-la-respuesta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Mar 2022 22:38:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[belleza]]></category>
		<category><![CDATA[cuerpo]]></category>
		<category><![CDATA[cuerpos]]></category>
		<category><![CDATA[dieta]]></category>
		<category><![CDATA[editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[gordura]]></category>
		<category><![CDATA[Una de cal y otra de arena]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>os discursos sobre el autoamor nos lanzan la responsabilidad: si estás gorda haz ejercicio, deja de comer, haz algo. Y claro hacemos lo que podemos, pero la culpa nunca cesa.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="134" height="212"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p class="has-text-align-right"><strong><em>¿El autoamor es la respuesta?</em></strong></p>



<p>Hace unos meses que he venido subiendo considerablemente de peso, aunque mi situación de “gorda” no es una novedad; desde que me acuerdo he sido la “gordita” de la familia, del colegio, del grupo de amigas, amigos y amigues. Pero hay un período de mi vida que me dediqué, contra viento y marea, a bajar los famosos kilos “de más”. ¿Cuáles fueron los motivantes que tuve para esta determinación?</p>



<p>Pese a que mi encuentro con el feminismo fue años antes de decidir acerca de esta pérdida de peso, debo admitir que hasta ahora es una asignatura pendiente asimilar lo diferente que puede resultar mi cuerpo en una cultura occidental, donde la delgadez es la norma. Incluso los famosos cuerpos <em>curvy</em> se muestran sin barriga, sin papadas en el rostro, sin várices; es decir, ocultan, de cierta forma, cómo es una corporalidad grande, robusta. Me atrevería a afirmar que este movimiento que busca visibilizar otro tipo de belleza, termina por reproducir las normas hegemónicas de lo bello.</p>



<p>Debo confesar que en mi breve paso por la delgadez tampoco alcancé esa añorada sensación de tranquilidad y satisfacción conmigo misma; porque la preocupación se trasladó a mantenerme flaca. Me obligaba a dormir para evitar comer, me endeudaba innecesariamente en grandes cantidades de ropa, zapatos, maquillaje, parecía que en cualquier momento iba a engordar. Como consta en la descripción, no me sentía calmada; es más, aseguraría que mis niveles de ansiedad incrementaron.</p>



<p>¿Reamente se trata de estar flaca o gorda? Sin miedo a equivocarme para mí la respuesta no está en la aceptación y el amor propio; más luces encuentro en aquellas narrativas que nos imponen sobre cómo debe ser la imagen corporal de lo femenino. Es el caso de las mujeres de Mauritania, a quienes las obligan a alcanzar el sobrepeso, porque en este país africano, la “gordura es hermosura”.</p>



<p>Lo que varía son los cánones de belleza establecidos, en un lado del charco nos quieren flacas y en el otro, obesas; entonces, lo que permanece es esta idea de que las mujeres debemos gustar: en algún momento histórico para lograr un buen matrimonio; ahora, los anuncios de empleo no tienen reparo en pedir “buena presencia”, es requisito para la contratación. No se diga, estos discursos que miran el aspecto físico tal cual valores positivos como la disciplina, determinación, responsabilidad, fuerza de voluntad, etcétera.</p>



<p>Probablemente, ustedes argumentarán que todo depende, en este caso, de cada mujer; quien no se quiere agobiar con la belleza, que no lo haga. Frente a esto, debo exponer que las decisiones propias no resultan tan autónomas como creemos porque hay elementos políticos, sociales, económicos que condicionan nuestras actuaciones. Estos traumas, aparentemente individuales, los padecemos todas las mujeres; sin embargo, los discursos sobre el autoamor nos lanzan la responsabilidad: si estás gorda haz ejercicio, deja de comer, haz algo. Y claro hacemos lo que podemos, pero la culpa nunca cesa.</p>



<p>Desde mi perspectiva, no es suficiente subir una foto a las redes sociales mostrando las celulitis, porque si bien amplifica la diversidad corporal; mientras haya reglas que dictaminen cómo hay que verse físicamente, habrá un privilegio por alcanzar, ¿quién estará dispuesta a perdérselo?</p>



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		<title>Una de sal y otra de arena &#124; El trabajo de ser sexi</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-sal-y-otra-de-arena-el-trabajo-de-ser-sexi/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Feb 2022 22:56:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[acné]]></category>
		<category><![CDATA[belleza]]></category>
		<category><![CDATA[editorial]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[tratamiento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Desde que me acuerdo he lidiado con el acné, no en grados mayores, aunque ha sido una constante. No es que me he acostumbrado, pero con cierta resignación, he preferido “hacerme la loca” con el asunto.</p>
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<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="221" height="348"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p class="has-text-align-right"><em><strong>El trabajo de ser sexi</strong></em></p>



