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	<title>Capitalismo archivos &#8212; La Calle</title>
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	<title>Capitalismo archivos &#8212; La Calle</title>
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		<title>Ética oligárquica y espíritu capitalista &#124; Opinión</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Apr 2024 21:02:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
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<p><strong>Por:</strong> Juan Paz y Miño</p>



<p><strong>Quito, 12 abr (La Calle).-</strong> En su famoso libro <em>La ética protestante y el espíritu del capitalismo</em> (1905) el pensador alemán Max Weber (1864-1920) analizó la relación entre el pensamiento religioso protestante (calvinista, más que luterano) y el capitalismo de la Europa del Norte. Demostró que la “ética” protestante esperanzada por construir el Reino de Dios en la tierra sobre la base del trabajo personal y el hábito por alcanzar el éxito económico, favoreció el desarrollo del capitalismo. Fue una tesis que revolucionó la forma de apreciar el mundo de las ideas y su conexión con la economía. Sin duda refleja una verdad histórica si se contempla el papel jugado por el catolicismo en la colonización de América Latina y su herencia posterior, que no favoreció el desarrollo capitalista, mientras que el protestantismo resultó un factor dinamizador en los Estados Unidos. Pero la tesis weberiana queda corta para entender los procesos históricos latinoamericanos y su propio desarrollo capitalista, incluso porque el genial pensador no estudió a la región, lo cual no cabe entenderse como subvaloración de sus obras, que tienen enorme trascendencia en el pensamiento latinoamericano, como lo ha destacado, entre otros, el libro <em>Max Weber en Iberoamérica. Nuevas interpretaciones, estudios empíricos y recepción</em>, editado por Álvaro Morcillo Laiz y Eduardo Weisz (2016).<br> <br>Está suficientemente demostrado que la época colonial de América Latina, en pleno mercantilismo, sirvió para la <em>acumulación primitiva/originaria de capitales</em> en Europa. Pero fueron las independencias y el surgimiento de los Estados nacionales en la región los factores que permitieron tomar al capitalismo europeo y a la economía norteamericana como referentes para la modernización de cada país. Sin embargo, durante el siglo XIX en todos los países latinoamericanos predominaron economías agrarias, precapitalistas, con mercados internos estrangulados por la hegemonía de relaciones laborales basadas en distintas formas de servidumbre y no de trabajo asalariado libre, con comercio exterior de bienes primarios e inevitable dependencia de los centros capitalistas. Si bien contados países (Argentina, Brasil, México) montaron industrias y manufacturas en la segunda mitad del siglo XIX, el desarrollo capitalista latinoamericano es propio del siglo XX y en varios países (Bolivia, Ecuador, Paraguay, Centroamérica) solo queda definido a partir de mediados de este siglo.<br> <br>Esa extensa historia económica fue acompañada por la formación de una “ética oligárquica” que, parafraseando las ideas de Weber, impidió o limitó el “espíritu capitalista”. Su origen es colonial, de modo que la clase de antiguos criollos dominantes pasó a ser la élite constructora de los nuevos Estados. En la ideología de esas élites los “valores” oligárquicos favorecieron la implantación de repúblicas con democracias censitarias; poder político concentrado en los propietarios de tierras, comerciantes, banqueros y patronos mineros; defensa de la propiedad privada; mantenimiento de las formas serviles de trabajo agrícola, incluyendo la esclavitud (hasta su abolición a mediados del siglo XIX); superexplotación a las poblaciones indígenas (México, Guatemala, Ecuador, Perú, Bolivia y otros); clasismo, racismo y aristocratismo nobiliario frente al resto de la sociedad; tradicionalismo familiar, conservadorismo y cultura católica; localismos y regionalismos. En el combate a los conservadores, los liberales proyectaron una sociedad basada en los valores ilustrados, políticas democráticas, proclamación de derechos individuales e industrialización, pero tampoco asumieron la reforma agraria, hasta que la Revolución Mexicana (1910) la impuso marcando un nuevo proceso histórico para poner fin a los regímenes oligárquicos en la región, que se extendió en los diversos países con el avance capitalista del siglo XX.<br> <br>El desarrollo capitalista latinoamericano es fruto del despegue y crecimiento de las burguesías; pero los Estados actuaron siempre como dinamizadores centrales. De modo que los empresarios de la región han crecido bajo las alas protectoras de los Estados. El “desarrollismo” de las décadas de 1960 y 1970 no se concibe sin ese intervencionismo económico. Durante el siglo XX las reformas impuestas por distintos gobiernos con inclinaciones sociales, las inversiones en bienes, infraestructuras y servicios públicos, o la industrialización sustitutiva de importaciones, permitieron dejar atrás las oprobiosas condiciones de vida y trabajo que caracterizaron a los regímenes oligárquicos del pasado.