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	<title>Aminta Buenaño archivos &#8212; La Calle</title>
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	<title>Aminta Buenaño archivos &#8212; La Calle</title>
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		<title>Vivir con miedo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Jan 2024 18:11:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[Ecuador]]></category>
		<category><![CDATA[inseguridad]]></category>
		<category><![CDATA[Miedo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Aminta Buenaño Rugel ¿Qué es el miedo? &#160;El miedo es una emoción poderosa, intensa y desagradable. Como los antiguos dioses griegos puede ser protectora o destructora.&#160; El miedo extremo paraliza, desmorona, destruye. Parece que un rayo nos atravesara el cuerpo provocando un gran estrés. En estados intensos de miedo aumenta el ritmo cardiaco, el [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right"><strong>Por Aminta Buenaño Rugel</strong></p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué es el miedo?</strong></h3>



<p>&nbsp;El miedo es una emoción poderosa, intensa y desagradable.</p>



<p>Como los antiguos dioses griegos puede ser protectora o destructora.&nbsp; El miedo extremo paraliza, desmorona, destruye. Parece que un rayo nos atravesara el cuerpo provocando un gran estrés. En estados intensos de miedo aumenta el ritmo cardiaco, el pulso se acelera, se dilatan las pupilas, hiperventilamos, y el cortisol y la adrenalina inundan como un río de fuego el cuerpo impidiendo el razonamiento lógico. La máquina poderosa que es nuestro organismo actúa en modo automático de defensa: la huida o la lucha, porque se activa nuestro cerebro más primitivo el reptiliano, anulando el trabajo de los lóbulos prefrontales que nos permiten razonar.</p>



<p>Cuando somos presa del pánico somos una máquina de emociones y perdemos el control de nuestro raciocinio y de nuestro cuerpo; sin embargo, el miedo es una de las emociones primarias más importante diseñada por la naturaleza para ayudarnos a sobrevivir; pero cuando sale de sus límites, cuando se vive de forma crónica, puede conducirnos a la muerte.</p>



<p>Una sociedad movida por el miedo es una sociedad debilitada, frágil, incapaz de razonar.</p>



<p>En Ecuador bebemos, mejor dicho: tragamos todos los días grandes dosis de miedo.</p>



<p>Los medios de comunicación y las redes sociales nos proporcionan diariamente y en alta dosis imágenes de violencia, crímenes y sicariatos con fondo musical de suspenso o en primerísima primera plana. Es como si tomáramos&nbsp; una cucharada de arsénico todos los días y hasta agradecemos por ello . Es como si no existieran nunca noticias buenas. Solo malas. País de los hombres malos, país del crimen y la extorsión. “Es la realidad”–me contestan– y la gente quiere escucharla”. Una realidad que siempre es mala y vergonzosa. Una realidad que no hace pública y desconoce los actos buenos y bondadosos de la silente mayoría.</p>



<p>Esa realidad que nos muestran nos infunde miedo.</p>



<p>El miedo es la llave, es el control, con el miedo manipulan tus emociones, te someten y por el miedo eres capaz de soportarlo todo, de aceptarlo todo, incluyendo aquello que va contra tus propios intereses. Los gobiernos, los medios de comunicación, la sociedad, los empresarios, la banca, la industrias farmacéutica, armamentística y de la seguridad, todos sacan provecho del miedo.</p>



<p>Con el miedo te meten consultas innecesarias, te suben el IVA, te quitan beneficios colectivos, atentan contra los derechos de los trabajadores, adormecen las explosiones sociales, todo en nombre de la lucha contra la violencia para erradicar el crimen. Pero este es un negocio sumamente rentable.</p>



<p>Por esto muchos ecuatorianos desesperados, acorralados por el miedo, sintiéndose víctimas de un estado cada vez más inexistente, que no protege la vida de sus ciudadanos,&nbsp; que los deja en la indefensión absoluta ante la delincuencia, proclaman y hasta exigen la ley del Talión, del ojo por ojo y diente por diente, surgida del primitivo texto legal escrito por la humanidad, el código de Hammurabi de Babilonia (1750 a.C.), y cierran filas en contra de los organismos de derechos humanos que reconocen los derechos inalienables de todos, incluyendo los de los que han delinquido.</p>



<p>Desde que se radicalizó la violencia en Ecuador, la gente no sale por las noches, se enjaula en sus casas como aves aterradas, los barrios se cierran y los emprendimientos nocturnos disminuyen ostensiblemente. Porque el miedo crea más miedo hasta tornarse un círculo vicioso imparable. Levantarse, ir al trabajo, puede ser muy peligroso. Subirse a un bus. Caminar a pleno día con la cartera al brazo o el celular en la mano es un llamado a los ladrones. No hay emprendimiento ni chico ni grande. La violencia nos tiene acorralados. Una señora amiga mía, muy pobre, que tenía un pequeño negocio de tortillas y piqueos manabita en el mercado central del Guasmo, fue asaltada por unos jóvenes que le exigieron una vacuna más allá de sus posibilidades. Tuvo que abandonar su emprendimiento, ahora es doméstica.</p>



<p>La inseguridad genera miedo. Terror. No hay emprendimiento porque los extorsionadores y vacunadores obligan a cerrar todo negocio, so pena de caer en sus manos.</p>



<p>Nadie quiere emprender. Los inversores externos tan valorados por los presidentes neoliberales se niegan a venir y con toda razón. Los jóvenes ecuatorianos emigran buscando un nuevo destino a otros países. &nbsp;En los gobiernos de Moreno y Lasso el país quedó en manos de la delincuencia organizada a vista y paciencia de autoridades que no hicieron nada porque dentro del gobierno y en las mismas filas de la policía habían sido infiltrados.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Vivir en un país violento</strong></h3>



<p>Nunca pensé vivir en un país violento. Un país acechado por la crisis, las bandas delincuenciales, el crimen organizado y la mafia internacional. Cada vez que leía sobre los carteles de México, sobre la violencia en la vecina Colombia se me despelucaba el cuerpo y sentía una atracción mórbida por lo desconocido, por investigar los tamaños de la maldad que podía alcanzar un país infectado por el narcotráfico y la violencia. Por contemplar paisajes de terror como si estuviera viendo filmes en donde el miedo era el principal protagonista. Una rara sensación de rechazo y atracción. Es lo que provocan las películas de terror. Es lo que me hizo ver la serie El patrón del mal y leer biografías de los violentos mafiosos que mantienen en vilo a un país, con la complicidad de los poderes públicos, de policías y autoridades faltos de honestidad y ávidos por el dinero fácil, manchado en sangre y dolor. Escarbar en sus mentes insanas para tratar de comprender lo incomprensible.</p>



<p>Ecuador hasta hace pocos años, un poco más de un lustro, era considerado una isla de paz, entre dos grandes productores de droga, Colombia y Perú. De Ecuador se hablaba para bien, era visto como un ejemplo de desarrollo. A Ecuador llegaban grandes profesores de otros países para enseñar en nuestras universidades. Este país chiquito como un puño de pronto se convirtió por arte de birlibirloque en la puerta, cocina y el pasillo de la droga. Una moneda fuerte como el dólar y la debilidad de las instituciones estatales atacadas por gobiernos neoliberales que proclamaban a grandes voces que había que “achicar el estado obeso” significó que se rebajara&nbsp; a la mitad el presupuesto asignado a las cárceles, que se echaran a cientos de guías penitenciarios que controlaban a los presos, que la policía, sin chalecos antibalas, mendigara recursos y viviera casi de la caridad pública; que se eliminaran ministerios tan importantes como el de Justicia encargado del sistema de rehabilitación social, el ministerio del interior y los servicios de inteligencia; que los hospitales carecieran de medicinas y presupuesto y que se abandonara a las escuelas y toda obra civil que contribuyera al bienestar social. Los gobiernos neoliberales de Moreno y Lasso no hicieron ninguna obra pública, como dicen en las calles: “no pusieron ni un poste”; y sin embargo, ahogaron con impuestos, alza de combustibles y empréstitos internacionales al ciudadano común, ya golpeados por la pobreza y el desempleo en el post covid. Creció sustancialmente la pobreza. Sonaron escándalos públicos como Ina Papers, la corrupción en los hospitales públicos en la pandemia, la denuncia de la Embajada de Estados Unidos de que en la policía ecuatoriana había narco generales, el caso Pandora Papers, León de Troya, caso Danubio y un largo etcétera, que la prensa y una fiscalía politizada, acalló. Estos presidentes pasaron como pasan las cosas, sin sentido ni significado, dejando un país debilitado sumido en la pobreza y entregado al crimen internacional. Ninguna obra de trascendencia los trascendió.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Nostalgias de un país</strong></h3>



<p>Los ecuatorianos tenemos nostalgias de un país que nos han robado. Solo se tiene nostalgia, cuando se ha perdido algo muy valioso. El país maravilloso de los cuatro mundos. Un país donde convivían en paz &nbsp;gente amable, buena y hospitalaria. Un país lleno de pájaros y animales; poseedor de más de 640 kilómetros de playas doradas, llenas de hermosas olas y temperatura cálida, a donde acuden cada verano las ballenas azules de los mares del sur para hacer el amor y aparearse; de una Amazonía con la más grande diversidad de las especies; de maravillas como las islas Galápagos en las que Darwin se inspiró para escribir la teoría que cambiaría el mundo: El origen de las especies. Pero ahora solo se habla del Ecuador como corazón del crimen y el asesinato.</p>



<p>Sin embargo, duele recordarlo, hasta hace pocos años nuestro país no se desangraba como hoy lo está haciendo. No se sumergía en los ríos de sangre que hoy nos ahogan. Hasta hace muy poco podía caminar por mi barrio y subir y bajar las colinas en un ejercicio que me reanimaba espiritualmente y compartir un buenos días o un buenas tardes con otros que, igual que yo, salían a beber las brisas del atardecer y a contemplar la danza verde de los árboles en los parques y ver niños correteando con sus perros. Esos sencillos actos cotidianos podían realizarse sin más temor que lo que ocasiona la prudencia y el buen juicio. Hoy vivimos enrejados como pájaros en una jaula. De la pandemia del covid pasamos a otra pandemia aún mayor que parece no acabar nunca, la de la inseguridad y el miedo. Trastornados por altas dosis de una ansiedad que es imparable, como lo es la migración para los más audaces y pobres que en su desesperación se atreven a cruzar el peligroso infierno verde del Darién.</p>



<p>Con una policía infiltrada hasta el tuétano, con jueces y poderes públicos puestos a la disposición del crimen organizado, con funcionarios honestos de la justicia asesinados por la mafia, estamos despojados de uno de nuestros más elementales derechos ciudadanos a una vida en paz, sin miedo, libre de violencia y de maltrato, rodeados de un hábitat seguro y saludable. Ramón Llull escribió que la felicidad es la ausencia de miedo.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>A los ecuatorianos se nos está negando el derecho a ser felices</strong>.</h3>



<p>Porque,&nbsp; para qué sirven los parques y las calles sino se los puede disfrutar? Qué representa una ciudad en la que los ciudadanos no se sienten seguros y libres. Que temen a cada instante por su vida. ¿Cuánto vale una vida, si un sicario en un segundo te la quita? ¿Para qué sirve la justicia si no es justa? ¿Para qué sirven las leyes si no se las aplica o cuando se las aplica todo lo resuelve el poderoso caballero don Dinero? ¿Para qué tenemos jueces si la moneda diaria es la corrupción que ya a nadie sorprende? Es que somos tan malos o tan ignorantes o tan ingenuos que nos han paralizado y no podemos protestar. ¿Es que el miedo se ha apoderado de nosotros hasta convertirnos en meros espectadores de nuestras propias desgracias?</p>



<p>Sin embargo no siempre fue así. Y si hace pocos años fuimos el segundo de los países más seguros de Latinoamérica, ahora nos peleamos por los primeros puestos en la lista mundial de los más violentos.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Síndrome de la indefensión aprendida</strong></h3>



<p>Quizás con el miedo opere también el síndrome de la indefensión aprendida. La idea de que hagas lo que hagas todo saldrá mal. La indefensión aprendida lleva a conductas pasivas de abandono e inacción caracterizadas por ideas de impotencia y desesperanza frente a un conflicto que subjetivamente se cree no poder superar. Hemos sido tan abandonados y maltratados por el estado que nos sentimos vulnerables y sin protección alguna. Desanimados, indefensos. Estas ideas no del todo injustificadas pueden venir de actos repudiables de nuestros gobernantes. Porque este es un país en donde se castiga y se persigue a los honestos, a los que cumplen las leyes, a los que pagan puntualmente los impuestos. Y se alienta y se refuerza la conducta tramposa de algunos grandes acreedores que no pagan sus tributos, a los que se premia condonándoles sus deudas.&nbsp; Mi madre decía: “El vivo vive del bobo y el bobo de su trabajo”.</p>



<p>Este es el país de los hombres callados, de las víctimas que votan por sus victimarios, de los ignorantes que ignoran que una mentira repetida mil veces y magnificada por micrófonos, nunca puede convertirse en verdad. Que tienen pereza por pensar y por actuar con voz propia y solo repiten lo que escuchan en la tele. Quizás, como dicen algunos, nos merecemos nuestras desgracias. Quizás hemos contemplado impávidos cómo torcían la verdad, nos arruinaban la vida, el derecho a respirar y a amar en libertad y consciencia y no hicimos nada.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>País de grandes desigualdades</strong></h3>



<p>Quizás lo triste es contemplar que es un país no solo de grandes desigualdades, sino de grandes insolidaridades. En donde algunos viven en burbujas doradas a espaldas de la realidad de pobreza y exclusión de la mayoría. Un país en que algunos creen que solo ellos tienen derecho a crecer y a prosperar, que la vida del otro no importa. Que si eres pobre no es por falta de oportunidades; sino porque te da la gana, porque eres vago. Que si eres rico, no importa el cómo ni de qué manera, te lo mereces todo. Un país de grandes incoherencias pues mientras la primera autoridad del país pide elevar con tres puntos los impuestos en una economía dolarizada y paupérrima; el grupo empresarial Noboa al que pertenece el presidente de la república debe al Estado más de 89 millones de dólares. O sea no predica con el ejemplo.</p>



<p>Un país que se llama cristiano pero niega los más elementales derechos a los más pobres.</p>



<p>Un país jodido, quizá, pero no todo está perdido.</p>



<p>El miedo nos obligó a cambiar nuestro estilo de vida. pero ha creado otro tipo de solidaridades, ha hecho que en muchos barrios y comunidades la gente se una para protegerse y defenderse, para ver de qué manera pueden ayudarse y en la interacción se han conocido gentes que antes, conviviendo decenas de años en el mismo barrio no se conocían. Se han fortalecido los vínculos. Es verdad que hay más rejas, pero también es cierto que se ha potenciado cierta cohesión social. Esto lo viví en mi propio vecindario. Han creado proyectos, hacen fondos comunes para comprar rejas, botones de alarma, cámaras, crean chat para dialogar sobre problemas comunitarios y de seguridad. Y aunque la seguridad es &nbsp;un deber del estado para sus ciudadanos, no ha quedado más remedio que apelar a la labor propia y autodefensiva de la comunidad.</p>