<p>Desde que me acuerdo he lidiado con el acné, no en grados mayores, aunque ha sido una constante. No es que me he acostumbrado, pero con cierta resignación, he preferido “hacerme la loca” con el asunto. De adolescente ya me atormenté lo suficiente como para continuar con esa postura sufridora e inútil. Hace un par de meses, mi ginecóloga me recetó unas grageas coloraditas para el control hormonal; siendo franca, no soy una paciente que pone en tela de juicio las indicaciones de los médicos; así que, con igual filosofía que con los molestos granitos, acepté tomarme las pastillas y que sea lo que dios quiera.</p>



<p>Sin esperármelo, unos días después de iniciar con la terapia hormonal, el acné desapareció. &nbsp;Inmediatamente, percibí otro imperfecto: un lunar bastante grande al final de mi ceja izquierda; y ya que andaba con tan buena racha, pedí una cita con la dermatóloga. Con mucha confianza me saqué el cubrebocas para que revise mi casi, casi perfecto cutis. Con sorpresa me entero de que el puntito regordete no era de importancia, solución: mucho protector solar. Lo que debía preocuparme era el nuevo diagnóstico: queratosis; una especie de manchitas oscuras con relieve en varios espacios del rostro. &nbsp;</p>



<p>Crioterapia es el nombre del procedimiento que me realizaron para que se borren estas pigmentaciones. Como es mi costumbre, acepté, sin reparos; pero, para mi desconcierto, aplicaron anestesia en cada peca, para luego congelarlas. Fue doloroso, al punto que salí impresionada, incluso, ahora que lo comparto con ustedes, siento un hormigueo en la panza.</p>



<p>Esta intervención ambulatoria, si bien tiene un efecto estético, se efectúa puesto que puede desencadenar en un cáncer de piel. Preferí omitir esa información, incluso, con la gente de mi confianza, solo indiqué que me iban a quitar unos cuantos lunares. Hasta ahí el cuento no pasa de lo anecdótico, lo interesante resulta, cuando varias amistades se contactan conmigo y me explican sus ansias de verme porque tienen altas expectativas con los resultados. Si a mí me funcionó, ellas también lo intentarían.</p>



<p>Pensar la belleza es un asunto que ha ocupado a las sociedades de todas las épocas con sus respectivas singularidades y el Siglo XXI no es la excepción. Lo que hay que considerar es que estos mandatos estéticos no están desconectados de las estructuras económicas, políticas y sociales; al contrario, los modos de producción también producen nuestros gustos, emociones y deseos. ¿Esto qué significa?</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Quiero decir que esta idea contemporánea de alcanzar la perfección física, cueste lo que me cueste, da cuenta del proceso histórico en el que estamos viviendo.</strong></h4>



<p>No es suficiente con estar delgada, hay que ser esculpido por el gimnasio; tampoco alcanza con cuidar la piel del acné porque aparecen las líneas de expresión, el bótox se ha hecho popular y accesible; no solo quiero tener los dientes blancos, ahora se habla del diseño de sonrisa; y se podría continuar con la lista, en nuestra era, cualquier parte del cuerpo es susceptible de mejora.</p>



<p>Asimismo, esta búsqueda del atractivo físico ya no es considerada un acto vanidoso y superficial. Ahora es cuestión de amor propio, salud, autoestima. Por eso la Internet está inundada de truquitos para que cualquier ser o persona, especialmente la mujer, alcance la hermosura. Hace no mucho, se sentía vergüenza o incluso se negaban los “retoques” a los que se sometían las “féminas”, por lo general, pertenecientes al espectáculo; hoy, cantantes como Anitta o mujeres comunes y silvestres, pero igual de expuestas a las redes sociales, cuentan con pelos y señales, acerca de las cirugías estéticas que les han permitido verse cómo ellas han querido.</p>



<p>Las sociólogas Eva Illous y Dana Kaplan, <em>El capital sexual en la modernidad tardía</em>, explican que la apariencia física es decisiva en el modelo neoliberal en el que vivimos, porque el <em>sexappeal</em> es un recurso que permite generar dinero y, además, goza de prestigio; haciendo gala de esto, principalmente, actores, actrices, cantantes e <em>influencers</em>. Aunque no se limita a los espacios glamurosos, cada vez es más frecuente que los trabajos regulares parezcan una pasarela de moda.</p>