<br> <br>Como se ha experimentado en América Latina durante las décadas finales del siglo XX, la introducción del <em>neoliberalismo</em> se asentó sobre el capitalismo en auge en la región y en el marco de la globalización transnacional con hegemonía de los EE.UU. tras el derrumbe del socialismo soviético. Provocó crecimiento y “modernización”. Pero no desarrollo con bienestar social. Y sus límites se han vuelto evidentes con el avance del siglo XXI y el renacer del neoliberalismo y su evolución al libertarianismo, porque se advierte que el viejo “ethos oligárquico” no se superó en forma definitiva sino que se mueve en un nuevo plano conceptual: achicar el Estado, privatizar todo lo público, evadir y suprimir impuestos a los empresarios, flexibilizar las relaciones laborales, re-primarizar las economías internas, fortalecer las relaciones de la dependencia externa a través de tratados de libre comercio, con ventajas al capital externo por medio de los arbitrajes internacionales, etc. El camino distinto ha correspondido a los gobiernos progresistas de la región, en tanto las reacciones oligárquicas están en pie de lucha contra ellos. Debe subrayarse que la moderna <em>ética oligárquica neoliberal/libertaria</em> se ha convertido en un freno histórico para el progreso económico y el bienestar social o el Buen Vivir, si se prefiere este término.<br> <br>Ecuador es un país que ha pasado a ser ejemplo del giro a favor de la economía neoliberal con hegemonía política oligárquica. Desde 2017, lo que se identificaba en la década de los 60 como “cuadro del subdesarrollo” está a la orden del día en todo tipo de estadísticas nacionales o de los organismos e instituciones internacionales. Se ha unido el inédito avance del crimen organizado y la delincuencia común, ante un Estado debilitado y con la institucionalidad del derecho degradada. Sin importar lo que dice la Constitución, se añade la vinculación a las geoestrategias de los EE.UU. que ahora incluye acuerdos militares tanto en Ecuador como en Argentina. En ambos se ha facultado la presencia privilegiada de personal y misiones militares, en lo que constituye un eje de acciones entre el Pacífico, el Atlántico y la Antártida en la “conflictiva” Sudamérica, poseedora de oro, cobre, petróleo, agua, litio y otros recursos “necesarios” a la seguridad nacional de los EE:UU, según las conocidas previsiones realizadas por la Comandante del Comando Sur (<a href="https://pazymino.us7.list-manage.com/track/click?u=c3e3bed0077c1d7adb5463ee7&amp;id=a416ed2047&amp;e=60262b90d7" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://t.ly/TqOpw</a>). En contraste, tampoco ha importado la ruptura de relaciones diplomáticas resuelta por México a raíz de la inconcebible incursión en su Embajada en Quito para capturar a un ex vicepresidente a quien México le había otorgado el asilo político (<a href="https://pazymino.us7.list-manage.com/track/click?u=c3e3bed0077c1d7adb5463ee7&amp;id=bec654005d&amp;e=60262b90d7" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://t.ly/NEkue</a> ; <a href="https://pazymino.us7.list-manage.com/track/click?u=c3e3bed0077c1d7adb5463ee7&amp;id=82a284011f&amp;e=60262b90d7" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://t.ly/6Nxsn</a>). Las condenas internacionales ante este hecho fueron inmediatas.<br> <br>Se trata de un cuadro histórico que no se ha vivido en Ecuador desde 1925, cuando la Revolución Juliana logró imponer el interés nacional al sector privado, principalmente bancario, que había convertido al Estado en un eslabón más de su cadena de dominación; o por lo menos desde 1944, cuando “La Gloriosa” derrumbó el renacer oligárquico bajo el gobierno de Carlos Arroyo del Río. Son fenómenos que deben llamar la atención de los estudios sobre las “nuevas derechas” y el avance del fascismo en América Latina.</p>
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		<title>Desarrollo y libertarianismo: polos opuestos &#124;Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/desarrollo-y-libertarianismo-polos-opuestos-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Jan 2024 17:17:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Cueva]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[desarrollo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Juan Paz y Miño En 1977, la prestigiosa Editorial Siglo XXI publicó el libro El desarrollo del capitalismo en América Latina, del reconocido sociólogo ecuatoriano Agustín Cueva (1937-1992), obra de interpretación histórica que ganó el Premio Ensayo promovido por la misma empresa. Agustín, con quien mantuve una cercana amistad, examinó, desde la perspectiva teórica, las [&#8230;]</p>
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<p><strong>Por: </strong>Juan Paz y Miño</p>