<p>&nbsp;Al convivir en una sociedad en riesgo&nbsp; la comunidad dialoga &nbsp;más sobre la manera de apoyarse y cuidarse. &nbsp;La manada se une con la idea del “juntos seremos más fuertes”. Y las familias elaboran un protocolo de seguridad para cuidarse entre ellos y de esa manera, como en la pandemia, conviven y se conocen más.</p>



<p>Pero aunque los ecuatorianos enfrentamos el miedo intentando normalizarlo, siguiendo aquello de que “Si del cielo te llueven limones, aprende a&nbsp; hacer limonada”, no es bueno ni saludable para los ciudadanos vivir siempre atenazados por el miedo.</p>



<p>Si tomáramos una muestra de sangre a todos los habitantes, el resultado revelaría que la mayoría de los ecuatorianos vivimos con el cortisol elevado, con una gran dosis de ansiedad e incertidumbre. Dosis que en los más pobres los impele a arriesgar su vida para emigrar.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Situación actual</strong></h3>



<p>Frente a la arremetida del crimen organizado en Ecuador el presidente Daniel Noboa ha decretado guerra a la delincuencia al declarar la existencia de un Conflicto armado interno en el país&nbsp; y ha identificado a las 22 bandas de narcotraficantes como grupos terroristas, asignando a las Fuerzas armadas la tarea de perseguirlas y neutralizarlas. Se decretó un estado de emergencia de 60 días que se está cumpliendo. Este es un esfuerzo en que todos los grupos políticos y sociales se han unido en el afán de erradicar el mal desde adentro.</p>



<p>Estamos conscientes de que la situación actual obedece a causas multifactoriales que no se puede resolver de la noche a la mañana.</p>



<p>La reducción de la inseguridad en Ecuador no se logrará solo con dar palos a la delincuencia y gozar en redes con la ley del talión al ver como agreden a quienes nos han agredido. La reducción de la inseguridad tiene raíces más hondas y más complejas que se tienen que tratar a corto y largo plazo como: crear oportunidades de empleo, invertir en lo social, reducir las tremendas desigualdades sociales, apostar por la educación y la formación laboral para la mayoría pauperizada, luchar contra la corrupción y fortalecer los sistemas de seguridad y justicia. Todo esto requiere una solución integral que va más allá de las respuestas militares coyunturales y punitivas, que aborde los orígenes estructurales.</p>



<p>Los ecuatorianos nos podemos seguir viviendo acojonados por el miedo, con el corazón en un puño, los pelos en punta y el cortisol elevado. Con el miedo somos débiles, nos manejan. Debemos buscar una respuesta en nuestras autoridades, exigir que cumplan con sus funciones y apoyarlos cuando lo hagan, castigarlos en las urnas si no cumplen y protegernos mientras tanto con organización comunitaria, protocolos de seguridad, cohesión social y solidaridad grupal.</p>



<p>Estamos hartos de tener miedo. Ya no podemos más y solo tenemos un arma para cambiar nuestra situación: el voto consciente y la organización social.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Mujeres del Ecuador: Historia y política (Primera parte)</title>
		<link>https://lacalle.media/mujeres-del-ecuador-historia-y-politica-primera-parte/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Jul 2023 03:39:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
		<category><![CDATA[Mujeres]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hablar de mujeres, palabra y política es hablar de un oscuro silencio de siglos apenas iluminado por unas pocas estrellas solitarias. Es hablar de la dominación de un lenguaje que nunca es neutro, de un lenguaje cómplice y culpable. Es hablar de espacios de poder históricamente negados a la mitad de la humanidad y de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2020/11/Aminta-Buenano.jpeg" alt="Aminta Buenaño" class="wp-image-24166" width="116" height="193"/><figcaption class="wp-element-caption"><a href="https://radiolacalle.com/?s=aminta+buena%C3%B1o">Aminta Buenaño</a></figcaption></figure></div>


<p>Hablar de mujeres, palabra y política es hablar de un oscuro silencio de siglos apenas iluminado por unas pocas estrellas solitarias. Es hablar de la dominación de un lenguaje que nunca es neutro, de un lenguaje cómplice y culpable. Es hablar de espacios de poder históricamente negados a la mitad de la humanidad y de una lucha contracorriente por hacerse ver, escuchar, sentir, por incidir en el espacio público. Es declararse en rebeldía contra la cultura, la religión, la tradición, el lenguaje portador de significados. Es cuestionar y arrancar la piel de las mismas ideas liberales y hasta de la izquierda que ha subordinado posiciones, que construye democracias y revoluciones, pero no siempre subvierte los espacios de dominación doméstica en donde la explotación y la violencia aún dejan ver sus garras dominantes.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Tomarse la palabra es una manera de subvertir ese orden.</h3>



<p>Creo que la palabra, el uso de la palabra como instrumento para contar y contarse es un afilado cuchillo transgresor, violador del establishment, generador de rupturas, visibilizador de dolorosos ocultamientos y origen de dudas, y por tanto de sabiduría.</p>



<p>Un infierno de prejuicios</p>



<p>Las mujeres a lo largo de la historia de fuente del mal y del pecado, de meras receptoras de la simiente del hombre, de brujas, prostitutas, celestinas, de hombres imperfectos según la lógica aristotélica, de hombres con envidia del pene como sostenía Freud, hemos devenido en voces plurales y multiétnicas. Voces que desde su sojuzgamiento, que desde el poder del agua que cuando se ve contenida socava su propio dique cuentan y no terminan nunca de contarse, como la Sherezade de Las mil y una noches; porque cuando Dios creo el mundo lo hizo con palabra de varón y sacó a la mujer de la costilla del hombre y la culpó de comer del fruto prohibido, condenándola a parir con dolor y a multiplicarse, y ahora nosotras tenemos que volver a crear el mundo como ejercicio diario desde nuestra propia palabra, desde nuestra propia historia, desde nuestras propias vacilaciones y dudas, desde nuestro dolor que se puede trasmutar en jolgorio; reinventarnos desde el ámbito íntimo y subjetivo en que fuimos reducidas por voluntad de Dios y por la ley del hombre.</p>



<p>Aprendimos por mucho tiempo a comer del fruto prohibido de la sabiduría, del árbol del bien y del mal, a escondidas y sin que se note, diciendo sin decir, aceptando que “nos den diciendo”, usando la estrategia del débil como lo hacía Sor Juana Inés de la Cruz; siempre culpables, siempre trasgresoras. Como esposas de…, hermanas de…, hijas de…, amantes de… o reducidas a los conventos para huir de la tutoría patriarcal a través del silencio de la oración, para poder disfrutar y ejercer nuestro intelecto como lo hicieron Sor Juana o Teresa de Ávila.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La independencia política</h3>



<p>Hace más de 200 años, la independencia en Latinoamérica, en Ecuador no fue independencia de nada ni de nadie. Ergo: no significó gran cosa en el cambio de estatus de la mujer, ni de los grupos marginados.</p>



<p>En esa época dorada de héroes y de próceres, de charreteras y combates entre los Andes y los llanos, de jinetes y sables, de discursos libertadores e ilustrados a la luz de la vela en el Quito conventual y franciscano, de la imposición de la bota militar ora realista ora criolla; esa época de conspiraciones, rezos, murmullos y asonadas, no tuvo para la historia oficial su contraparte femenina; un espeso velo cubre la participación de ellas.</p>



<p>Ahora la paleografía de mujeres está desenterrando los viejos fósiles de las ideas femeninas que siempre estuvieron en la estructura ósea de las revoluciones, que siempre alimentaron las batallas, que dieron vituallas y fueron germen de las conspiraciones, que siempre agitaron con sus voces las aguas conceptuales de la revolución y de las que bebieron sin pudor nuestros próceres y padres de la patria sin apenas reconocer que mucho de lo que hablaban era producto de los ecos de aquellas voces apresadas en el rigor de la cocina y de la casa. De aquel coro que como guarichas, enfermeras, soldadas, espías, conspiradoras, ideólogas, heroínas, mecenas, anfitrionas de tertulias, hijas, amantes, esposas y madres acompañó todo el proceso revolucionario.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Las adelantadas</h3>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://firmas.prensa-latina.cu/wp-content/uploads/2023/07/Manuela-Espejo.jpg" alt="Manuela Espejo" class="wp-image-8252"/></figure>



<p>Para reconstruir nuestra memoria histórica basta mencionar a las adelantadas, a Manuela Espejo, recordada por la historia oficial como hermana de Eugenio de Santa Cruz y Espejo, el precursor de la independencia en el Ecuador; y esposa de José Mejía Lequerica, el gran orador de las Cortes de Cádiz, político y redactor de la constitución española de 1812 cuyo nombre es recordado en Madrid con una calle y con un busto en la Ciudad de Cádiz. Mujer cuyas ideas yacían escondidas bajo el seudónimo de Erophilia (amor a la sabiduría) en el primer periódico del Ecuador, Primicias de la Cultura de Quito que publicaba su hermano, porque no podía atreverse a firmar con nombre propio en una época misógina en que las palabras silencio y mujer eran sinónimos. Fue la primera mujer en autoafirmarse expresando y publicando su pensamiento incisivo y original en el Quito colonial del Siglo XVIII, mujer ilustrada, escritora y filósofa, respetada en su círculo intelectual por la originalidad de su pensamiento que la hacía mirar y diseccionar las cosas de una forma diferente tal como lo cuenta su historiador Carlos Paladines. Mujer oculta por el espeso manto del pensamiento tradicional y conservador del patriarcado que nunca la reconoció y que ahora a despecho la revela. ¿Cómo habrá sido mirada Manuela Espejo cuando alarmó a la sociedad de aquel tiempo desposando a un hombre al que ella le doblaba la edad? Es muy común aquello de “viejo verde”, pero “vieja verde” es menos usual… y más en aquella época en que para existir, la mujer tenía que pedir permiso. Manuela Espejo es recordada por los aportes que hizo a los precursores de la independencia, por apoyar y cuidar los trabajos e investigaciones de su esposo y su hermano más que por sus propias ideas; sin embargo los/las paleógrafos de la historia han escarbado su época y han encontrado su palabra asumida con entereza y rebeldía.</p>



<p>Manuela, defensora a ultranza de todas las libertades y de los desposeídos incluyendo los de su sexo, es hoy reconocida como la primera mujer periodista de la Real Audiencia de Quito, hoy llamado Ecuador.</p>



<p>Ella es un ejemplo de aquellas mujeres escritoras que se vieron obligadas a luchar contra sí mismas, contra su talento, escondiéndose tras seudónimos para poder sobrevivir al infierno de los prejuicios. Conocida por su gran solidaridad, hoy un programa de gobierno de apoyo a los discapacitados y un premio nacional de literatura del Municipio de Quito inmortalizan su nombre.</p>



<p>Manuela Espejo es una de las tres manuelas que reivindicamos en la historia del Ecuador, entre Manuela Sáenz y Manuela Cañizares aunque son muchas, entre ellas Manuela León la célebre capitana indígena del insurrecto Fernando Daquilema que lideró la rebelión de los indios; Manuela Garaicoa, la madre del héroe niño Abdón Calderón; y las tres rosas: Rosa Montúfar, Rosa Caicedo, Rosa Zarate, entre otras.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://firmas.prensa-latina.cu/wp-content/uploads/2023/07/Manuela-Saenz-y-Simon-Bolivar.jpg" alt="Manuela Sáenz y Simon Bolivar" class="wp-image-8253"/></figure>



<p>Manuela Sáenz, inmortalizada por la historia oficial como amante de Simón Bolívar, es una mujer de trascendencia continental más conocida por sus artes amatorias que por su calidad de política, estratega, ideóloga y heroína de la causa de la libertad. Ella luchó contra el poder realista y colonizador junto a Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, sirvió a la causa de la independencia como conspiradora y activista, incluso mucho antes de conocer a Bolívar; recorrió los campos de batalla como soldada y con su mismo brazo libertario salvó valientemente de las trampas de la muerte que tejieron sus enemigos al mismo Libertador, quien agradecido la bautizó con el título que pasaría a la historia: La libertadora del Libertador.</p>



<p>Fue nombrada por el Protector del Perú, José de San Martín, Caballeresa del Sol por sus servicios como militante de la causa patriótica, y coronela por el Mariscal Antonio José de Sucre quien sugirió a Bolívar este nombramiento por su servicio en la Batalla de Ayacucho, donde a su decir: “se batió a tiro limpio bajo el fuego enemigo”; fue admirada por pocos por su coraje, pero odiada por la sociedad de aquella época que no podía aceptar el carácter de una mujer que desafiaba todos los dogmas de la época, todas las estructuras que aún trastocan a moralistas y tragahostias.</p>



<p>Una mujer que deja voluntariamente a su acaudalado marido, por seguir la llama de la causa libertaria y del amor, es una mujer sumamente peligrosa, porque es coherente con sus ideas y sentimientos, aunque no lo sea con su clase y la sociedad; una mujer que contra todo pronóstico no se consideraba débil y no se amedrenta en desafiar públicamente a los enemigos de Bolívar, desestimando los consejos de éste (“No te pierdas ni me pierdas”, le implora Bolívar), que luchó por la integración sudamericana, que tuvo una clara conciencia americanista, comprometida con su época y el ideal de la independencia, que cuando la llamaban extranjera en Colombia proclamaba: “Mi patria es todo el continente americano. Nací bajo la línea ecuatorial”. Que repite junto a Bolívar su ardiente credo: “Nuestra patria es América”, que aboga por la unión como la única forma de ser fuertes y libres, se ha convertido en una auténtica profeta de la actual América Latina.</p>



<p>Esta mujer cuyo sino de hija ilegítima y de huérfana debe, sin duda, haber marcado su carácter y destino, criticó a la sociedad la hipocresía y prejuicios de las que hacía gala. “Ah, yo no vivo de las preocupaciones sociales inventadas para atormentarnos mutuamente”, le escribe a su marido, quien intenta advertirla de la proscripción social para que vuelva con él. La que así se expresaba no es una mujer del siglo XXI, sino una hija de la Ilustración, del siglo XVIII.</p>



<p>Esta mujer desafió una época sembrada de incordia contra las mujeres. Incordia que hizo que después de muerto Bolívar se la desterrara de Colombia, se le negara el acceso a su propia patria, Ecuador, de donde el presidente Vicente Rocafuerte la expulsó con esta sentencia: “por el carácter, talentos, vicios, ambición y prostitución de Manuela Sáenz, debe hacérsele salir del territorio ecuatoriano para evitar que reanime la llama revolucionaria”. Tal era el peligro que constituía para un gobierno una sola mujer.</p>