<p>En primera instancia, parecería que este capital sexual (belleza, sexualidad) solo está relacionado con la libertad y autonomía que tenemos sobre nuestros cuerpos, sí lo es; pero lo sustancial, para las investigadoras, radica en que esta forma de ser deseables no se limita a la experiencia carnal, ya que también se traslada a los espacios laborales, dónde nos quieren sexis, debido a que dicha energía crea seguridad, creatividad; en definitiva, nos hace producir (trabajar) más.</p>



<p>Pero, qué ocurre en una época en la que reina la inestabilidad laboral. Lo único que nos queda para recuperar dicha autonomía es, justamente, el capital erótico, lo que responde a su exacerbación: estas ansias de alcanzar la perfección física. &nbsp;</p>



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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; Nada que decir sobre San Valentín</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-nada-que-decir-sobre-san-valentin/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Feb 2022 23:14:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[amistad]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[San Valentín]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Al diversificar nuestras emociones, dejamos de ser dependientes, asumiendo —sí con dolor—pero, con calma y sensatez una separación porque sabemos que las caricias afectivas no están agotadas y las rupturas no se relacionan con la valía personal.</p>
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<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="175" height="269"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p class="has-text-align-right"><strong><em>Nada que decir sobre San Valentín</em></strong>:<strong><em> «el día del amor».</em></strong></p>



<p>Yo defiendo la idea de que el amor por otras personas es algo que nos sucede —mágicamente—, va más allá de lo volitivo. Capaz y me dirán que eso es el enamoramiento, que el “verdadero amor” está vinculado con el poder de decisión de cada individuo. No quiero entrar en esa discusión, porque no creo en la categorización y jerarquización del cariño hacia los otros; entonces, estarán de acuerdo conmigo que ciertas emociones vibrantes —amor o flechazo como lo quieran etiquetar—&nbsp; que nos generan ciertos seres son inexplicables.</p>



<p>Recuerden que estoy hablando sencillamente del amor. Pero, ¿qué pasa cuando este sustantivo va acompañado de la palabra romántico? Los afectos se vuelven normativos y predecibles. Primero, se trasfigura en centralista porque el otro se vuelve la única fuente de carga emocional; dando paso a la fantasía del “tú y yo”, el resto para el quemeimportismo. Efectivamente, se trata de una construcción cultural heredada de la burguesía del siglo XIX, que se fundamenta en la exacerbación del bienestar individual.</p>



<p>¿Cuál es el inconveniente de que el querer en nuestra época sea visto como un tema personal? Cuando depositamos nuestros apegos en una sola persona, nos desprendemos abruptamente de nuestro contexto, limitando las redes colectivas de amor. Aunque no parezca, esta decisión del limitar la ternura no trae consigo beneficios mentales, ni sociales.</p>



<p>Por un lado, si bien somos gregarios, también la soledad nos es inherente; y es cuando la pareja entra a sosegar nuestros miedos y angustias. Sin embargo, es una quimera que me puedan completar porque, por sí mismos, nacemos siendo seres absolutos, son cuentos chinos esas ideas del “fundirnos en uno solo”. No llega el asunto a este tamaño, ya que hemos depositado nuestro cariño en el otro, lo queremos todo de vuelta. Semejante lío en el que nos metemos, ya que, como lo mencioné en un principio, esto del amor, puesto que sucede, termina; entonces nace el dolor y los sentimientos de insuficiencia al advertir que “no me aman”.</p>



<p>Y aunque los mimos y dulzura parecen un tema de dos, debe ser pensado en colectivo a causa de que es el que articula el cambio, debido a que se interesa por el bien común. Al diversificar nuestras emociones, dejamos de ser dependientes, asumiendo —sí con dolor—pero, con calma y sensatez una separación porque sabemos que las caricias afectivas no están agotadas y las rupturas no se relacionan con la valía personal. ¿Pero qué es esto del amor comunal? Implica involucrarse, genuinamente con la humanidad: inmigrantes, marginados, personas con discapacidad, mendigos, trabajadores sexuales, etcétera.</p>



<p>Comprender que el mundo gira un poquito más allá del propio ombligo nos libera del ideal romántico, dónde las relaciones sexo-afectivas nos rescatan de la trágica realidad. Con urgencia implícate en los proyectos de tu comunidad porque los “paraísos individuales” promueven la exclusión y obstruyen la diversidad. Debemos darnos cuenta de que amarnos permitirá ser ciudadanos responsables que cuidan de sí mismos y saben cuidar, sin dejar por fuera a nadie. </p>