<p>En 1977, la prestigiosa Editorial Siglo XXI publicó el libro <em>El desarrollo del capitalismo en América Latina</em>, del reconocido sociólogo ecuatoriano Agustín Cueva (1937-1992), obra de interpretación histórica que ganó el Premio Ensayo promovido por la misma empresa. Agustín, con quien mantuve una cercana amistad, examinó, desde la perspectiva teórica, las estructuras precapitalistas como la fuente primaria del subdesarrollo de la región; trató sobre la conflictiva estructuración de los Estados nacionales y cómo se manifestaron las luchas sociales; hasta cuándo rigió el proceso de acumulación originaria de capitales y cómo se conformó el “desarrollo oligárquico dependiente del capitalismo”, las desigualdades que generó y la consolidación de los Estados oligárquicos; prosiguió con los procesos industriales y su incidencia en la superación del régimen oligárquico; las economías de la postguerra mundial en medio de la acumulación de contradicciones sociales; hasta llegar a los años 70, cuando la acumulación capitalista profundiza las desigualdades, agrava la concentración y centralización de los capitales y de la riqueza y, además, acude al fascismo abierto para mantener la nueva era del crecimiento capitalista, visible en las dictaduras del Cono Sur, a partir de la instauración de la sanguinaria dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990).</p>



<p>Desde la época de aquellos pioneros trabajos sobre el capitalismo latinoamericano entre los cuales destacó el de Cueva, han pasado cuatro décadas y media. Las investigaciones han crecido sobre todo por el fortalecimiento que adquirió la <em>economía política</em> entre las ciencias sociales de la región. De manera que hemos avanzado no solo en conocimientos, sino en el esclarecimiento de épocas pasadas y en la previsión de lo que determina el presente histórico. Hoy está muy claro que el <em>modelo neoliberal</em> adquirió su definitiva fisonomía en las décadas de 1980 y 1990. Su consolidación estuvo en manos del FMI, el capital transnacional y, sobre todo, la acción de gobiernos latinoamericanos que, bajo el supuesto de que el neoliberalismo era la alternativa mundial una vez derrumbado el socialismo de tipo soviético, adhirieron a la “nueva” ideología, convertida en la causa definitiva de las burguesías latinoamericanas. Las consecuencias del que podríamos llamar “primer ciclo neoliberal en América Latina”, son desastrosas, por cualquier lado que se examine. Las informaciones y estadísticas lo comprueban, y basta con acudir por internet a los diversos documentos publicados, ante todo, por la CEPAL, pero también por el FMI, el BM, el PNUD o la OIT. Y, más allá de los “datos”, están las vivencias de los pueblos, que han sido afectados por el incremento del desempleo, el subempleo, el arrastre de los derechos laborales, sociales y ambientales.</p>



<p>Ante semejante cuadro cabe preguntar si el neoliberalismo trajo algún “desarrollo” para América Latina. Sin duda, ocurrió un claro avance y modernización del capitalismo. Hasta podría decirse que hubo “desarrollo” dentro del subdesarrollo capitalista histórico que sigue caracterizando a la región; pero en ningún caso se produjo desarrollo con bienestar social y capaz de, por lo menos, aliviar el abismo entre ricos y pobres, que ha hecho de América Latina la región más inequitativa del mundo. Como reacción a ese primer ciclo neoliberal sobrevino el primer ciclo de gobiernos progresistas y de nueva izquierda, que promovieron <em>economías de tipo social</em>, cuyos logros contrastan con los del neoliberalismo e igualmente cuentan, para los “datos” necesarios, con el mismo tipo de informes de los organismos internacionales, además de los estudios nacionales, en cada país.</p>