<p>Yo sostengo que Manuela Sáenz amaba en Bolívar más que al hombre a su ideal de libertad; más que al héroe, la causa americanista de la independencia; pues no hay otra razón para que ella mucho antes de conocerlo y aún después de la muerte de Bolívar, haya defendido con tanto fuego los ideales revolucionarios que representaba el libertador, aun a costa de su reputación y de su propia vida.</p>



<p>Y quién fue aquella otra Manuela, que en el rigor de la conspiración y en el tumulto de las dudas y vacilaciones que socavaba el corazón de los próceres cuando fraguaban la revolución del 10 de agosto de 1809 que convertiría a Quito, en luz de América, en “primogénita de la independencia”, como la llamara Bolívar, se atrevió a decir aquella frase que desataría la chispa del fuego de las revoluciones independistas de toda América: “Hombres cobardes, nacidos para la servidumbre, ¿de qué tenéis miedo? ¡No hay tiempo que perder!<br>No era el fusil, ni el puñal el que hablaba, no era la bota ni el aliento varonil del guerrero, era una mujer Manuela Cañizares, vecina quiteña, quien no permitió que se vaya por el abismo de las vacilaciones y los temores la determinación de liberar a la patria y con el poder de su palabra arrinconó a los timoratos y alentó a los desconfiados.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://firmas.prensa-latina.cu/wp-content/uploads/2023/07/Manuela-Canizares.jpg" alt="Manuela Cañizares" class="wp-image-8254"/></figure>



<p>Hay palabras, hay frases que son tan arquetípicas, tan portadoras de símbolos y señales como cuando Dios dijo: “Hágase la luz.” Sin Manuela Cañizares, para los ecuatorianos, otra sería nuestra historia. Pero, como suele ocurrir, las osadas suelen pagar caro su atrevimiento, fue acusada de prostituta, perseguida y olvidada toda su vida, para recordar solo aquellas vibrantes palabras que han desafiado el tiempo y la memoria.</p>



<p>Hace más de 200 años estas estrellas solitarias abrieron el telón de la nueva historia del Ecuador, se adueñaron de una voz en los espacios vedados del pensamiento y de la política; se reinventaron en una época en que se pensaba como Voltaire que “Una mujer amablemente estúpida es una bendición del cielo”.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La vorágine de la república</h3>



<p>Traigo a la memoria a estas mujeres porque a partir de aquí entramos en la vorágine de la fundación de la república, de los primeros presidentes conservadores que no hicieron más que acentuar el papel de subordinación y esclavitud de la mujer con las primeras constituciones. Y no solo de la mujer, sino también del indígena, de los afro-descendientes, de los montuvios, es decir de todos los marginados. De un mundo que se movía en el oscurantismo, en aquella niebla de las repeticiones. Ya lo había intuido el pueblo quiteño un día después de la Batalla del 24 de mayo de 1822 con el que se liberó nuestra patria de la dominación española, cuando de manera profética escribió en los muros de Quito: “Último día del despotismo y el primero de lo mismo”.</p>



<p>¿Qué hacía la mujer en estos primeros tiempos republicanos, qué pasaba con su voz, con su palabra; en donde estaba la huella de su quehacer político? (Continúa)</p>



<p class="has-text-align-right">Publicado en:<a href=" https://firmas.prensa-latina.cu/mujeres-del-ecuador-historia-y-politica-i/ "> Prensa Latina</a></p>
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		<title>Juan Montalvo, el ecuatoriano universal</title>
		<link>https://lacalle.media/juan-montalvo-el-ecuatoriano-universal/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Apr 2023 23:46:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[Eloy Alfaro]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Montalvo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Aminta Buenaño A la entrada del Teatro Nacional Rubén Darío de Managua hay un busto en piedra negra cuya sola presencia infunde pasmo, admiración y respeto. Un rostro en que el artista ha logrado plasmar un temperamento encrespado, amplia frente deliberante, labios crispados y no complacientes, mirada altiva y soberbia con un mentón prominente [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">Por: Aminta Buenaño</p>



<p>A la entrada del Teatro Nacional Rubén Darío de Managua hay un busto en piedra negra cuya sola presencia infunde pasmo, admiración y respeto. Un rostro en que el artista ha logrado plasmar un temperamento encrespado, amplia frente deliberante, labios crispados y no complacientes, mirada altiva y soberbia con un mentón prominente y una cabellera que se agita como una serpiente colérica ante el viento eterno de los siglos. </p>



<p>Su espíritu aunque aprisionado en la dura piedra parece a punto de soltar una bravata. Es Juan Montalvo, el ecuatoriano universal. El hombre que con su sola pluma plantó batalla a dictadores y tiranos.</p>



<p>Nació en Ambato, la bella ciudad de las flores y las frutas, un 13 de abril de 1832 y en homenaje a su ilustre figura el presidente Alfredo Baquerizo Moreno decretó en 1920, el 13 de abril, el Día del Maestro Ecuatoriano. Fecha ritual en que recordamos a quienes nos enseñaron a pensar y nos guiaron por los valores de la verdad, la investigación y el conocimiento: los maestros.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2023/04/image-96.png" alt="" class="wp-image-88759" width="399" height="279"/></figure>



<p>Pero, quién era Juan Montalvo. ¿Quién fue este hombre por cuyos libros destacados intelectuales y políticos como Miguel de Unamuno, Rubén Darío, Eloy Alfaro y Martí se sintieron subyugados y algunos incluso como Darío imitaron en sus primeros ejercicios literarios?<br>¿Quién era este ser esmirriado y taciturno cuya pluma feroz temían dictadores y tiranos y hasta la misma Iglesia?</p>



<p>¿Quién era este hombre sobre cuyo cuerpo endeble y reumático cabalgaba un espíritu vigoroso y gigante que hacía temblar al Poder al punto de convertirlo en el eterno desterrado de su patria?</p>



<p>¿Quién, el que navegando por las aguas cervantinas del amor a la lengua castiza y sonora, profería insultos y blasfemias en el más depurado y elegante idioma que hizo exclamar frases de asombro y elogios a Miguel de Unamuno y asegurar al mismo Darío que Montalvo era “el creador de la epopeya de la burla”.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Juan Montalvo, al banquillo.</strong></h3>



<p>La vida de Juan Montalvo se asemeja a la de un personaje de novela del siglo XIX: misántropo, huía de las multitudes prefiriendo siempre expresarse con la voz de la pluma, tímido pero orgulloso, arrogante, galán y sensual, liberal hasta los tuétanos: un hombre torturado por sus contemplaciones íntimas, desgarrado por una realidad que no aceptaba, condenado al ostracismo por su carácter, se convertía en un temible volcán en erupción cuando escribía. Sus famosos libros la Dictadura Perpetua, El Cosmopolita, Los Siete Tratados, Las Catilinarias, La Geometría Moral persiguieron más a dictadores que un batallón de soldados. </p>



<p>Se enfrentó a tiranos magníficos y despreciables como el implacable y cruel García Moreno, quien alguna vez refiriéndose a su patria dijo que “no había nacido para gobernar a pueblos corrompidos y abyectos” y que pretendió regalar el Ecuador a Francia mediante un protectorado; combatió también al bohemio dictador General Veintimilla al cual llamaba despectivamente “Ignacio de la Cuchilla” o “ el Presidente de los siete vicios”, sin más arma que su talento y sin más decisión que su voluntad y un cuerpo enfermo y agitado, que a duras penas podía sostener una pasión descomunal. Tal lucha le significó persecuciones y destierros continuos, tres en total, que minaron su salud e impidieron que viviera una vida estable y hogareña y cumpliera sus deberes como padre y esposo.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Héroe de novela</strong></h3>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2023/04/image-97.png" alt="" class="wp-image-88760" width="385" height="269"/></figure>



<p>Este héroe novelesco y temerario, quintaesencia del pensamiento revolucionario del siglo XIX, irrumpió en una etapa en que Ecuador más que un país en construcción era un cuartel soldadesco en donde constantemente se daban revoluciones y asonadas y era campo fecundo de voluntades dictatoriales que gobernaban más que apegados a la ley, sometidos a los caprichosos dictados de una voluntad imperial. Esto hizo que Juan Montalvo, nieto de un andaluz montaraz que vino a probar suerte en América, se levantara y con una valentía que rayaba en la temeridad los desafiara, se burlara de ellos caricaturizándolos ferozmente en sus escritos y enumerando las atrocidades y los atropellos que cometían en su fanatismo religioso y su rigidez moralista los presidentes García Moreno y el General Ignacio de Veintimilla, antagonistas y enemigos declarados de Montalvo.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>La artillería lingüística de Montalvo</strong></h3>



<p>Pero toda esta artillería lingüística estaba salpicada de metáforas hiperbólicas, de arcaísmos, de ironías, retruécanos y crueles sarcasmos en el más arrogante y depurado clasicismo, insultos que como una metralla se sucedían uno tras otro plagados de inteligentes referencias históricas y grecolatinas a las cuales era imposible resistirse, escritos que movieron al escritor español Juan Valera a decir:</p>



<p>“Es el más complicado, el más raro, el más originalmente inaudito de todos los prosistas del siglo XIX”.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Condenado por la Iglesia </strong></h3>



<p>El Papa León XIII condenó el libro los Siete Tratados de Montalvo al índice de libros prohibidos en Roma, luego de que Montalvo respondiera a los ataques que le hiciera la iglesia que calificaba a su obra como inmoral, herética y blasfema, con un furibundo libro titulado Mercurial Eclesiástica que logró aplausos y una defensa cerrada en un artículo por el poeta Rubén Darío.</p>



<p>Más adelante el nicaragüense solidario con la situación de Montalvo, escribirá: “Indudablemente que en la Mercurial se desborda todo un torrente de pasión. Es preciso imaginarse al ilustre desterrado en su vida de Europa, solitario en medio del inmenso París, pensando en su patria tiranizada, doloroso, nostálgico; pero consolado, alentado, iluminado por la gloria, por el aplauso universal, cuando el aparecimiento de sus Siete Tratados”.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>La amistad con Alfaro</strong></h3>



<p>Aunque estas pastorales explosivas “erizadas de censuras”, “cubiertas de rayos archiepiscopales” en palabras de Darío, debieron de herirle profundamente pues había sido formado por jesuitas y su religión era católica; no le impidieron, sin embargo, seguir adelante en su lucha heroica contra las tiranías. </p>



<p>Un aliado ideológico, cómplice y amigo fraterno fue el gran libertario Eloy Alfaro Delgado quien ayudaba económicamente a Juan Montalvo, el cual vivía con una permanente soga al cuello apurado por deudas y acreedores. Tenía un orgullo tal y una “honestidad de los principios” (frase feliz de Darío) que hizo que desechara altos cargos y curules parlamentarias con los que el Poder procuró seducirlo y domesticar su fiero afán de justicia y que prefiriera esa vida pobre, libre y casi mendicante que le hizo pasar tan malos momentos. Cuenta el historiador Alfredo Pareja Diezcanseco que una vez Montalvo apremiado por el hambre:</p>



<p>“Vende su reloj: le dan más dinero del que vale, por compasión. Y él, indignado, herido el orgullo, devuelve la diferencia: “Mi reloj no vale más de doce pesos,” exclama con gesto severo.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://firmas.prensa-latina.cu/wp-content/uploads/2023/04/Libros.jpg" alt="libros" class="wp-image-7680" width="403" height="281"/></figure>



<p>Sus libros que pasarían a la historia como los del más grande polemista y escritor de excepción, no le dieron el sustento que necesitaba, pero le depararon triunfos y sinsabores y un espacio mayúsculo en las letras ecuatorianas y latinoamericanas. Afirma Alfredo Pareja Diezcanseco que: “no puede deslindarse la figura de Alfaro de la de Montalvo. Son los dos campeones de la libertad. Su amistad fue de las auténticas. Alfaro ayudaba a Montalvo a publicar sus libros. Montalvo ayudaba a Alfaro con su exaltada y noble literatura de combate. Así pasaron estos dos héroes por la historia. Uno murió pronto. Alfaro continuaría en la lucha.”</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Desgraciado en el amor y digno ante la muerte</strong></h3>



<p>Este romántico del liberalismo, precursor del modernismo, este hijo entre 16 hermanos, este adorador del Quijote al que consideraba lo más acabado de la literatura española, dueño de un verbo apocalíptico y de una literatura esperpéntica y trágica, fue aplaudido y admirado por los más famosos pensadores hispanoamericanos del siglo XIX; pero desgraciado en amores por su vida azarosa de saltimbanqui, con un pie en el estribo siempre y una maleta lista para marchar. Tuvo cinco hijos de distintas mujeres y murió en Paris con aguacero y esto no es parafrasear a Vallejo sino la triste realidad, pues según cuentan sus biógrafos, cierto día de marzo de 1888, Montalvo había ido a corregir las planas de su libro El Espectador a la Casa editorial que lo publicaría y fue sorprendido por una lluvia tenaz que le ocasionó una grave neumonía. Murió a la edad de 57 después de sufrir una peligrosa operación en donde se negó, ante la sorpresa de los médicos, a recibir anestesia con estas palabras: “En ninguna ocasión de mi vida he perdido la consciencia de mis actos.</p>



<p>No tema doctor que me mueva. Operará usted como si su cuchilla no produjera dolor”. Su amigo el médico Agustín Yerovi narra en su testimonio: “La operación que sufrió Montalvo horroriza. Consistió en levantar dos costillas de la región dorsal, después de cortar… las partes blandas de esa región… etc.” Todo esto duró como una hora; mientras tanto el enfermo no había exhalado una queja, ni contraído un músculo. La actitud serena y hasta majestuosa, interesó a los médicos, practicantes y espectadores. Uno de ellos exclamó: ¡Ese hombre es un carácter”!</p>



<p>La dignidad y el orgullo que lo llevó a defender a su patria no lo abandonaron ni siquiera ante la presencia de la muerte, pues unos días antes, previendo su fin, pidió que lo enterraran vestido de estricto frac negro porque había que vestir con solemnidad ante un hecho tan importante; y a su ama de llave le entregó los últimos cinco francos que le quedaban para que compre un ramo de claveles porque siempre había pensado que un difunto sin flores era una imagen muy triste.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>En una calle de París&#8230; </strong></h3>



<p>En la Calle Cardinet número 26 de París hay una lápida con su nombre que reza: “polemista, ensayista, pensador y maestro insigne de la prosa castellana”. Murió el 17 de enero de 1889, años después sus restos embalsamados fueron llevados al Ecuador y reposan en un mausoleo de su ciudad natal.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>El más grande homenaje </strong></h3>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://firmas.prensa-latina.cu/wp-content/uploads/2023/04/Epistolas-y-poemas.jpg" alt="Epístolas y poemas" class="wp-image-7679" width="412" height="288"/></figure>



<p>El mejor homenaje a Montalvo fue escrito por el poeta Rubén Darío quien en su libro Epístolas y poemas publicado en 1884, le dedicó una extensa poesía, en la que en casi 500 versos transcribe la grandeza, las virtudes y cualidades del más grande polemista de América latina en perfectos endecasílabos que echan mano a una profunda erudición clásica y grecolatina.</p>