<p>Coral Herrera asegura que la lucha por los derechos de las mujeres empieza en la cama y después en la calle. Por supuesto, lo romántico es machista y está a merced del sistema consumista: boda, luna de miel, alimentación, hijos, educación, vacaciones, seguros, bienes inmuebles. </p>



<p>No nos enredemos, no se discute la vida en pareja, se cuestiona la negativa a repartirnos en generosidad cuando estamos en dúo. Dicha perspectiva nos hunde en problemas emocionales, haciéndonos creer que en soledad debemos enfrentar el dolor; no es así al construir redes colectivas de afecto, porque esta mirada nos acerca a los demás; el amor alcanza para todas, todos y todes.&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>



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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; Resignificar la mediocridad</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-resignificar-la-mediocridad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Feb 2022 21:12:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Ecuador]]></category>
		<category><![CDATA[editorial]]></category>
		<category><![CDATA[felicidad]]></category>
		<category><![CDATA[mediocridad]]></category>
		<category><![CDATA[Quito]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿No quieres ser un mediocre? Es mejor que te esfuerces más. ¿Es posible alcanzar esta perfección anhelada que a cambio nos dará felicidad? No, no funciona así.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="180" height="264"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p>Desde que el mundo es mundo, me atrevería a inferir que los seres humanos nos hemos planteado, como objetivo principal, alcanzar la felicidad. Solo lo que ha cambiado, a través de los tiempos, es el método para conseguirlo.  Ya tenemos a Epicuro asegurando que el placer es el fin mismo de la vida; a los estoicos con su propuesta de renuncia de lo que no se puede tener el control; por su parte, el maquiavelismo con su máxima “el fin justifica los medios”. Así también, Schopenhauer, el filósofo pesimista, reconoce el sufrimiento como una constante en la existencia; por ello, la felicidad es momentánea y un lugar menos doloroso.</p>



<p>La modernidad para unos y la postmodernidad para otros tampoco escapa de esta búsqueda. Sin embargo, las recetas para alcanzar la felicidad no se centran en el ser, sino en el tener: pareja, recursos, educación, entretenimiento, eficiencia. De esta última es de la que quiero escribir, a partir de un incidente en mi niñez.</p>



<p>Tenía ocho años y junto con mi mejor amiga hacíamos las tareas escolares. Acto seguido, un adulto se acercó a observarnos e inmediatamente comparó los cuadernos. Recuerdo que me inquirió: ¿por qué no haces la letra igual de bonita que la de tu amiguita? Para entonces, no comprendí el hecho; pero me puse manos a la obra: cartillas con ejercicios de escritura que me llegaban, las realizaba. Debía mejorar mi caligrafía para evitar otro llamado de atención. Sin duda, la lista sería interminable si me pongo a mencionar las ocasiones en que he sido advertida sobre “mejorar”.</p>



<p>No estoy en contra del ideal de irnos afinando como personas a lo largo de nuestras vidas; yo parto de la premisa de que cualquier actividad, por “insignificante” que parezca, es una oportunidad para que nuestro ser se potencie y alcance aquello que los “<em>coaches</em> de vida” denominan “la mejor versión”. Sin embargo, en los tiempos que corren, detrás de estas ideas de “ser el número uno”, está la industria de la felicidad que, continuamente y sin ingenuidad, nos recuerda que, si no somos “extraordinarios”, pasaremos al bando de los mediocres, un lugar destinado al sufrimiento.</p>



<h4 class="wp-block-heading">¿No quieres ser un mediocre? Es mejor que te esfuerces más.</h4>



<p>¿Es posible alcanzar esta perfección anhelada que a cambio nos dará felicidad? No, no funciona así. Los seres humanos nos caracterizamos por ser falibles, debido a que las propias capacidades físicas e intelectuales son limitadas, tal como nuestras circunstancias. ¿Qué pasa con los genios o los atletas excepcionales? El periodista y sociólogo canadiense Malcolm Gladwell explica, en su libro <em>Fuera de serie</em>, que además del talento nato que se puede poseer, también se requieren de ingredientes externos: genética, clase social, sitio de nacimiento, educación, predisposición a la creatividad y más ingredientes para ubicarse en otro sitio que no sea el ordinario.</p>



<p>Indiscutiblemente, la acertada combinación de estos elementos circunstanciales ha dado como resultado a un Leonel Messi, Albert Einstein, Hipatia, Simone de Beauvoir; seguro ustedes conocerán a más personajes sobresalientes. Pero, ¿qué pasa con quienes somos comunes y silvestres? Ocurre que nos venden fórmulas mágicas acerca de la excelencia y no es una metáfora; es fácil encontrar en el mercado aplicaciones, libros, conferencias, etcétera. Estas falacias se sustentan en la trillada frase “querer es poder”, dejando de lado otros aspectos influyentes.</p>