<p>Como en una especie de reacción pendular, continuó el segundo ciclo neoliberal, sucedido por un tibio y focalizado segundo ciclo progresista. Pero son las insuficiencias y límites del neoliberalismo los que han provocado que surja una nueva opción capitalista: el <em>libertarianismo anarco-capitalista</em>, que por primera vez en la historia ha triunfado en Argentina con el presidente Javier Milei. Como se observa desde toda la región, el intento por construir la utopía del mercado libre y de la empresa privada absoluta, sin Estado, ha adquirido una velocidad insospechada y las reformas pretendidas a través de la ley DNU (<a href="https://pazymino.us7.list-manage.com/track/click?u=c3e3bed0077c1d7adb5463ee7&amp;id=9ae6f7bf18&amp;e=60262b90d7" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://t.ly/TB-3D</a>) y del decreto “ómnibus” (<a href="https://pazymino.us7.list-manage.com/track/click?u=c3e3bed0077c1d7adb5463ee7&amp;id=95f883e2d3&amp;e=60262b90d7" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://t.ly/2pO6a</a>) amenazan con arrasar todo lo que signifique obstáculo al sueño del paraíso del empresariado privado, un proceso que no se ha intentado en los Estados Unidos o Japón y peor en Europa, donde rigen economías sociales, a pesar de los medianos avances neoliberales. No se ha descartado la imposición de la utopía libertaria a cualquier costo y, de ser necesario, con la represión a todo movimiento social, con lo cual se está conformando una nueva época de <em>democracia-restringida</em> que utilizará a las fuerzas armadas y policías al servicio de la “casta” de capitalistas, como ya ocurrió en Argentina durante la dictadura militar 1976-1983. </p>



<p>Volviendo a Agustín Cueva, América Latina se halla en una etapa de aguda confrontación entre clases sociales, reviven los intereses oligárquicos, se afirman las estrategias americanistas en alianza con las burguesías internas, quedan traumatizadas las instituciones del Estado y en camino a la picota los derechos históricamente conquistados por los pueblos de la región. Esto no es desarrollo. Es la profundización del subdesarrollo histórico, que posterga el bienestar colectivo y la posibilidad de promover mejores condiciones de vida y trabajo para las poblaciones.</p>



<p>Para remate de este movimiento acelerado de la historia, en Ecuador el bloque de poder empresarial-neoliberal y derechista, constituido desde 2017 gracias al gobierno de Lenín Moreno (2017-2021), ha convertido al país en el más inseguro de América Latina durante ese gobierno y más profundamente en el de Guillermo Lasso (2021-2023), un primer y tibio ensayo “libertario”, que resultó un fracaso. Y no hay, hasta el momento, ni un solo signo de que el desarrollo con bienestar social podrá despegar en algo con el transitorio gobierno de Daniel Noboa. El interés se ha concentrado en crear zonas francas, las alianzas público-privadas, la reforma laboral y el fortalecimiento de la represión para tratar de detener el imparable avance de la delincuencia organizada, una política que desea obtener respaldo popular mediante la convocatoria a una consulta popular, en la que, de paso, se introduce una pregunta para revivir “casinos, salas de juego, casas de apuestas o negocios dedicados a la realización de juegos de azar” (<a href="https://pazymino.us7.list-manage.com/track/click?u=c3e3bed0077c1d7adb5463ee7&amp;id=61dbe5c94c&amp;e=60262b90d7" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://t.ly/YU8mr</a>), que son, paradójicamente, los vehículos a través de los cuales se logra “lavar” los dineros irregulares, como bien se conoce en el mundo. Desde la perspectiva económica, todo apunta a la continuidad del neoliberalismo, ahora más adecuado a los intereses de la que ha pasado a ser la burguesía más tercermundista en la región.</p>
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		<title>Economías neoliberales, pero primario-exportadoras &#124; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/economias-neoliberales-pero-primario-exportadoras-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 Dec 2023 16:27:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Economías]]></category>
		<category><![CDATA[EE.UU]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Juan Paz y Miño Los países capitalistas centrales (Inglaterra, Europa Occidental, Estados Unidos) han sido la cuna de las revoluciones industriales del capitalismo. Aunque no existe un acuerdo general sobre la existencia de cuatro o cinco revoluciones industriales, también hay consenso en cuanto a los siguientes procesos: la Primera Revolución Industrial, durante la segunda [&#8230;]</p>
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<p><strong>Por:</strong> Juan Paz y Miño</p>