<p>En ella no ahorra palabras de elogio ante su prosa, lo llama reiteradas veces genio. Resalta el hechizo de “Lo bello y lo noble” de las letras montalvinas porque llevan “la razón de la justicia”, “la honestidad de los principios” que las hace eternas. Rubén, quien sin duda había leído atentamente la novela de Montalvo “Los capítulos que se le olvidaron a Cervantes, le augura: “La gloria está esperando tu llegada/ y Miguel Cervantes es tu guía”.</p>



<p>Esta epístola es uno de los más bellos testimonios de amistad, admiración y reconocimiento de parte del poeta universal Rubén Darío no solo para el polemista y prosista excepcional Juan Montalvo, sino para todos los ecuatorianos y latinoamericanos que veneramos y respetamos la figura heroica y libertaria del maestro de la lengua castellana, aquel que creará “la epopeya de la burla”, como lo dijo Darío, don Juan Montalvo Fiallos.</p>



<p>¡Que la vida de Montalvo nos inspire siempre!</p>
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		<title>Trapos sucios &#124;Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/trapos-sucios-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Mar 2023 16:12:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[Constitución]]></category>
		<category><![CDATA[Laura Nuño]]></category>
		<category><![CDATA[Mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[niñas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Aminta Buenaño Cuando yo era más chica que un árbol de manzano, solía contemplar en mi cuarto mi cuerpo desnudo. Era una niña que pasaba horas mirándose en el viejo espejo ovalado de cerezo de mis abuelos. Miraba con desconcierto la aureola rosada de mis tetillas, mis lánguidas piernas que se abrían al mundo, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">Por: Aminta Buenaño</p>



<p>Cuando yo era más chica que un árbol de manzano, solía contemplar en mi cuarto mi cuerpo desnudo. Era una niña que pasaba horas mirándose en el viejo espejo ovalado de cerezo de mis abuelos. Miraba con desconcierto la aureola rosada de mis tetillas, mis lánguidas piernas que se abrían al mundo, mi pequeño sexo pulposo como un mango verde.</p>



<p>Y en lugar de celebrar la vida al celebrar mi cuerpo, lloraba. Le decía a mi madre que no quería ser niña, que no me gustaba serlo. Y soñaba como en el Orlando de Virginia Woolf cambiarme de sexo cuando sea mayor. No era que despreciara mi cuerpo sino que me parecía una sentencia de muerte ser mujer. Observaba por todos lados que las mujeres tenían propietarios: sus maridos, a los que tenían que pedir permiso para todo. Muchos de ellos eran violentos, pero a la gente eso le parecía normal, incluso necesario para algunos: una manera de poner orden en casa, de enseñar quién es el que manda, el jefe del hogar. </p>



<p>Algunos lo justificaban, decían por ejemplo: en peleas de marido y mujer nadie se debe meter y por esa vía muchas mujeres surcaban la calle de los martirios. A la que se quejaba de los malos tratos maritales, las abuelas aconsejaban callar porque “los trapos sucios se lavan dentro de casa” y aplaudían a las sumisas que sellaban su boca como un ataúd, porque “calladitas se ven más bonitas”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2023/03/image-73.png" alt="" class="wp-image-85734" width="571" height="378" srcset="https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-73-300x200.png 300w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-73-150x100.png 150w" sizes="auto, (max-width: 571px) 100vw, 571px" /></figure>



<p>Todos los atributos con que la sociedad patriarcal trataba de glorificar a la mujer me parecían desdeñables, la “sacrificada madre” que vivía frustrada e impotente al negar su realización personal; “la abnegada y fiel esposa” silenciosamente enferma de un rencor virulento que hervía en su interior; “la espiritual damita” que soñaba darse un revolcón con sexo duro y puro; el “ángel del hogar” que planeaba ínfimas y sutiles venganzas alrededor de la mesa; “la reina de la casa” sometida a la voluntad imperial de su marido; en lugar de eso, yo quería viajar, ser libre, decir y hacer lo que se me antojara y me viniera en gana, sin seguir recetas ni el manual de instrucciones escrito para convertirme en una señorita “virtuosa” (o sea sumisa, paciente y obediente) y en ser “bien mujercita”, que consistía en saber planchar, lavar, cocinar.</p>



<p>El mecanismo como se movía el mundo no me convencía. Veía con rencor cómo mis hermanos podían salir por las noches, jugar al aire libre, treparse a los árboles y andar con quien les diera la gana, pero yo no podía hacerlo porque era mujer y ser mujer tenía ciertos candados y preceptos que las niñas buenas debían seguir religiosamente para alcanzar el cielo de la aprobación social. Y a mí me parecían más interesantes y divertidas las malas.</p>



<p>Me sepultaba en libros con el fin de convencerme de que vivía mil vidas y que era tan libre que podía ser monja, prostituta, travesti, loca, cualquier cosa que incendiara mi imaginación. Con el paso del tiempo, la vida me llevó por muchos desengaños y aciertos, pero me demostró que no andaba del todo equivocada en mi percepción de que había nacido en el lado vulnerable de la historia en el que había que gritar, esforzarse mucho, escandalizar y pelear con dientes y uñas para conseguir las migajas de una igualdad que aún es esquiva para nosotras.</p>



<p>En este mundo tan ancho y ajeno en que existen tantas desigualdades e injusticias, en que ser mujer consiste en algunas partes en soportar la ablación de sus genitales, ser asesinada en femicidios horrendos, violada, mutilada de brazos o piernas o soportar que el ácido desfigure tu rostro, sin obviar el asesinato diario de la psiquis. Que los celos de un hombre pueden ser tan espantosos que te destrozan la vida para siempre y algunos incluso se creen dueños del cuerpo y alma de sus mujeres y justifican a viva voz sus crímenes:</p>



<p>“Si no es mía, no es de nadie”, o lo refrendan hasta en la música que entra por los sentidos, basta escuchar la letra de la canción El preso número 9: “La maté sí señor y si vuelvo a nacer, yo la vuelvo a matar”, porque muchos están convencidos de que los asesinatos de género, mal llamados “crímenes pasionales”, son disculpables porque son humanos (me viene a la mente la terrible frase del general de Policía Patricio Carrillo justificando el asesinato que hizo el teniente feminicida Germán Cáceres contra su esposa María Belén Bernal dentro de la Escuela Superior de Policía de Quito en donde era instructor) como si se presumiera que hay ciertos casos en que los crímenes contra las mujeres tienen cierta explicación y hasta justificación.</p>



<p>Incluso en este bárbaro femicidio que conmocionó a todo el Ecuador, la víctima asesinada dentro del recinto policial a donde había ido a visitar a su marido, con desgarradores gritos pedía auxilio al ser masacrada por él; pero ningún policía se movió a socorrerla ante la orden de un superior quien argumentó que en peleas de marido y mujer nadie se debía meter…</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="748" height="498" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2023/03/image-72.png" alt="" class="wp-image-85733" srcset="https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-72.png 748w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-72-300x200.png 300w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-72-150x100.png 150w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-72-696x463.png 696w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-72-640x426.png 640w" sizes="auto, (max-width: 748px) 100vw, 748px" /></figure>



<p>Laura Nuño en su ensayo Violencia y Deshumanización dice que la violencia de género es la violación de los derechos humanos más extendida en el mundo. Cada año entre millón y medio y tres millones de mujeres y niñas pierden la vida como consecuencia de la misma. Naciones Unidas estima que siete de cada diez mujeres sufrirán golpes, violaciones, abusos o mutilaciones a lo largo de su experiencia biográfica. Y, entre aquellas con edades comprendidas entre los 15 y 44 años, la violencia de género causa más muertes y discapacidades que el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico y los conflictos armados.</p>



<p>Podría afirmar sin temor a exagerar que la violencia patriarcal es el peor terrorismo que azota la faz de la tierra dirigido contra la mitad de la humanidad solo por el hecho de ser mujeres, al lado de sus descomunales cifras los crímenes de Al Qaeda, el Estado Islámico, la guerra en Ucrania quedan cortos.</p>



<p>Para las mujeres históricamente todo ha sido difícil y violento, empezando desde el parto donde todavía hay países en que muchas mujeres mueren solo por dar la vida. Sus luchas y revoluciones, sus demandas para poder estudiar y votar, sus exigencias de leyes en que puedan ser tratadas con la igualdad que exige todo ser humano. El camino ha sido arduo y complejo y aún lo continúa siendo, porque aunque cambien las legislaciones el imaginario colectivo sigue segregando los múltiples mitos, creencias y prejuicios que las colocan siempre en un plano de desigualdad e injusticias, siempre su liderazgo o intelecto bajo sospechas y con un techo de cristal cerniéndose sobre sus cabezas. Porque la más grave forma de violencia es la ideológica, la cultural, aquella que asumimos sin reflexionar, la que mamamos desde la cuna coloreando emocionalmente nuestra psiquis.</p>



<p>El mundo es un lugar muy violento y la violencia es una forma de control. Cada día amanecemos para enterarnos por las redes sociales cuántas víctimas inocentes del sicariato han muerto, a quiénes ha vacunado la delincuencia organizada, a cuál vecino han asaltado o secuestrado, cuántos crímenes han ocurrido en las cárceles que debería controlar el estado y no los delincuentes, y cómo el narcotráfico incrusta sus tentáculos en las fuerzas del orden y en la institucionalidad política.</p>



<p>Violencia ha habido siempre, porque violenta es la vida; pero la violencia organizada y delincuencial debe ser combatida y no asumida como parte de la historia ni explicada con el cliché de que estamos viviendo la Colombia de los años 80, sin querer reconocer que esta violencia tiene nombres y apellidos, auspiciadores que al no ejercer el poder y la autoridad que el pueblo les otorgó, han entregado el Ecuador a las manos de las mafias, en una situación insólita nunca vista en el país desde que se fundó como república. Estamos viviendo el peor momento de nuestra historia.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="748" height="498" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2023/03/image-71.png" alt="" class="wp-image-85732" srcset="https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-71.png 748w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-71-300x200.png 300w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-71-150x100.png 150w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-71-696x463.png 696w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/image-71-640x426.png 640w" sizes="auto, (max-width: 748px) 100vw, 748px" /></figure>



<p>Y, también, es el peor momento para las mujeres. Porque nosotras que hemos vivido siempre en un estado de violencia solo por el hecho de ser mujer: violencia física con violaciones y asesinatos, psicológica, económica y social, tenemos que soportar doblemente este andamiaje criminal que está inflamado por una gran carga de misoginia y mensajes patriarcales de odio y desprecio.</p>



<p>Ecuador muestra cifras alarmantes de violencia contra las mujeres. En el año 2022 en nuestro país se cometieron más de 332 femicidios, según cifras de la Asociación para el Desarrollo Alternativo (Aldea), la más feroz desde 2014 en que el feminicidio fue aprobado dentro de la legislación ecuatoriana. La víctima más joven tenía tres meses de edad y la mayor, 84 años.</p>



<p>Generalmente estos crímenes se dan por celos, por violación, raptos, secuestros y delincuencia en un ambiente de impunidad ante una creciente inseguridad y criminalidad en la que está sumido un desesperanzado Ecuador del 2023 con un gobierno que ha demostrado su gran incapacidad e ineficiencia para dirigir la cosa pública.</p>



<p>Los hechos criminales contra las mujeres son solo rentables para los medios de comunicación, ellos le sacarán partido con sus noticias sensacionalistas en donde nunca faltará el detalle escabroso del hecho violento. “Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que una se acostumbra”, decía Simone de Beauvoir.</p>



<p>Escribí alguna vez que Ecuador es un país en donde se asesina impunemente a sus mujeres, un país que permite que la negligencia y la falta de celeridad se regodee sobre las víctimas. Que no hace nada y cuando lo hace es con cuentagotas y siempre por presión ciudadana.</p>



<p>Que instituciones judiciales como la Fiscalía son muy ágiles y prontas para atender asuntos de persecución política y muy perezosas para hacer valer el derecho básico a la vida. Que cuando las víctimas reclaman las revictimizan, las avergüenzan, las hacen sentir culpables porque “ella fue la que lo provocó”. </p>



<p>¿Por qué salió sola a la calle? ¿Por qué se vistió de esa manera? ¿Por qué actuó así y no de otra forma? Ella misma se lo buscó. No era una chica “decente”. </p>



<p>Las mujeres deben justificarse, sentirse culpables, tener vergüenza, quedarse calladas. Porque la cultura que vivimos es patriarcal, machista, generadora de una violencia aberrante contra millones de mujeres. Porque nos niega el derecho a una vida de paz, de igualdad y de dignidad. Y lo peor, hay poco deseos de cambiarla.</p>



<p>Pero cómo cambiar esta violencia milenaria que ha resistido todos los embates. En países que tienen las mejores leyes a favor de la mujer sigue apareciendo este monstruo de mil cabezas. Todos sabemos que es más fácil y más rápido cambiar las leyes, redactar una constitución, hacer una revolución que cambiar la cultura, la idiosincrasia de los pueblos. Pero también sabemos que con persistencia, con una educación con perspectiva de género, con voluntad política y batalla continuada por las mismas actoras, se puede. La esclavitud humana duró muchos siglos, muchos grandes pensadores la defendían y sin embargo, después de arduas luchas, se eliminó.</p>



<p>Con la Constitución del 2008 que elaboramos en la Asamblea Constituyente logramos un paso fundamental en la participación política de las mujeres ecuatorianas, que antes tenía una mínima representación en los asuntos del Estado. </p>



<p>El artículo 65 de la Constitución ecuatoriana garantiza la representación paritaria de mujeres y hombres en los cargos de nominación o designación de la función pública, en sus instancias de dirección y decisión, y en los partidos y movimientos políticos, y el artículo 66 garantiza a las ecuatorianas el derecho a una vida libre de violencia. Sin embargo, no es suficiente. Ya lo decía un meme: “Leyes hay, lo que no hay justicia.”</p>



<p>El gran problema que tenemos las mujeres es la persistencia en la azotea subterránea del imaginario colectivo de los múltiples mitos y creencias que tiene la cultura machista y a la que de manera persistente y continuada debemos de cuestionar.</p>



<p>Esto no se logra solo con leyes aunque son muy importantes; sino, deben ir en conjunto con la educación en la casa y en la escuela, pero no aquella supuestamente neutra que perpetúa el rosa y el azul; la muñeca para las niñas y la pistola para el varón; no con aquella que da cursos intensivos de seducción para las mujeres y de dominación para los hombres; sino con una Educación con Perspectiva de Género que sea obligatoria en todo el sistema educativo.</p>



<p> Educar en la escuela, educar en la familia. Educar a través de los medios de comunicación masiva, desnudar el lenguaje sexista y los signos y señales que perpetúan la sociedad patriarcal, y para esto se necesita voluntad política y más mujeres comprometidas y con consciencia de género en las calles y en el Poder.</p>