<p>¿Por qué quieren vendernos estas ideas de la perfección? Es una estrategia que nos tiene en permanente movimiento: no “debemos” parar, hay que estar haciendo algo que nos dé “un mayor valor agregado” como profesionales, amantes, deportistas, amigos, madres, hijos, etcétera. Es una trampa de la <em>productividad</em>, palabrita que se construye mediante la comparación con los otros: ¿bajo qué parámetros podemos competir sí somos diferentes y las condiciones tampoco son iguales? De esta forma, llega la autoexigencia, disfrazada de amor propio; que, en esta oda a la producción, solo te inmoviliza frente a las inalcanzables expectativas que generamos de nosotros y de los demás.</p>



<p>Es así que no nos permiten ser mediocres, debido a que se trata de un lujo que no podemos darnos todos y todas. Con estas verdades a medias, de la responsabilidad individual, quitamos la mirada sobre otros componentes que determinarían nuestro rendimiento: educación, empleo y salud como derechos irrenunciables. ¿No ganaste la beca porque te faltó esfuerzo? No, se debería garantizar el acceso a cualquiera de los niveles de formación, independientemente, de los recursos económicos.</p>



<p>Esfuérzate, liberándote de los mandatos sociales que te prometen el primer lugar y asegurándote que es la única forma de alcanzar la felicidad. Recuerda, no siempre es posible y está bien, de todos modos, ¿quién sabe lo qué es la felicidad?</p>



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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; Reflexionando con Tik Tok</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-reflexionando-con-tik-tok/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Feb 2022 14:54:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[editorial]]></category>
		<category><![CDATA[tik tok]]></category>
		<category><![CDATA[tik tokers]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quería aterrizar con este largo cuento del Tik Tok para plantear que somos parte de un mundo que cambia y hoy a una velocidad vertiginosa. No se trata solo de pensar, sino cuestionar lo que pensamos. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="142" height="234"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p class="has-text-align-right"><strong>Reflexionando con Tik Tok</strong></p>



<p>Admito que me encanta Tik Tok y aunque todavía no tengo el valor para subir uno de esos divertidísimos y “zonzos” videos, —hay de todo—, soy una asidua “veedora” de Tik Tok. Dicho esto, la anécdota inicia con uno de estos <em>influencers fit</em>, que hablan directamente a las mujeres gordas con soluciones rápidas y sencillas para estar acordes a las pequeñísimas medidas que se requieren para llegar a “ser sexy y guapa”. Haciéndoles confidentes de mis debilidades, dónde hay recursos para bajar de peso, me quedo prendida.</p>



<p>Ojito que la historia tampoco tiene que ver con sentirme “saludable”, algunos mandatos sociales desde hace varios años que han ido “perdiendo peso” sobre mí; no sé sí los he superado, pero soy menos ingenua al respecto. Y para dejar zancado el tema del atractivo físico, modestia aparte; en esta etapa de mi vida me siento como Nathy Peluso: “una perra sorprendente, curvilínea y elocuente, magníficamente colosal, extravagante y animal”.</p>



<p>Retomando el cuento, el consejo <em>fit</em> que este muchacho explicaba se relacionaba con el movimiento corporal; aseguraba que, con 30 minutos al día de salto con soga, se perdían esos kilitos de más. Obviamente, su breve receta estaba atravesada por la superioridad moral que poseen los y las entusiastas del ejercicio. Ciertamente que tampoco soy yo; en mi caso, esa fuerza que me motiva a experimentar con cualquiera de estas fórmulas, se llama novelería. &nbsp;</p>



<p>Inmediatamente y con mucha ilusión fui a comprar la cuerda, visualizando que estos huesitos gruesos rebotaban como profesionales. Efectivamente, la mañana del siguiente día, yo era poderosa, dueña de mí misma, subí a la azotea, dónde medio vecindario podía vigilar con claridad la hazaña que me proponía a realizar. Valiente, decidida y con un <em>outfit</em> muy sexy. ¡Qué caray!, que el barrio conozca que mi “cuerpazo” va rumbo a la naturaleza de las flacas.</p>



<p>Tanta alharaca responde a que alguna vez escuché que hay que “creérsela” para conseguir los sueños. Y ahí estaba yo, dando un espectáculo al vecindario; con licra apretadita y camiseta impermeable, porque según mis fantasías, habría tanto sudor que la panza desaparecía con los primeros mil saltos. Lo que no sabía era que no solo me jugaba la salud, sino la reputación.</p>