<p>Los países capitalistas centrales (Inglaterra, Europa Occidental, Estados Unidos) han sido la cuna de las revoluciones industriales del capitalismo. Aunque no existe un acuerdo general sobre la existencia de cuatro o cinco revoluciones industriales, también hay consenso en cuanto a los siguientes procesos: la Primera Revolución Industrial, durante la segunda mitad del siglo XVIII, se basó en la máquina de vapor y es el punto de partida del sistema capitalista. Nació en Inglaterra y se difundió en Europa y EE.UU. durante el siglo XIX. Su impacto en la producción material y en el cambio social fue estudiado por economistas clásicos, entre quienes puede distinguirse la polaridad de enfoques, como se advierte entre Adam Smith y Karl Marx. </p>



<p>La segunda tuvo como ejes de cambio a la electricidad, el petróleo y los elaborados químicos, que transformaron la vida humana desde inicios del siglo XX. Nacida en los EE.UU., acompañó su consolidación como potencia hegemónica en el mundo, al mismo tiempo que fundamentó el desarrollo del imperialismo, con la expansión de las gigantes empresas monopólicas en una nueva era capitalista que también adelantó a Europa. La tercera Revolución Industrial nació igualmente en los EE.UU. y está asociada con la energía atómica y la electrónica; mientras la cuarta, propia del siglo XXI, se vincula con el internet y las energías renovables, con base en una gama de países que ya no solo incluye a las regiones tradicionales, sino que ha potenciado a Estados del Oriente, Rusia y China. </p>



<p>Las Revoluciones Industriales no se originaron en América Latina, pero fueron asimiladas por los distintos países de la región a diversos ritmos históricos. Estados nacidos de revoluciones independentistas que colocaron en el poder a elites criollas, mantuvieron largamente estructuras económicas precapitalistas, basadas ampliamente en relaciones de servidumbre en los campos, donde predominaron haciendas, latifundios y plantaciones (con esclavos hasta mediados del siglo XIX) así como comerciantes y pocas familias de banqueros, en los que se encuentran los núcleos incipientes de burguesías. Manufacturas y ferrocarriles movidos por máquinas de vapor eran visibles en grandes países como México, Argentina o Brasil y con presencia escasa o nula en otros países. El capitalismo latinoamericano despega y se desarrolla al compás del siglo XX, con la incursión de empresas imperialistas, el crecimiento de la industria y la modernización inducida por inversiones estatales en infraestructuras (sobre todo extensión de la electrificación) que modernizaron ciudades y crearon condiciones materiales para el desarrollo de la industria. Igualmente, como en un proceso escalonado, son los grandes países latinoamericanos los primeros en industrializarse, seguidos por otros con mediano avance (Colombia, Chile, Perú, Venezuela) y el resto con baja industrialización que solo despega en la década de 1960. </p>



<p>Sin embargo, la gran mayoría de países latinoamericanos continúan dependiendo del sector primario exportador (bienes agrícolas, minerales, petróleo) y los más pequeños carecen de capacidades para competir con exportaciones del sector secundario (manufacturas, industria) y solo internamente han desarrollado el área de construcciones. </p>



<p>Este tipo de desarrollo capitalista, dependiente y al mismo tiempo “subdesarrollado”, ciertamente ha provocado la modernización capitalista de los países latinoamericanos, pero sin crear condiciones generalizadas para la promoción de mejoras en la calidad de la vida y el trabajo de enormes sectores de población. Hasta hoy, en los distintos países hay un sector de población desocupada y, sobre todo, subocupada, que mantiene y reproduce el capitalismo-subdesarrollado de América Latina. Todos estos procesos han sido ampliamente estudiados por una abundante bibliografía. Y han conllevado a una situación actual conflictiva: en plena globalización multilateral, que consolida un nuevo mundo multicentral/multipolar, el neoliberalismo latinoamericano, tan persistente desde la década de 1980, no ha sido capaz de superar la matriz primario exportadora, ni de promover un desarrollo industrial y tecnológico. Ecuador puede servir de ejemplo sobre un proceso incluso inverso: la década del gobierno de Rafael Correa (‪2007-2017‬) tuvo la intención de cambiar la matriz productiva y desarrollar una economía social para el Buen Vivir. Los logros en progreso social y desarrollo fueron importantes y están reconocidos por informes nacionales e internacionales. En lugar de, por lo menos, mantener lo logrado, el gobierno de Lenín Moreno literalmente destruyó fuerzas productivas y provocó un retroceso económico y social del país, sin precedentes. Pero el gobierno de Guillermo Lasso, continuador de la obra de Moreno, tampoco se propuso revertir esa situación, pues solo se orientó por las consignas empresariales-oligárquicas para convertir al país en un paraíso de las rentabilidades privadas, bajo un desastre institucional y el crecimiento inédito de la inseguridad. Sin duda, el ascenso de Daniel Noboa a la presidencia contó con el respaldo electoral de la mayoría del país; pero eso no impide observar las perspectivas históricas. Es evidente que se trata de un nuevo gobierno empresarial. Y, conociendo las mentalidades y consignas bajo las cuales se mueve la elite dominante, no hay ninguna señal que permita observar que habrá un cambio en el modelo de economía empresarial-neoliberal seguido por el país desde hace seis años. </p>