<p>No sé cuánto tiempo se necesita, ni cuánto tiempo dure la esclavitud patriarcal, pero de que va morir, va a morir.</p>
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		<title>El olor del miedo &#124; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/el-olor-del-miedo-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Mar 2023 19:28:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[Miedo]]></category>
		<category><![CDATA[pavor]]></category>
		<category><![CDATA[silencio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Aminta Buenaño ¿A qué sabe el miedo? ¿Cuál es su olor? ¿Su sabor? ¿Cómo se manifiesta? Sin duda es una de las emociones más desagradables. Como si tomáramos una cucharada de arsénico diario, como si respiráramos aire envenenado o como si lleváramos la punta de una flecha clavada en el centro mismo del corazón. [&#8230;]</p>
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<p>Por: Aminta Buenaño</p>



<p>¿A qué sabe el miedo? ¿Cuál es su olor? ¿Su sabor? ¿Cómo se manifiesta? Sin duda es una de las emociones más desagradables. Como si tomáramos una cucharada de arsénico diario, como si respiráramos aire envenenado o como si lleváramos la punta de una flecha clavada en el centro mismo del corazón.</p>



<p>Eso es lo que vivimos. Lo que estamos sintiendo en las calles de Guayaquil. Hubo una época, no muy lejana por cierto, que Guayaquil se abría como una flor en las noches. La parranda, la bohemia, los lagarteros ofreciendo canciones. Las chicas caminando por las calles. Los deportistas, que arrojados sus ternos de trabajo, salían al frescor de la noche a saludar con sus alegres cuerpos rodantes. Las cafeterías de puertas abiertas. Las risas, los chismes, los coqueteos, las idas al cine y la población “miranda” que inundaba los centros comerciales como peces de un cardumen, los grupos de amigas de la mediana edad que salían a estirar las piernas en pos de una juventud fugitiva, los abuelos que acomodaban sus sillas en las puertas para mirar la vida de los otros.</p>



<p>Hoy todo es pavor, silencio, miedo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="748" height="498" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2023/03/imagen.png" alt="" class="wp-image-84786" srcset="https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen.png 748w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-300x200.png 300w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-150x100.png 150w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-696x463.png 696w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-640x426.png 640w" sizes="auto, (max-width: 748px) 100vw, 748px" /></figure>



<p>Un nudo se agolpa en la garganta cuando un extraño se acerca; en las calles miramos a un lado y al otro con un sudor frío recorriendo nuestras nucas; por las noches preferimos no salir, encerrándonos en nuestra casa convertida en cárcel bajo siete llaves, aunque muramos del calor y tengamos claustrofobia.</p>



<p>Casi en puntillas caminamos para que nadie sepa que existimos. Que no se entere el otro, desconfiamos de todo mundo, puede ser el enemigo. Que nadie sepa dónde trabajamos o peor cuánto ganamos.</p>



<p>Nos preguntamos qué pasó, por qué de un momento a otro se nos incendió la vida.</p>



<p>Nos despertamos cada mañana luego de sobrevivir al insomnio de la noche para entrar en la pesadilla de la vida diaria cuando encendemos el televisor y nos atragantamos con el plato matinal de los sicariatos, muertes y crímenes horrendos que asolan nuestra ciudad en noticieros que parecieran competir alegremente por mostrarnos lo más horrendo, lo más abominable de la condición humana y con esa indigestión atravesándonos el cuerpo creamos el clima propicio para que todo nos vaya mal, pues el miedo que circula en nuestra sangre es una droga dura.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="748" height="498" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2023/03/imagen-1.png" alt="" class="wp-image-84788" srcset="https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-1.png 748w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-1-300x200.png 300w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-1-150x100.png 150w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-1-696x463.png 696w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-1-640x426.png 640w" sizes="auto, (max-width: 748px) 100vw, 748px" /></figure>



<p>Nos convertimos en paranoicos sin serlo porque habitamos el manicomio mayor en que nos han convertido a Guayaquil, que fue bella, loca, atolondrada y hasta puta, pero siempre libre, altiva y valiente.</p>



<p>El olor del miedo, ácido, frío y amargo, es también una forma de control y la manera perfecta con que dominan nuestras vidas. Hace que nos paralicemos, que no protestemos, que agachemos la cabeza como un ratón huidizo y asustado. También es un negocio, el fértil y próspero negocio de las agencias de seguridad, de la industria armamentística, del crimen organizado, de las bandas de delincuentes, del narcotráfico que opera en las cárceles y en las altas esferas del Poder y de los gobiernos autoritarios que a falta de apoyo popular buscan el respaldo de las armas y de las amenazas.</p>



<p>Todos ellos compiten por encerrarnos, por callarnos, por enmudecernos en una vida zombi, por mantenernos día a día en el miedo y la incertidumbre con la amígdala en llamas sin poder razonar, activados todos nuestros circuitos de lucha/huida, repleta nuestra sangre de cortisol, envenenados por emociones negativas que nos enferman y nos llevan a la tumba mucho antes de que nos jubilemos para alegría y alivio de la Seguridad Social que se queja tanto por el aumento de los adultos mayores pensionados.</p>



<p>Cada día tememos una implosión, una catástrofe, porque vivimos en una tierra de nadie en donde puede pasar de todo y nadie se inmuta, en donde los poderosos se pasan por el forro la Constitución y la ley, en donde la mentira se convierte en verdad cuando es repetida mil veces por los dueños de los micrófonos y la verdad “administrada” es prostituida por los troll centers y la prensa pautada, en donde la impunidad muestra sin pudor su horrible rostro, porque tiene la aquiescencia del Poder embarrado en los más sucios y denigrantes negocios, en donde la codicia de la banca y de los más ricos es insaciable e interminable, en los continuos atropellos al bienestar y seguridad ciudadana, en donde el gobierno prefiere guardar el dinero de sus ciudadanos en reservas internacionales para pagar a los tenedores de bonos mientras el pueblo hambriento carece de toda obra social que por justicia le corresponde. Pero muchos callan porque tienen miedo. El olor del miedo te paraliza. Es el enemigo de toda acción. El miedo, si lo dejas, te convierte en un pelele en manos de otros.</p>



<p>Hace unos días hablaba con un gran amigo, el poeta Antonio P., ante mi pregunta de que por qué no contestaba a mis reiteradas llamadas telefónicas; me respondía que frente a la delincuencia había cogido por norma de seguridad no contestar ninguna llamada si no tenía plenamente identificado al usuario, pues los vacunadores en Esmeraldas usan los teléfonos para extorsionar y amenazar y una vez hecho el contacto se aseguran de no abandonar la presa. Por eso incluso ahora perdemos comunicación, porque nos manipulan con el miedo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="748" height="498" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2023/03/imagen-2.png" alt="" class="wp-image-84789" srcset="https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-2.png 748w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-2-300x200.png 300w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-2-150x100.png 150w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-2-696x463.png 696w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-2-640x426.png 640w" sizes="auto, (max-width: 748px) 100vw, 748px" /></figure>



<p>Cuando me veo en la necesidad de coger un taxi, antes de entrar al vehículo, esa caverna oscura en donde han sucedido algunos horrores, tomo fotos de la placa y del rostro medio aturdido o medio perplejo del taxista y comento en voz alta, como quien no quiere la cosa, que estoy enviando fotos a un supuesto padre o a un supuesto marido o a un amigo que va seguir digitalmente la carrera, aunque las fotos me las envié a mí misma. Todo por el terrible miedo que me embarga a ser víctima de algún secuestro o extorsión. Nadie está libre en esta ciudad y los privilegiados que están libres tampoco van a tirar la primera piedra.</p>



<p>Guayaquil, esa ciudad portuaria que naufraga entre la ría y el estero, esa ciudad llena de risas y de apretado calor, esa ciudad que con las primeras lluvias se llena de verdor y tiene tantas ansias de vida que hasta flores surgen del cemento, se nos va yendo por el desagüe de una paz herida de muerte.</p>



<p>En qué momento se nos incendió la vida. En qué momento dejamos que nos despojen lo más valioso de nuestra existencia que es la paz y la ilusión por vivir.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="748" height="498" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2023/03/imagen-3.png" alt="" class="wp-image-84790" srcset="https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-3.png 748w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-3-300x200.png 300w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-3-150x100.png 150w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-3-696x463.png 696w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2023/03/imagen-3-640x426.png 640w" sizes="auto, (max-width: 748px) 100vw, 748px" /></figure>



<p>Delincuencia ha habido siempre, desde los orígenes de la humanidad, pero a la delincuencia se la combate con rigor. No puede ser que muestre sus desvergüenzas, impune por las calles, que mande en las cárceles, que tenga influencia en el gobierno nombrando ministros a la carta y que amedrente con amenazas a la justicia. No puede ser que existan escuelas de sicariato en donde los niños aprenden a matar antes de aprender a leer. Es descorazonador cuando conocidos medios digitales nos muestran audios y pruebas con voces de personas cercanas al Poder y vinculadas a mafias internacionales, porque cuando un estado pierde la guerra contra la delincuencia es porque está infiltrado por esa misma que dice combatir.</p>



<p>¿Cuándo perdimos la perspectiva? Con los ríos de miedo circulando por las calles perdemos todo, negocios, empresas, vidas, actividades e ilusión.</p>



<p>Con miedo no hay desarrollo económico, emprendimiento ni inversión. Solo unas terribles ganas de migrar, más un coctel fatal de desaliento y desesperanza.</p>



<p>Pero más terrible que el miedo es la normalización del miedo. Vamos por ese camino. Ya no nos sorprenden los asesinatos en las cárceles, no nos llama la atención los niños que mueren como víctimas colaterales, nos terminamos acostumbrando a considerar normales crímenes nunca vistos como personas decapitadas, colgadas en puentes, ensacadas, descuartizadas, baleadas, coches bomba, cabezas de gente convertidas en balones de fútbol. La normalización nos conduce a la insolidaridad, al egoísmo salvaje, al sálvese quien pueda. Y en la normalización ayuda el sistema, los medios de comunicación y nuestra propia conducta como si eso formara parte del pago al peaje por sobrevivir.</p>



<p>Pero al miedo hay que mirarlo a los ojos, darle batalla, resistir.</p>



<p>El miedo puede ser enfrentado con unión y organización comunitaria, con educación preventiva, con liderazgos fuertes y honestos, con el uso de los instrumentos democráticos para castigar a los gobernantes que nos han conducido al caos, con participación ciudadana y representación pública ante los mecanismos de poder, con organismos sociales unidos para combatir al crimen, con planes públicos que ataquen las causas que originan la violencia, y naturalmente, con el apoyo de las fuerzas del orden y de la justicia debidamente depuradas de elementos indeseables que se han infiltrado en sus filas. Es una prioridad organizar programas de prevención del delito con la participación de los barrios y de una ciudadanía activa.</p>



<p>María Luisa, una amiga, me dice ante mi creciente preocupación:</p>



<p>–“No te preocupes, todo es cíclico, volveremos a tener país, volveremos a tener esperanza. Para subir hasta arriba tenemos que caer hasta el fondo”.</p>



<p>– “Y hemos caído bien al fondo –suspiro–, tanto que vamos a necesitar mucha agua para eliminar este olor del miedo que llevamos prendido”.</p>
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		<title>El cuerpo de nosotras nunca ha sido nuestro &#8211; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/el-cuerpo-de-nosotras-nunca-ha-sido-nuestro-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Mar 2021 14:35:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[cuerpo]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos de las mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[mujer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El cuerpo de las mujeres, en nuestra sociedad patriarcal, es un pedazo de carne que cuelga en la carnicería de la vindicta pública.</p>
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<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/AmintaBuenanio"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2020/11/Aminta-Buenano.jpeg" alt="Aminta Buenaño" class="wp-image-24166" width="101" height="147"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/AmintaBuenanio">Aminta Buenaño</a></figcaption></figure>



<p>El cuerpo de las mujeres, en nuestra sociedad patriarcal, es un pedazo de carne que cuelga en la carnicería de la vindicta pública.&nbsp;Está siempre disponible para ser devorado, usado, explotado, vilipendiado, violado, asesinado, desechado como una cosa.</p>



<p>El cuerpo de las mujeres se compra, se vende, se trata, se maltrata, se prostituye –y no solo por un cafiche–; sino también usando los medios y redes sociales para destruir su humanidad por medio del envilecimiento: tantos videos y fotos que circulan clandestinamente, falsos o no, sin respetar honra, edad o condición.</p>



<p>Está visto que desde la época de Olimpia de Gouges, en la Revolución Francesa en 1789, quien reclamó que la famosa Declaración de los Derechos del Hombre no contenía en lo esencial los derechos de las mujeres, y fue guillotinada por esta osadía, no ha pasado para nosotras mucha agua bajo el puente.</p>



<h5 class="wp-block-heading">El cuerpo de las mujeres nunca es territorio privado, eso es un derecho masculino. </h5>



<p>No nos pertenece: le pertenece al cura, al padre, al marido, a la iglesia, al Estado. El cuerpo de las mujeres siempre tiene propietario. &nbsp;Reducido a objeto, cosificado como producto de placer y de consumo, es controlado, utilizado y sometido por su eventual dueño.</p>



<p>Y no importa que nazcamos inteligentes y estemos llenas de ideas y de talentos. Lo que importa, lo que deja rédito y garantiza el éxito femenino en nuestra sociedad, es la belleza como categoría absoluta. Que seas flaca, aunque anoréxica. Que seas bella, muy bella, aunque los cirujanos hayan hecho una carnicería de tu cuerpo y un festín de tu bolsillo. &nbsp;Lo importante es calzar en el modelo imposible y ficticio que exige la industria, en donde el cuerpo de las mujeres es siempre etéreo e intemporal. Ficción que garantiza, por partida doble, lucro ilimitado no solo a la industria de la moda y de la cosmética, sino a los laboratorios farmacéuticos y de salud privada.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Hace algunos años una exministra de economía ecuatoriana se quejaba que los medios de comunicación tradicionales no dijeron ni pio cuando ella fue cabeza del manejo súper exitoso del proceso de renegociación de la deuda externa, ampliamente reconocido por los más altos organismos mundiales. </h5>



<p>Pero cuando decidió hacer algunos retoques en su cuerpo y se sometió por salud a una cirugía de la manga gástrica para eliminar más de 135 libras de sobrepeso, tuvo a sus pies toda la parafernalia mediática, e incluso, fue portada excepcional de las más importantes revistas y periódicos nacionales, solo “por ese cambio de look”.</p>



<p>Qué conclusión podrían sacar nuestras niñas a las que pretendemos educar: que lo importante en una mujer no son sus ideas, ni su trabajo, ni su capacidad intelectual. Lo fundamental es cómo luce, qué trapos usa, su belleza, aunque la construcción de esa belleza pase por filetearse el cuerpo en un quirófano arriesgando su vida y violentando su integridad.</p>