<p>Terminada la rutina; tuve un hallazgo: el cuerpo no me dio para los mil brincos, pasaron los treinta minutos y solo alcancé seiscientos; y, no es una queja ligera, al siguiente día no podía con el dolor muscular, al punto de necesitar analgésicos. Definitivamente, no sé si me ejercité mal o estoy en pésimas condiciones físicas; pero ya sé que no puedo andar por la vida haciendo estas gracias, de buenas a primeras, sin antes evaluar las consecuencias.</p>



<p>Pero no crean que el drama se quedó en el malestar corporal; mi papá apareció con el comentario inesperado: —¿qué has estado haciendo en la terraza, hijita?, me dicen algunos vecinos que te han visto. Con el mismo cinismo de Guarderas, que asegura que el aluvión en La Gasca es “producto de la naturaleza”, respondí: —lo que siempre hago papi, ejercicio. De inmediato, la vida me mostró otro descubrimiento con la respuesta de mi progenitor: —verás hijita, harás con cuidado, vayas a estar cayéndote, resulte peor el remedio que la enfermedad.</p>



<p>Dicen que el diablo sabe por viejo y no por diablo. Consecuentemente, me encuentro con la investigación de Daniel E. Lieberman, un paleontoantropólogo de la universidad de Harvard, estudioso que asegura que el cuerpo humano nunca evolucionó para hacer ejercicio. Nuestros antepasados si bien estaban en actividad física, debido a la cacería, recolección de alimentos, agricultura, etcétera; jamás se plantearon el movimiento corporal por una cuestión de salud.</p>



<p>Solo en las sociedades modernas una de las verdades incuestionables es el deporte como un requisito <em>sine qua non</em> para estar vital, hasta se ha medicalizado: que si para el colesterol, que si para el estrés, que si para la salud mental, que si para el insomnio. &nbsp;No nos confundamos, los beneficios de la actividad física son verdad; la controversia radica en la exageración de los mismos. Para Lieberman esta idea de “me gusta ejercitarme” es una patraña porque no está en la condición humana realizar este tipo de actividad.</p>



<p>¿A qué viene lo expuesto? A invitarte a no sentir culpa por tu evitación constante al ejercicio, según este experto “el deporte no es natural”, va más allá de la voluntad; pero tampoco te dice que no muevas tu cuerpo. Como cualquier investigación, es un llamado a poner en duda las prescripciones mágicas que soluciona la existencia, en este caso, a través de la evaluación de las ventajas del movimiento y descanso.</p>



<p>No, no he perdido el hilo. Quería aterrizar con este largo cuento del Tik Tok para plantear que somos parte de un mundo que cambia y hoy a una velocidad vertiginosa. No se trata solo de pensar, sino cuestionar lo que pensamos. ¡Atrevámonos a establecer nuevas relaciones con nuestra realidad! Recuerda, las cosas pueden ser de otra manera.</p>



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		<title>Una de cal y otra de arena &#8211; Vulnerable al riesgo de amar</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-vulnerable-al-riesgo-de-amar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Jan 2022 17:11:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[amar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vivimos en una época donde reina la precariedad laboral; para agosto de 2020, segunda ola de la COVID-19 en Ecuador, más de 200 mil personas, menores de 40 años, perdieron sus empleos: el 40% tiene entre 21 y 30, el 24% entre 31 y 40.</p>
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<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="116" height="186"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p class="has-text-align-right"><strong><em>Vulnerable al riesgo de amar</em></strong></p>



<p>Cada vez es más frecuente escuchar entre mis amistades comentarios respecto al riesgo que implica involucrase al ciento por ciento en una relación sentimental. Yo también he justificado la ausencia de una pareja formal con la explicación acerca de la “inversión de recursos” emocionales, de tiempo y económicos que se requieren para establecer un vínculo amoroso.</p>



<p>Los académicos sociales aseguran que la visión consumista ha contaminado las relaciones amorosas; es decir, los noviazgos los planteamos como lazos de tipo costo-beneficio. En un primer momento, parece una estrategia inteligente, sin embargo, lo que no logramos percibir es que las personas, al igual que cualquier producto de mercado, nos volvemos descartables. En definitiva, nos autocosificamos.</p>



<p>Pero esto no ocurre de la nada, vivimos en una época donde reina la precariedad laboral; para agosto de 2020, segunda ola de la COVID-19 en Ecuador, más de 200 mil personas, menores de 40 años, perdieron sus empleos: el 40% tiene entre 21 y 30, el 24% entre 31 y 40. De modo que, si a los millennials nos va mal, a los centennials les va peor. Además, hay que sumarle que el avance tecnológico auspiciará muchos menos empleos.</p>



<p>Es evidente la afectación psicológica que tiene esta inestabilidad, ¿quién puede sentirse a salvo en el mundo de la inseguridad laboral? Frente a esto, se habla de la flexibilidad; ¿recuerdan la contratación flexible propuesta por Guillermo Lasso? Sin compromisos, derechos, ni indemnizaciones. No hay certezas para el futuro, entonces es mejor disfrutar del ahora, “el presente es lo único que tenemos”. ¿Cómo me privo de algún capricho? Yo no sé si mañana contaré con el dinero para comprarlo.</p>



<p>Esta vida precarizada, sin seguridad social u económica, nos motiva a vivir a prisa y este apuro termina por convertir en objeto de consumo lo que se nos atraviesa, incluidas las relaciones. Todo se cristaliza en un contrato del tipo “hasta que me sirva”. Lo cual es posible porque otra característica de nuestra época es que hay una “aparente disponibilidad para disfrutar del amor”.</p>



<p>Los expertos del corazón aseguran que las “experiencias amatorias” nos permitirán disfrutar más de las próximas relaciones porque cada una nos deja una “enseñanza”. Sin embargo, me surge una duda: ¿este bagaje sentimental nos convierte en más sabios acerca del amor o más hábiles para las conexiones breves?</p>



<p>Para <a href="https://www.google.com/search?client=firefox-b-d&amp;sxsrf=AOaemvJSWWOd2ALE5ZtEBQbxVM-4ZpgSsg:1643211274367&amp;q=Zygmunt+Bauman&amp;spell=1&amp;sa=X&amp;ved=2ahUKEwiVr7KC38_1AhU0TTABHVk7BBUQkeECKAB6BAgBEDY">Zygmunt Bauman</a>, filósofo polaco-británico, es imposible “aprender a amar”, ya que es algo que ocurre y surge de la nada; lo que hacemos es darle sentido al acontecimiento, dando como resultado, la ilusión de haber adquirido un nuevo saber. Además, el amor no busca lo terminado, el amor busca construir; por lo tanto, amar es un conflicto porque toda creación ignora el producto final. En definitiva, amar es correr el riesgo de “perder la inversión” sentimental, temporal y económica.</p>



<p>La ilusión se halla en imaginar que, al vivir el amor sin compromisos, no corremos ningún riesgo. La realidad es que cualquier vínculo con otro ser humano es un dolor de cabeza y existirá incertidumbre. Esta sensación de inseguridad no se mitiga con el conocimiento mutuo de que no es una relación a largo plazo. Desde la psicología, se asegura que más bien nos resta autonomía, predisponiéndonos a dos formas de actuación: sumisión o agresividad.</p>



<p>No somos cosas que pueden ser reemplazadas; esta lógica del descarte solo es un delirio de libertad. ¡Rebelémonos! Rehusémonos a tratarnos y a gestionar nuestras relaciones con estas subjetividades economicistas de beneficios y conveniencias. ¡No tenemos que “dar la talla” para ser amados!</p>



<p class="has-text-align-right"><strong><em><a href="https://radiolacalle.com/category/opinion/nanda-ziur/">Te invitamos a leer más artículos de Nanda Ziur en este enlace.</a></em></strong></p>
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		<title>Una de Cal y otra de Arena –AstraZeneca en mi cabeza</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-astrazeneca-en-mi-cabeza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Jan 2022 17:46:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Astrazeneca]]></category>
		<category><![CDATA[editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Efectos]]></category>
		<category><![CDATA[Sátira]]></category>
		<category><![CDATA[Síntomas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>AstraZeneca en mi cabeza Mis párpados se abren perezosos, en medio de la oscuridad, advierto las luces rojas del reloj, marca las tres dieciocho de la madrugada; el cerebro sabe que no es hora de despertarse y se perturba con los ríos de sudor que expulsa mi espalda, de inmediato, aparece un hormigueo de pies [&#8230;]</p>
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<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="165" height="272"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p class="has-text-align-right"><strong><em>AstraZeneca en mi cabeza</em></strong></p>



<p>Mis párpados se abren perezosos, en medio de la oscuridad, advierto las luces rojas del reloj, marca las tres dieciocho de la madrugada; el cerebro sabe que no es hora de despertarse y se perturba con los ríos de sudor que expulsa mi espalda, de inmediato, aparece un hormigueo de pies a cabeza.  Soy un tronco derribado sobre la cama, mi brazo izquierdo se ha convertido en una rama frágil e intuyo que, si no maniobro con estrategia, fácilmente, se despegará.  ¿Te imaginas esta situación? Como quiera la derecha, pero no la izquierda. Aunque siendo razonable, “ambitas dos” me resultaron bastante charlatanas.</p>