<p>Hay un poder normalizado y aceptado dentro de la sociedad machista para maltratar, ridiculizar, afear el cuerpo de las mujeres cuando no reúne los requisitos de belleza o simplemente como una manera altamente eficaz de desacreditarlas y destruirlas. Todo pasa por el cuerpo: la mujer como mercancía (puta), como pornografía (re-puta); como objeto de ridiculización y burla: “Ella es gorda, tiene un culo y unas tetas grandes”. ¿Alguna vez hemos hecho la misma valoración de un hombre? ¿Alguna revista seria ha celebrado con pompas un cambio de look masculino?</p>



<p>Este rasero es para todas nosotras sin importar condición social ni edad; pero especialmente se radicaliza con las mujeres que se atreven a invadir el mundo tradicional de los hombres: la política.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Y son las agresiones que constantemente vemos contra ellas.</h5>



<p>Una mujer política es una mujer que ha tenido que vencer muchas discriminaciones para ganarse el derecho a participar; porque ¿qué democracia podría ser auténtica si no participan las mujeres? Han tenido que luchar contra ellas mismas, autoafirmarse. Contra la cultura que las condena solo a reproducir los roles asignados por la sociedad, que las culpabiliza con la idea de que “la mujer es de su casa” y que “la política es cosa de hombres”, aunque sus derechos paritarios ahora consten en la Constitución, gracias a las luchas de otras valientes mujeres que pelearon en la Asamblea Constituyente de Montecristi. A veces han tenido que enfrentarse a sus propias familias para hacer valer sus aspiraciones. Han tenido que levantarse –les ha costado el triple que sus compañeros– para reclamar y validar su voz.</p>



<p>Han tenido que demostrar al mundo que tienen ideas y proyectos, que quieren hacer algo por la sociedad en que vive. Y a esas mismas mujeres los machos cavernícolas que asolean el periodismo, la política y otros ámbitos de poder del corral masculino, suelen rodearlas de insultos, de dudas y vacilaciones sobre su valía, denostándolas públicamente y burlándose de su cuerpo, de su gordura, de su culo, cuando no comulgan con sus ideas.</p>



<h5 class="wp-block-heading"><em>“No entra en la silla la gorda”. “La gorda estaba a punto de caerse de culo”.</em></h5>



<p>Qué lamentable esta frase de un conocido periodista local que atribuyó a un expresidente, contada con irrespeto y burla sobre el cuerpo de una mujer. También el hacerse eco de videos porno, desmentidos como falsos por la agraviada, para desacreditarla públicamente y afectar su honra, pues según la vindicta pública machista: “La mujer no solo debe ser honesta, sino parecerlo”.</p>



<p>¿Cuándo hemos visto invadida la privacidad íntima y sexual de un prefecto, alcalde o asambleísta? Y, de remate, vapuleado el derecho a la honra sin ningún escrúpulo y en plan burla. Claro, eso solo pasa con las mujeres. No importa si lo dijo hoy o ayer, siempre será lo mismo.</p>



<p>Las ideas de las mujeres políticas no importan, con ellas hay que fijarse si están gordas o no, si son bonitas o no, y si son bonitas seguramente son “putas” o “tontas”.</p>



<p>Solo recordemos con qué impunidad el expresidente Abdalá Bucaram se refería a las mujeres políticas que no coincidían con su credo: “prostitutas, drogadictas, degeneradas, ratas”. ¿Si hubieran sido varones hubiera dicho lo mismo? Estas declaraciones de odio que alientan el feminicidio y que no generaron ningún ruido a la oficialidad, quiero creer que fueron pasadas por alto, porque Abdalá es Abdalá, y todos sabemos lo que se puede esperar cuando el inodoro se desborda.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Muchas de nosotras hemos optado por jalar la cadena y dejar correr el agua. Este no es el camino.</h5>



<p>Seguramente que habrá algún desubicado que salga con el trillado argumento de que otro expresidente fue peor, pretendiendo justificar lo injustificable. Nunca estará bien de parte de nadie desacreditar a una mujer por su cuerpo. Siempre hay que rebelarse y poner las cosas en su lugar. &nbsp;Se hace la diferencia cuando desde el interior del mismo movimiento político se discuten abiertamente estos conceptos y se pelea tan fuerte por ellos, que incluso, trascienden estas diferencias hasta la opinión pública. Cosa que dudo que pase en otras tiendas políticas tradicionales.</p>



<p>Las mujeres seguiremos siendo maltratadas, en el mundo privado y en el de la política, mientras no se censure, se acuse, se ponga en valor el tamaño del crimen normalizado que vivimos por figuras públicas supuestamente representativas; mientras las mismas mujeres no seamos conscientes de las agresiones, de los micro-machismos cotidianos, mientras no nos defendamos juntas. La sororidad exige solidaridad y apoyo contra la violencia estructural perpetuada contra las mujeres que va desde la violación de la integridad en los medios y redes sociales hasta la violación en manada mediática o física que han sufrido muchas y que la sociedad cómplice calla.</p>



<p>Es hora de despertarnos, de elevar nuestra voz, de señalar con el dedo aunque nos lo corten.</p>



<p>FIN</p>



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		<title>Ecuador, está roto &#8211; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/ecuador-esta-roto-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Feb 2021 18:33:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[roto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay una filosofía japonesa que surge de recomponer o reconstruir objetos rotos. En Occidente cuando algo se rompe, cristales, copas, amistades o relaciones, se piensa que lo roto, roto está y que jamás volverá a ser igual. En el país de los cerezos en flor, la filosofía del kintsugi, dice lo contrario, que aquello que [&#8230;]</p>
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<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/AmintaBuenanio"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2020/11/Aminta-Buenano.jpeg" alt="Aminta Buenaño" class="wp-image-24166" width="168" height="258"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/AmintaBuenanio">Aminta Buenaño</a></figcaption></figure>



<p>Hay una filosofía japonesa que surge de recomponer o reconstruir objetos rotos. En Occidente cuando algo se rompe, cristales, copas, amistades o relaciones, se piensa que lo roto, roto está y que jamás volverá a ser igual. En el país de los cerezos en flor, la filosofía del kintsugi, dice lo contrario, que aquello que está quebrado, lleno de cicatrices puede volver a unirse, pegando con polvo de oro los fragmentos, rehaciéndolo y exhibiendo con orgullo sus cicatrices, pues muestran una historia, un pasado con profundidad, unas grietas que por experiencia y heridas se han trocado en sabiduría. Que lo roto puede ser aún más bello porque ha adquirido un don valioso que se llama resiliencia. Y convierten en obra de arte el dolor, como en la alquimia.</p>



<p>Ecuador está roto, muchas tragedias han pasado en muy corto tiempo. En un estrecho y doloroso lapso hemos vivido el peor periodo de nuestra historia, en donde se ha abandonado al pueblo a merced de unas inhumanas y nefastas políticas neoliberales, fomentadoras de pobreza y desempleo, en donde lo único importante es el dinero. La gente es solo número, estadística; rostros invisibles, incorpóreos y desechables, que a veces se convierten en carnicería (como en las cárceles) ante el rostro indiferente e impasible de las autoridades responsables para quien parece que la vida vale muy poco.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>LA VIDA NO VALE NADA</strong></h4>



<p>Quizás una de las cosas más tristes de recordar, entre tantas, es el desinterés por la vida, la destrucción de lo social, sobre todo el abandono en la salud. El hecho increíble de que en pandemia no hubo presupuesto (declarado por una ministra que renunció), cuando en todos los países del mundo esa era la prioridad. La política oficial y genocida del estado de privilegiar el pago a los acreedores internacionales, en plena crisis, sobre la salud del pueblo; algo inexplicable si extrapolamos el Estado a una familia. El perdonar las deudas a los que más tienen, mientras el SRI persigue y se ensaña contra los pequeños empresarios y el ciudadano común con multas e impuestos. El gobernar para unos pocos muy conocidos, en detrimentos de la gran mayoría. Eso rompe, destroza, hace añicos la credibilidad de cualquiera.</p>



<p>Solo basta recordar la película de horror en la que el Ecuador se ha convertido: los muertos en las veredas de Guayaquil, las fosas comunes en Pascuales, los pobres enterrados en cajas de cartón; las decenas de familias aullando de dolor por los cuerpos extraviados de sus familiares en los hospitales, los asesinatos sanguinarios en las cárceles que no inmuta a la policía bajo el descontrol del gobierno, los miles de muertos por la pandemia que sigue creciendo en contagio exponencial hasta haber convertido al Ecuador de hoy en uno de los países que mayor número de muertos en exceso tiene por la pandemia. Los negociados nunca resueltos con las medicinas en las instituciones de salud, el abyecto reparto político de los hospitales por parte de la ministra de la muerte, el fértil y macabro negocio con la pandemia que aún no ha terminado.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>EN EL PAÍS DEL SÁLVESE QUIEN PUEDA</strong></h4>



<p>Y así vivimos la política del “sálvese quien pueda”, de que “el tiene que morirse que se muera”, “el que no quiera morirse que se quede en casa” y “el que no puede quedarse en casa porque tiene que trabajar (casi todos) que asuma las consecuencias”. Como si viviéramos en el medioevo en donde frente a la peste solo cabía la contemplación, la oración y el miedo.</p>



<h4 class="wp-block-heading">La muerte acecha a cada esquina, inclusive teniendo todos los cuidados.</h4>



<p>Ahora, con las nuevas cepas, el virus no solo mata a adultos mayores, mata a niños y a menores de veinte años. Nadie está a salvo.</p>



<p>Y lo último el mayor descaro es atribuir todo el peso de la responsabilidad a los ciudadanos. Como si fuéramos amnésicos y no recordáramos que, meses atrás, el cuestionado Ministro de Salud declaró fresco ante la prensa que se esperaba la inmunidad del rebaño. Es decir, en palabras simples: la estrategia era esperar que nos infectemos todos como salida a la crisis sanitaria.</p>



<p>Hay un corrillo de frailes hacendosos en Carondelet que manejan las ridículas cifras de vacunas que el gobierno importa, distribuyéndolas, alegremente, entre amigos, familiares, políticos y conocidos. En silencio total, sin respetar la Ley de Transparencia. Vacunas compradas con el dinero de todos. Una vergüenza que ya no los afectan porque están por irse. Mientras tanto muere gente, se acumulan los cadáveres en las funerarias, los hospitales rebosan de enfermos y no se encuentra ni una sola cama disponible en UCI, ni siquiera en las clínicas privadas.</p>



<p>No se puede negar también que hay ignorancia e irresponsabilidad en mucha gente. Falta de educación y conciencia. Esa convicción de “a mí no me va a pasar”, esa gruesa capa de estulticia que nos hace inmune a temores y tribulaciones y que atenta contra nuestra propia vida y la de los demás. Pero también, no se diseñó ninguna política de contención social; tampoco, una de comunicación constante de educación sanitaria como debe ser en situación de crisis, pues en nuestro país hay mucha gente que ignora.</p>



<p>También es verdad que los principales fomentadores en el último feriado de carnaval para que la gente salga fue el COE nacional y los provinciales que incentivaban al desplazamiento ciudadano, declarando libre movilidad en carreteras y vías, abriendo playas y estimulando un “turismo interno sin descuidar medidas de bioseguridad”. Y ya sabemos lo que eso significa para alguna gente.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>EL ÚNICO CAMINO: LAS VACUNAS</strong></h4>



<p>La verdad es que el único camino de salvación, la única estrategia posible, es la importación agresiva de las vacunas, pero ya hemos visto el comportamiento de algunas autoridades.</p>



<p>La nueva gestión. Una acción plausible, frente al descarado y grosero comportamiento oficial y falta de transparencia con respecto a las vacunas, es el pedido de los Municipios del país para hacer con prontitud lo que no hace el gobierno. Saludamos la aceptación que hay a esta solicitud. La política salubrista urgente debe ser vacunar al mayor número de gente, en el menor tiempo posible. Ojalá que se pueda realizar, sin que exista desviaciones, manejos turbios, negociados o privilegios tan temidos como descorazonadores.</p>



<p>Lo último es esperar que el candidato ganador, cualquiera que sea, maneje lo más rápidamente posible la crisis sanitaria y salve al Ecuador.</p>



<p>El Ecuador ha caído tan bajo, tan hondo, con el increíble exceso de muertos por Covid y la carnicería en las cárceles, que solo nos queda levantarnos. Repararnos, reconstruirnos. Estoy convencida que nuestro maltratado país, como en la técnica del Kintsugi, sacará de todo este período una enseñanza, abrirá los ojos, reparará las heridas, reconstruirá una nueva realidad con un voto consciente, seguro y responsable que nos dé un nuevo destino y nos llene de esperanzas.</p>



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		<title>El amor es escuchar con el cuerpo, Aminta Buenaño</title>
		<link>https://lacalle.media/el-amor-es-escuchar-con-el-cuerpo-aminta-buenano/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2021 16:41:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Social]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[COVID 19 Ecuador]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quito, 14 feb, (La Calle).-“La lección que me dejó Roberto es una lección de amor”. Con esa frase Aminta Buenaño Rugel cerró el artículo en el que narró con belleza y horror, la muerte de su esposo. Tras 40 años de ser compañeros, Roberto Echeverría Murillo, falleció de COVID-19 en una clínica de Guayaquil.  Fue [&#8230;]</p>
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<p><strong>Quito, 14 feb, (La Calle).</strong>-“La lección que me dejó Roberto es una lección de amor”. Con esa frase <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Aminta_Buena%C3%B1o">Aminta Buenaño Rugel</a> cerró el artículo en el que narró con belleza y horror, la muerte de su esposo.</p>



<p>Tras 40 años de ser compañeros, Roberto Echeverría Murillo, falleció de COVID-19 en una clínica de Guayaquil.  Fue algo fugaz como se lee en el texto: <a href="https://radiolacalle.com/la-leccion-mortal-que-nos-dejo-el-covid-19-opinion/">“La lección mortal que nos dejó el COVID-19”</a>, que terminó tras tan solo dos o tres días.  </p>



<p>Roberto murió un 16 de enero de 2021 a las 08h30. A dos días de su primer aniversario de fallecido hablamos con Aminta Buenaño para sentir, a través de su voz, el legado del amor y sus abismos.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>¿Cómo ve el amor ahora?</strong></h4>



<p>Por amor me levante hoy.</p>



<p>Días atrás, por amor, escribí el artículo sobre la muerte de mi esposo. Yo mismo me pregunto cómo pude hacerlo, si estaba tan afectada.</p>



<p>Fue algo tan intempestivo: la COVID-19 se lo llevó en dos días. Brutal, fuerte y doloroso. El amor hacia mi esposo y hacia su imagen, es lo que me tiene aquí.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué significado tenía para ustedes el 14 de febrero?</strong></h4>



<p>Para él “San Valentín” era algo diario, actuante. Le encantaba que yo escribiera. Apenas me veía en el escritorio, me traía un ramo de flores. Ese ramo de flores naranjas jamás faltó. Era su manera de estimularme. No era solo un detalle romántico, sino que era su forma de ayudarme a crecer. </p>