<p>Conduzco mis manos entre las cobijas y sábanas, ruego porque tengan memoria. No, no la fotográfica, sino aquella que enciende cualquier alcoba, puesto que funciona como un GPS: una caricia por aquí, otra por acá, hasta dar con el punto exacto. Pero en esta ocasión, es otro tipo de necesidad biológica, cual buzos en un océano de telas, deben localizar mi celular. Sin duda, tú y yo sabemos que es una emergencia real. &nbsp;</p>



<p>¿Será posible concebir una vida sin celular?, ¿te imaginas afrontar los silencios incómodos en las comidas familiares?, o ¿perpetuar en tu cabecita el número de todos tus ex? Agradécele a tu <em>smartphone</em>, con un solo <em>touch</em>, los pasas a la historia. Para minar cualquier duda, otro beneficio: adiós al aburrimiento en el cuarto de baño; sí, así como lees. Acuérdate, cuando eras una niña, lo más excitante que te pasó fue descubrir que no había papel higiénico, para luego gritar cual desquiciada por unos cuantos cuadraditos doble hoja.</p>



<p>¡Sí, sí lo que te cuento es una cochinada, seguramente a ti no te ocurrió!</p>



<p>No puede estar pasando, no encuentro el aparatito; seguro, esta contingencia está relacionada con Mercurio retrógrado. Me niego a ser supersticiosa, pero cobra sentido, ¡qué definición científica, ni qué nada! Ayer, mientras esperaba el turno para recibir la vacuna contra el bicho covid, escuché una conversación ajena —por supuesto, me encanta el chisme— aseguraron que este fenómeno astronómico y astrológico traía consigo problemillas de comunicación y, por arte de magia, desaparece mi teléfono móvil; al parecer, mi celular me pide tiempo.</p>



<p>¡Ni tiempo, ni distancia, ni velocidad, te voy a recuperar!</p>



<p>Avanza de a poquito la madrugada, siento un bulto en mis pies, pero la miopía, el astigmatismo y la poca luz no ayudan a divisar qué estoy cargando, ¡solo falta que sea el diablo! Me surge una duda, ¿existirá el tal satanás y sus demonios? ¡Muy poco creativo es acostarse sobre mis extremidades!, ¿dónde queda esa aparición vigorosa entre humo, destellos con un <em>outfit</em> estrambótico? Esta mentecita juguetona me ha puesto impaciente, así que mejor esfúmate, diablillo; debo averiguar las coordenadas textiles para identificar el sitio en el que se esconde mi celular, no tengo cabeza para cuentos de terror. &nbsp;</p>



<p>Lo acepto, me juega sucio la psicotrampa de la expectativa hasta con el maligno.</p>



<p>Escucho un ruido exterior, al parecer alguien quiere abrir una de las ventanas de la casa, ¿será un ladrón? Y ahora por cuál medio les digo a los demás durmientes que estamos a punto de ser asaltados, ¿dónde está el celular? El miedo y un cuerpo magullado no son una buena fórmula, mejor me calmo y pongo en práctica lo que mi terapeuta dice a manera de disco rayado: controlar los pensamientos. No puedo objetar lo evidente, sí, es un delincuente, pero ¿qué tal si solo viene a robarme una sonrisa?, ¿qué tal si es como los asambleístas?, estoy frita, me despojará hasta de la ilusión.</p>



<p>Bruno, ¿dónde estás?, despiértate. Brunito, por favor, actúa una sola vez en tu vida como perro y sal a defendernos. Observo con detenimiento la habitación, mi rabudo no está, tampoco noto su particular olor rancio. ¿Quién se lo llevó? ¡Rayos! Fueron los extraterrestres. Soy una fiel seguidora de contenidos digitales sobre astrobiología, debía prevenirlo. Sí, es obvio, eso fue lo que me interrumpió el sueño, el número rojo del despertador, al revés, se lee “adiós” (3:18 = BIE), seguro se lo llevaron a un zoológico galáctico.</p>



<p>Mi corazón late rápidamente, tengo la sensación de estar cayendo, me atraviesa una especie de choque eléctrico, despierto asustada, escucho la alarma del celular y veo una colita regordeta moviéndose a escasa distancia de mí. Tengo treinta y ocho de temperatura, sonrío porque AstraZeneca llegó y ha hecho de las suyas.</p>



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