<p>El amor es hacer que la persona crezca. Me daba espacio como forma de respeto. Me hacía mejor.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>¡Qué difícil encontrar una persona así en medio de una sociedad tan machista como la ecuatoriana!</strong></h4>



<p>Era una persona única. Hasta por iniciativa suya, cursamos un masterado en feminismo en España. Su tesis fue dirigida por la reconocida filósofa Ana de Miguel.</p>



<p>No cabe duda que el machismo es una patología social que destruye todo lo que toca. Resulta imposible hablar de democracia cuando la mitad de la población no tiene las mismas condiciones.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>¿Leían en conjunto?</strong></h4>



<p>Mi esposo era un gran lector que ahora está en el paraíso de los grandes lectores. Tenía un lector digital, un Kindle y me compartía sus descubrimientos. Yo me demoraba más, subrayaba, rehacía los textos, los analizaba. </p>



<p>Conversábamos mucho, sobre los libros y nos sugeríamos obras y autores, ahora me gustaría dar un mensaje, si me permite.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Claro, adelante…</strong></h4>



<p>El amor no es solo el palpitar de corazones, se trata de algo más profundo: es escuchar con el cuerpo. Es atención, por ende lo contrario a la posesión y a la violencia. Es todo lo bueno que resiste la criba del tiempo.</p>
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		<title>Reflexiones en tiempos de elecciones y pandemias &#8211; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/reflexiones-en-tiempos-de-elecciones-y-pandemias-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Jan 2021 14:28:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tiempos raros Vivimos tiempos tan raros, impensables, desnudos de certezas. Ya sabíamos desde hace algunos años que estos tiempos posmodernos en que está inmersa la aldea global se caracterizaban por ser sumamente individualistas, fragmentarios, desechables, líquidos a la manera de Bautman, desangelados de utopías e ideales, desideologizados a fuerza de cinismo; alejados unos de otros [&#8230;]</p>
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<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/AmintaBuenanio"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2020/11/Aminta-Buenano.jpeg" alt="Aminta Buenaño" class="wp-image-24166" width="129" height="194"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/AmintaBuenanio">Aminta Buenaño</a></figcaption></figure>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Tiempos raros</strong></h4>



<p>Vivimos tiempos tan raros, impensables, desnudos de certezas. Ya sabíamos desde hace algunos años que estos tiempos posmodernos en que está inmersa la aldea global se caracterizaban por ser sumamente individualistas, fragmentarios, desechables, líquidos a la manera de Bautman, desangelados de utopías e ideales, desideologizados a fuerza de cinismo; alejados unos de otros cada vez más para imbuirnos en el goce hedonista, en la búsqueda del placer individual, en el carpe diem. Nos comunicamos a la velocidad de la luz por medios digitales, pero la verdadera comunicación aquella que resulta del contacto visual presencial, de escucharnos mutuamente sintiendo la gravitación de la presencia del otro, es cada vez más rara, más extraña e incluso se sospecha de ella.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>La pandemia ha trastornado nuestras vidas</strong></h4>



<p>Ahora con la pandemia, que es uno de los caballos del apocalipsis, hay razones lógicas y de salud pública para mantenernos aislados, pero el aislamiento físico no tiene que ser por fuerza un aislamiento social, intelectual. El ser humano no puede sobrevivir sin los demás, sin la participación de la tribu, sin reflejarse en los ojos del otro y juntarse en proyectos o ideas comunes.</p>



<p>La pandemia, el mal del siglo XXI que no sabemos cuando acabará, ha trastornado nuestras vidas, enloquecidos nuestros trabajos hasta no tener horarios, falseada la educación hasta convertirla en un analfabetismo militante, vuelto antisépticos el trato social, las relaciones, la amistad, la economía. Y esto no es de sorprendernos si conocemos que la pandemia ha dejado más de 1,9 millones de muertos en el mundo y más de 88, 8 millones de contagiados, En América latina y el Caribe, los fallecidos superan más del medio millón y se cuentan entre más de 16 millones los contagiados.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Nos estamos convirtiendo en zombis</strong></h4>



<p>Todo mundo es sospechoso de todo y el miedo como un huracán se alza en nuestras vidas impidiéndonos actuar y desarrollarnos con normalidad. No solo nos protegemos con el tapaboca de futuras infecciones, también estamos considerando al otro un asesino probable, alguien que puede venir y matarnos, alguien del que hay que sospechar, excluirlo, y mantenerlo bien lejos.</p>



<p>Nos estamos convirtiendo en autómatas, en zombis que desfilan por las calles acechados por el terror en su burbuja de aislamiento o, por el contrario, desarmados por la locura de intentar ignorarlo todo. Y lo peor es que esta sensación no tiene límites ni asideros puesto que hasta de las futuras vacunas se sospecha y está desesperanza, miedo e incertidumbre, puede conducir con facilidad a un desorden mental de la población.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Ecuador, ¡qué mal manejo de la pandemia!</strong></h4>



<p>Ecuador vivió (vive) la pandemia de la peor manera. Con un gobierno incapaz, que no ataba ni desataba con la cuerda lógica del tratamiento a una población huérfana de apoyo social; sin presupuesto para la salud pública y privilegiando siempre el pago a los tenedores de bonos antes que a la salud; el apoyo económico a los grandes grupos financieros antes que a la desprotegida población a la cual se echaba de su empleo para “adelgazar el estado obeso”; con un envilecimiento atroz de la política que hizo que desde las altas esferas se repartiera como cuota política los hospitales a verdaderos delincuentes de la salud pública que festinaron el dinero e hicieron de la tragedia nacional su agosto.</p>



<p>Los recuerdos supuran por la herida social cuando recordamos que aún hay cuerpos que murieron dentro de los hospitales públicos y que aún no han sido entregados a sus familias, parientes que no han podido enterrar a sus seres queridos, llorarlos, poner una cruz sobre sus huesos tristes. Y que todo esto es fruto de la improvisación, de la negligencia y del desinterés de un gobierno que no hizo nada, ni una obra, por su pueblo. Que no tomó a tiempo las medidas correctivas, como el cierre de aeropuertos desde Europa, para proteger a su pueblo de nuevas cepas de contagio.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Elecciones atípicas</strong></h4>



<p>En este marco y con estas sombras acechándonos acudimos a unas elecciones atípicas, con una numerosa cantidad de candidatos, casi totalmente desconocidos, con un discurso anodino y sin fundamentos mostrado en los recientes debates, en donde han hecho gala de un lenguaje insulso, demagógico y muchas veces ridículo, evidenciando una falta de preparación y de conocimiento sobre la trágica y dolorosa realidad que viven los ecuatorianos.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Apelar a la memoria</strong></h4>



<p>&nbsp;Ante este espantoso presente, solo nos queda apelar a la memoria y consciencia de la gente. A la investigación y evaluación íntima que cada ciudadano haga de los candidatos y sobre todo a la valoración exhaustiva de quién es quién, recordando las funestas historias que vivimos con el feriado bancario, con la crisis de los bancos que hirió a nuestros padres y abuelos, y al presente gobierno que nos deja una dolorosa historia manchada por las muertes y por los cuerpos desaparecidos en la peor pandemia del siglo XXI que aún no superamos.</p>



<p>Nunca mejor dicha aquella frase de Jesús: “Por sus frutos, los conoceréis”.</p>



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		<title>El lenguaje muerto de la vida cotidiana &#8211; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/el-lenguaje-muerto-de-la-vida-cotidiana-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Dec 2020 14:23:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Muerto]]></category>
		<category><![CDATA[vida cotidiana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el lenguaje usado por radio, prensa y televisión, en el que sale de los labios de los políticos, locutores, periodistas, maestros de ceremonias o en el que intercambiamos en una conversación cualquiera y que supuestamente lo usamos para comunicarnos, para tender el puente hacia el otro, hay algunas frases tan comunes, tan manidas y usadas que crecen como la hierba, que se encuentran como piedras en el camino. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/AmintaBuenanio"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2020/11/Aminta-Buenano.jpeg" alt="Aminta Buenaño" class="wp-image-24166" width="131" height="204" srcset="https://lacalle.media/wp-content/uploads/2020/11/Aminta-Buenano.jpeg 205w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2020/11/Aminta-Buenano-192x300.jpeg 192w" sizes="auto, (max-width: 131px) 100vw, 131px" /></a><figcaption><a href="https://twitter.com/AmintaBuenanio">Aminta Buenaño</a></figcaption></figure>



<p>En el lenguaje usado por radio, prensa y televisión, en el que sale de los labios de los políticos, locutores, periodistas, maestros de ceremonias o en el que intercambiamos en una conversación cualquiera y que supuestamente lo usamos para comunicarnos, para tender el puente hacia el otro, hay algunas frases tan comunes, tan manidas y usadas que crecen como la hierba, que se encuentran como piedras en el camino. Nos damos de bruces contra ellas en cualquier reunión, discurso, locución en la que el audaz político, tinterillo, homenajeado o pico de oro pretende impresionarnos con su discurso rociado de estos lugares comunes que, más que impresionarnos, lo que provoca es marcharnos o cuando menos evaporarnos, que es lo que realmente ocurre, porque mientras el periodista se inflama en su perorata y desbarata el idioma relamiéndose tras el micrófono, los oyentes duermen, bostezan o viajan a las dimensiones desconocidas del mundo cuántico en donde las cosas son y no son. Estas frases que impune y gratuitamente repiten, en algún tiempo tuvieron un valor expresivo, pero han sido tan trajinadas, tan sudadas como calcetines de futbolista, que han perdido todo color, sabor o contenido, dejando tan solo tras de sí el aroma pestilente de lo muerto. Son huecas, vacías, falsas porque ya no comunican nada y lo que sí trasmiten con esencial claridad es pobreza de vocabulario, falta de imaginación, escasez de recursos expresivos, pereza mental, anemia lexical, avitaminosis del habla y sirven de muletas para un cerebro inválido. Aquí algunas típicas:</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Del diccionario personal de políticos y funcionarios públicos.</strong></h4>



<p>Juro que jamás lostraicionaré/ Moriré en el intento/ Investigaremos hasta las últimas consecuencias/ No daremos ni un paso atrás/ Vamos a hacer la conscripción cívica/ La voz del pueblo es la voz de Dios/ El pueblo unido, jamás será vencido/ Donde se pone el dedo, salta el pus/ No daré mi brazo a torcer/ Hay que tomar cartas en el asunto/ Salió por la puerta ancha/ Hacer la regalada gana/ Por primera y única vez/ Ecuador, país amazónico/ La unión hace la fuerza/ Unidos como un solo puño/ En tanto, en cuanto…/ En un minuto lo atiendo/ Pobre, pero honrado/ No retroceder ni un paso atrás/ Vive y deja vivir/ Compórtate como hombre/ Hay que cortar la corrupción de raíz/ Por la plata baila el perro, por el oro perro y perra/ Yo te ofrezco, pero busca quien te dé/ Nadie sabe para quien trabaja/ Soy la voz de los que no tienen voz/ El gobierno de todos/ Hay que poner la casa en orden/ Devolver el poder al mandante/ La culpa es de Correa/ Voy a luchar contra la corrupción/ hay que cortar la corrupción de raíz/ La fuerza de los pobres/ Viva la patria/ En crisis hay que apretarse el cinturón/ Tenemos que arrimar el hombro/ Voy a poner mi granito de arena, etc.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Del archivo desclasificado de los picos de oro y oradores de turno en homenajes, quinceañeras y decesos.</strong></h4>



<p>Distinguida y selecta concurrencia/ Honorable público/ La espiritual y culta damita/ la madre abnegada/ El honorable caballero/ Este homenaje que inmerecidamente recibo/ Hablaré, aunque no he venido preparado/ Un discurso florido/ La familia es el núcleo de la sociedad/ El padre, el sostén del hogar/ Los niños, el futuro de la patria/ Los hijos, la alegría del hogar/ La mujer, la reina de la casa/ A la mujer no se la toca ni con el pétalo de una rosa/ Solo la educación salva al pueblo/ Hay que romper esquemas/ Murió en la flor de la juventud/ Entregó su alma al Creador/ Pasó a mejor vida.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Del cotorreo cotidiano &nbsp;</strong></h4>



<p>Si Dios lo permite/ Dios mediante/ A estas alturas del partido/ Ahí te quiero ver/ te agradezco un mundo/ Fulanito es como todas las cosas/ Entregar a mesa servida/ Nadie sabe lo de nadie/ Con su reflejo/ Brilla por su ausencia/ Juntos, pero no revueltos/ Son uña y mugre/ No hay peor gestión que la que no se hace/ Cuando el río suena, piedras trae/ Dios tarda, pero no olvida/ A mal tiempo, buena cara/ Hay de todo como en botica/ Feliz como chancho en poza/ Llevar piñas a Milagro/ Le hicieron la casita/ Las cosas se parecen a su dueño/ A cada pavo le llega su navidad/ Guerra avisada no mata gente/ A lo hecho, pecho/ A la vejez, viruela/ A otro perro con ese hueso/ A vuelo de pájaro/ Se ahoga en un vaso de agua/ Anda como alma en pena/ Amasar fortuna/ Los amigos de lo ajeno/ Antes que el agua se enturbie/ Fue como un balde de agua fría/ Come como un barril sin fondo/ Es una persona bien papiada/ Bueno es culantro, pero no tanto/ Tanto llega el agua al cántaro hasta que se rompe/ A mal tiempo, buena cara/ Se me cae la cara de vergüenza/ Ese man es un caído de la hamaca/ Todo fue caída y limpia/ Cama, dama y chocolate/ Se metió en camisa de once varas/ Puso cara de pocos amigos/ Carrera de caballo, parada de burro/ Como pez en el agua/ Recibirlo con bombos y platillos/ Con el rabo entre las piernas/ Lo cogieron con las manos en la masa/ Lo contó con pelos y señales/ Son cortados por la misma tijera/ De tal palo, tal astilla/ a la tercera va la vencida/ Se cosecha lo que se siembra/ A buen entendedor, pocas palabras/ Más pronto se coge al mentiroso que al ladrón/ Quieren vender todo como gallina enferma/ A Dios rogando y con el mazo dando/ A la larga todo se sabe/ El muerto se hace más pesado cuando hay quien lo cargue/ A palabras necias, oídos sordos/ El comedido sale podrido/ El que tiene boca se equivoca/ El que no te conozca que te compre/ Barriga llena, corazón contento, etc.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Esas frases tan manoseadas &nbsp;</strong></h4>



<p>Seguro, queridos lectores, que ustedes las conocen, las conocen tanto que ni siquiera las oyen de tan repetidas y manoseadas; aunque muchas en su origen expresaban una cierta dosis de sabiduría e ingenio popular han sido prostituidas por el uso irracional que empobrece nuestra comunicación. Estos lugares comunes son como boyas lanzadas en el océano de la improvisación y la pereza mental para no intentar expresarnos con nuestra propia voz y de una manera más original.</p>



<p>Si es que no ha advertido que estas frases son como paisajes repetidos, tenga cuidado y cómprese de inmediato un “mataburro”, lo más pronto posible, para que <em>limpie, fije y dé esplendor</em> a su lengua, porque puede ser un síntoma claro de que sufre una grave enfermedad o vicio que se llama <strong>pobreza léxica</strong> cuya única vacuna es la lectura. Y si usted es periodista, político, abogado, maestro, letrado, letraherido, aspirante a escritor o presume de ser persona culta, tenga presente, como ya se ha dicho, que <em>el lugar menos literario de la literatura es el lugar común</em>. &nbsp;Al final, “había que decirlo y se dijo”. Sin lugar a dudas, como dice mi vecino, los lugares comunes son “una desgracia con felicidad”. Jajaja.</p>



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		<title>La pandemia y yo &#8211; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/la-pandemia-y-yo-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Nov 2020 14:05:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aminta Buenaño]]></category>
		<category><![CDATA[covid]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El día en que se instaló la pandemia en mi universo cotidiano fue comosi hubiera caído el meteorito que mató a los dinosaurios. Siempre hepartido de la idea, esgrimida y defendida por mi madre (QEPD), que “lacalle es la vida” y he hecho buen uso de ese precepto paseando yviajando en la vida real y [&#8230;]</p>
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<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/AmintaBuenanio"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2020/11/Aminta-Buenano.jpeg" alt="" class="wp-image-24166" width="186" height="290" srcset="https://lacalle.media/wp-content/uploads/2020/11/Aminta-Buenano.jpeg 205w, https://lacalle.media/wp-content/uploads/2020/11/Aminta-Buenano-192x300.jpeg 192w" sizes="auto, (max-width: 186px) 100vw, 186px" /></a><figcaption><a href="https://twitter.com/AmintaBuenanio">Aminta Buenaño</a><br>Escritora, feminista, periodista y eterna defensora de la verdad.</figcaption></figure>



<p>El día en que se instaló la pandemia en mi universo cotidiano fue como<br>si hubiera caído el meteorito que mató a los dinosaurios. Siempre he<br>partido de la idea, esgrimida y defendida por mi madre (QEPD), que “la<br>calle es la vida” y he hecho buen uso de ese precepto paseando y<br>viajando en la vida real y en mi imaginación por todos los mundos<br>posibles; y de pronto aquel fatídico día del 16 de marzo del 2020 en que<br>por decreto oficial: No debíamos salir a la calle, ni conducir ningún<br>vehículo, ni frecuentar gente, ni pasearnos por cafeterías ni por centros<br>comerciales, amén de no visitar gimnasios, cines, conciertos ni<br>cementerios y recluirnos en la casa como si fuera una cárcel, el mundo<br>se abrió como un terremoto bajo mis pies.</p>



<p>Y no solo eso, sino los miles de cuidados que debíamos de tener de allí en adelante por los que cualquier desdichado que sufriera catarro o alergia era motivo de las más crueles sospechas y condenado al más virulento ostracismo como un criminal abyecto en el rincón más oculto de la casa; y las advertencias continuas de que debíamos alejarnos con sumo cuidado<br>de cualquier paquete o elemento extraño que intentara surcar nuestras<br>manos si antes no lo rociábamos con toneladas de alcohol, desinfectantes o cloro y todo lo que se nos ocurriese que pudiese matar al virus criminal que nos tenía paniqueados. </p>



<p>Para los obsesivos compulsivos que antes pasábamos como bichos raros y enfermos de fobias por el millón de veces que nos lavábamos las manos nos<br>convertimos, de la noche a la mañana, por artes de birlibirloque, en<br>héroes anónimos, seres ejemplares al que todo mundo debía de seguir<br>y emular. </p>



<p>Ese toc diagnosticado con prevención por tantos psiquiatras era objeto de elogios y aplausos y hasta en la televisión salían médicos y propagandas, indicándonos cómo, cuándo y de qué maneras (¡había miles!) debíamos lavarnos las manos, convirtiendo un acto de lo más sencillo en una auténtica y complicada ciencia.</p>



<h4 class="wp-block-heading">La convivencia y el hogar</h4>



<p>Y no solo eso, el mundo florido de la casa con un gato maullando en las<br>esquinas, el hijo llegando del trabajo para leer y ver televisión, el esposo<br>sumergido en sus interminables sagas literarias y la empleada de la<br>casa que más que empleada era el miembro más influyente del hogar<br>con sus tantos años de trabajo, cuyo poder político se hacía sentir imponiendo reglas y costumbres so pena de abandonar la cocina,<br>verdadero terror para mi escasa afición a las artes culinarias; de pronto<br>ese mundo florido se convirtió en un helado y tétrico desierto. </p>



<p>El hijo decidió abandonar la casa e irse a vivir la cuarentena con su novia, cosa que no me dolió porque albergaba la ilusa esperanza de que fruto de<br>aquel encierro viniera un producto con uñas; la empleada emigró como<br>una cigüeña asustada volando a guarecerse en su casa previendo futuros desastres para la humanidad, pues se había convertido en “hermana evangélica” y estaba segura que aquella plaga era el anuncio del apocalipsis que venía previendo desde hace algunos años cuando reparó que en aquella casa en que trabajaba, se leía poco la Biblia y escaseaba el catecismo y los deberes del buen cristiano no se cumplían en la mesa. </p>



<p>El gato Thelonius, quien nos ha domesticado desde que llegó a la casa, nos dejó bien claro con su glacial indiferencia que le valía tres atados nuestra angustia existencial por la peste, el coronavirus o como se llamase, siempre que su plato rebosase con pepas Royal Canini y nos abandonó a nuestra suerte, y de pronto estábamos solos, mi esposo y yo, ante el paisaje inerme y despoblado de la casa. Y, claro, también estaba el televisor.</p>



<h4 class="wp-block-heading">El televisor</h4>



<p>El televisor que venía con su tráfago de noticias terribles de gente colapsando en plena calle, de hospitales repletos con gente agonizando en los pasillos, de un gobierno desquiciado que no ataba ni desataba con los cordones de su ineficacia, de robos infames en los hospitales sin nadie que ponga término frente tanta vileza, de donaciones de ataúdes de cartón para los pobres como caridad piadosa desde las alturas del poder, de ausencia de medicinas en los sanatorios públicos pagados con los tributos de los ciudadanos, de gente desesperada muriendo en las puertas de atestados hospitales que se cerraban ante los alaridos de muchos y de difuntos arrojados a las calles como si fueran bolsas de basuras por la desesperación de sus familiares ante el temor del contagio y ante la falta de políticas públicas que dijeran qué hacer con los cuerpos insepultos.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Guayaquil, la ciudad cadáver</h4>



<p>Todo era un<br>desaguisado, un horror, un terror sin nombre y Guayaquil era la ciudad<br>cadáver en donde ocurrían todos los desastres y agonías posibles y en<br>donde en un solo día del mes de abril murieron más de 600 personas<br>por la peste. </p>



<p>Y en solo dos meses del año en curso el covid-19 se tragó más de diez mil personas. El olor de los cadáveres no solo lo sentían los familiares, lo sentíamos todos los que traficábamos por las redes sociales, reconociendo a uno y otro muerto, lamentando las tragedias tan cercanas, llenándonos de tanto miedo que hasta respirar costaba.</p>



<p>Mi amiga Glenda me llamó para comunicarme que su hermano se había muerto no del covid, sino del terror al covid. Amigos me anunciaban una<br>y otra muerte con la regularidad con que suenan las campanas para misa. </p>



<p>Poetas, artistas y pintores morían derrotados por un virus infame que no respetó sus talentos. Centenas de médicos se morían y mi esposo que es médico y de remate psiquiatra andaba naufragando en las insanias del terror. El precio de las medicinas se había disparado, las mascarillas habían desaparecido y las pocas que había eran carísimas, la gente se confeccionaba tapabocas hasta con los calcetines y brasieres y se metía en el estómago cualquier remedio que recomendaran los miles de gurús que habían florecido como hongos silvestres con la desesperación. </p>



<p>Cientos de desalmados traficaban por las redes vendiendo y revendiendo los productos de seguridad a precios astronómicos y sin ningún control. Todos transitábamos, caminábamos, llorábamos y bailábamos por las autopistas digitales que eran las únicas permitidas para transitar y eran las que, sin querer queriendo, causaban mayor pánico ante la certeza de que el pánico era global ante un virus invencible que había derrotado todos los sistemas sanitarios de seguridad del mundo.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Una historia de terror</h4>



<p>Y, como corolario, en el terror del miedo que nos inundaba a todos, en<br>la desesperación de las faltas de medicinas y de las faltas de políticas<br>públicas que mitigaran tanto horror, de ausencia de presupuestos<br>fiscales para la Salud Pública que obligó a una ministra a renunciar a su<br>puesto, nos enteramos como si fuera un detonante para una implosión<br>en la vena yugular que el flemático ministro de economía había pagado<br>más de 326 millones de capital a los tenedores de bonos privilegiando<br>las deudas sobre la pandemia que devoraba vidas en el país y, especialmente, en la “Perla” que más que perla se había convertido en<br>la boca del infierno.</p>



<p>En ese preciso instante sentí, creo sentimos, que estábamos solos<br>frente al mundo, la filosofía del ¡sálvese quién pueda!, del ¡qué chucha!,<br>nos abandonaba a nuestra suerte, en completa indefensión, y que la<br>única arma que teníamos y con la que contábamos era con nuestros<br>propios cuidados y con una disciplina militar para los más vulnerables.</p>



<p>La gente abandonó despavorida los hospitales porque habían<br>demostrado que entrar en ellos era la forma más segura de morirse y<br>no solo se morían sino que, como si fueran fantasmas, se hacían humo<br>los cadáveres, enterrados, según dicen, en fosas comunes en<br>Pascuales o podridos, unos sobre otros, en contenedores como latas<br>de atún con salmonelosis.</p>



<h4 class="wp-block-heading">La muerte sin dignidad</h4>



<p>Tengo la buena o la mala suerte de vivir cerca del hospital de los Ceibos,<br>Hospital Covid, y vi tantas cosas que podría escribir cien novelas de<br>terror y aún así no desalojar el terror de mis venas por lo que intento<br>olvidarlo por sanidad mental. </p>



<p>Irene, mi empleada, aún busca entre centenares de cadáveres, los despojos de su hermana política quien entró a un hospital público el 17 de marzo del año de la peste y desapareció para siempre del mundo, pues nunca le entregaron el cadáver a pesar de su procesión y protestas ante autoridades y hospitales; sus hijos sueñan poder enterrar a su madre y rezar sobre su<br>tumba; pero como son pobres no les hacen caso, porque no tienen voz<br>y en nuestro país el que es pobre y no tiene voz, no tiene derechos y<br>pierde hasta la dignidad.</p>



<p>Con el terror producido por tanta incertidumbre y tanta calamidad<br>resolvimos, mi esposo y yo, hacer frente a la pandemia con una<br>disciplina militar hecha de rutinas medidas con cronómetros,<br>alentándonos uno a otro y tomando todas las medidas posibles de<br>precaución, pues nuestro hijo ya nos había declarado personas<br>vulnerables a pesar de ser sanos y fuertes, porque como se sabe todo<br>hijo ve en sus padres unos carcamales y candidatos seguros a la Parca.</p>



<p>Una vez que llegaban los alimentos comprados generosamente en<br>larguísimas colas ante el Súper por nuestro hijo y dejados en la puerta<br>como ante un leprosario, mi esposo procedía a hacerle una asepsia que<br>hubiera envidiado cualquier cirujano que operara a corazón abierto y<br>que podía durar toda una mañana. </p>



<p>Hacíamos ejercicios, yo trotando alrededor de la mesa, él caminando alrededor de la cama, cien, mil, cinco mil vueltas hasta caer exhaustos. Luego consumíamos nuestro tiempo, la mayor parte del tiempo, leyendo y escribiendo.</p>



<h4 class="wp-block-heading">El arte nos salvaba</h4>



<p>Nunca mejor dicho aquello que alguna vez escribiera Rubén Darío, que<br>los seres humanos podemos salvarnos a través del arte. El arte nos<br>salvaba del terror, del miedo inconsciente que nos atenazaba y que nos<br>hacía ver en el Otro un enemigo. La lectura, la escritura, el apreciar una<br>buena película hacían el horror más soportable. </p>



<p>Los libros que tenemos a profusión en nuestra biblioteca y aquella poderosa arma mágica y digital: el Kindle, que nos acercaba a cualquier autor al instante en cualquier parte del mundo, permitiéndonos leer lo que se estaba escribiendo casi al mismo instante en que se publicaba como, por<br>ejemplo, el libro Pandemia del filósofo esloveno Slajov Zízek que se publicó en esos mismos días. Y otros libros que quizás nunca lleguen a nuestras librerías, pero que circulan y se compran en el mundo digital, deleitándonos y permitiéndonos vivir otras vidas, crecer aunque el<br>mundo estuviera en llamas, imaginar espacios menos densos, tener<br>esperanzas, poder soñar aun cuando la muerte lamiera nuestros pies.</p>



<p>Y yo me sumergía buena parte del día a escribir cuentos sobre la<br>pandemia de tal manera que escribí un libro de relatos que no sé cuándo<br>ni cómo ni dónde podré publicar y seguí batallando con novelas<br>interminables que me llenan de inquietudes y desasosiego porque me<br>esperan con sorpresas a cada paso y en cada esquina y nunca sé en<br>qué van a terminar y qué fragmentos de mi vida se van llevando consigo.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Las recetas de YouTube</h4>



<p>Comíamos una vez al día, a las 6 p. m, ayudados por YouTube que nos<br>permitía realizar platillos express, especialmente deliciosas ensaladas<br>en donde mi esposo, si la justicia existiera, debería obtener un máster;<br>y nos hicimos especialistas en las mil y una maneras de preparar<br>comida gourmet con un pollo cocido a las brasas del Supermaxi.<br>Mejoramos nuestra salud, adelgazamos maravillosamente y sin pagar<br>un solo dólar al nutricionista ni al gimnasio, de tal manera que cuando<br>regresó Irene casi lo lamentamos.</p>



<p>Y como la pandemia no ha terminado y hay brote y rebrote, seguimos<br>sumergidos en la parafernalia de cuidados que nos dejó como lección<br>esta primera pandemia y convencidos como decía Van Gogh que el arte<br>es una vacuna que “sirve para consolar a todos los que están rotos por<br>la vida” y que “a veces, las cosas más reales solo suceden en la<br>imaginación,” como escribió Carlos Ruíz Zafón a quien redescubrí en<br>esta pandemia junto con los inolvidables novelones de Alejandro Dumas<br>que amaba mi madre.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Esta historia no termina</h4>



<p>Seguimos salvándonos y reinventándonos a galope de la imaginación y sumergiendo todos los días nuestras almas (como lo hizo Tetis con Aquiles en la laguna Estigia), para volvernos invulnerables a través del arte, de la poesía y la novela, que son como llaves para la felicidad y que nos salvaron del horror de morirnos del miedo.</p>



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