<p>Para América Latina hay un problema generalizado: no cuenta con una burguesía capaz de cumplir el papel revolucionario que Marx observaba en las burguesías europeas que impulsaron el capitalismo. No son capaces de provocar las transformaciones de la región y mucho menos para impulsar procesos de economías sociales que, como las europeas o la canadiense, puedan brindar a sus poblaciones algo de seguridad y protección a sus vidas y su trabajo. Más preocupadas por garantizar el sistema que aprovecha mejor a sus fáciles rentabilidades, el neoliberalismo es una ideología acomodada a su visión del mundo y no sujeta a las ideas originales de sus fundadores como Hayek, Von Mises o Friedman que, por cierto, analizaron y observaron a los EE.UU. y a los grandes países centrales, pero no las economías de América Latina. El neoliberalismo resulta así una teoría extraña a las necesidades latinoamericanas. Pero sigue vigente y continúa haciendo daño. Con el éxito electoral de Javier Milei en Argentina, el libertarianismo anarco-capitalista toma el poder para guiarse por conceptos que están aún más a la derecha económica y política de lo que ha logrado el neoliberalismo. Ya hay síntomas que su “ejemplo” será seguido en otros países latinoamericanos. </p>



<p><strong>Puede interesarle:</strong> <a href="https://radiolacalle.com/noboa-y-milei-tan-lejos-y-tan-cerca/">Noboa y Milei: ¿tan lejos y tan cerca?</a></p>
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		<title>De la Gran Depresión al neoliberalismo</title>
		<link>https://lacalle.media/de-la-gran-depresion-al-neoliberalismo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Aug 2023 14:58:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Gran Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>por Juan Paz y Miño CepedaHistoriador La inédita Gran Depresión, desencadenada en 1929 con el crac de la bolsa de valores de New York, tuvo graves repercusiones, durante una década, sobre la economía capitalista mundial. También afectó a Latinoamérica, incidiendo en la caída de sus exportaciones, encareciendo las importaciones, volviendo impagables las deudas externas, con [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right">por <strong>Juan Paz y Miño Cepeda</strong><br>Historiador</p>



<p>La inédita Gran Depresión, desencadenada en 1929 con el crac de la bolsa de valores de New York, tuvo graves repercusiones, durante una década, sobre la economía capitalista mundial. También afectó a Latinoamérica, incidiendo en la caída de sus exportaciones, encareciendo las importaciones, volviendo impagables las deudas externas, con estrangulación a los ingresos estatales y freno a las inversiones públicas y privadas. Si en los Estados Unidos crecieron el desempleo y la miseria, en América Latina estas consecuencias sociales se agigantaron, además de ocasionar inestabilidades políticas e institucionales.<br> <br>En los EE.UU. y Europa la crisis demostró el descontrol al que había llegado el modelo de “libre competencia”. En América Latina, en cambio, con economías subdesarrolladas y solo contados países en despegue capitalista, la crisis evidenció la persistencia de los <em>regímenes oligárquicos</em>. Para solucionar la crisis, el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt (1933-1945) ensayó inéditas políticas económicas y sociales que rompieron con los dogmas de la teoría económica liberal clásica. Implantó el <em>New Deal</em>, que inauguró el activo papel del Estado: sancionó a empresarios deshonestos; hizo grandes inversiones públicas; reguló precios e intereses; impuso altos impuestos particularmente sobre rentas; estableció el sistema de seguridad social y garantizó derechos laborales; otorgó subsidios y ayudas (“bonos”) para pobladores en situación precaria; generó empleo en todo tipo de actividades; reimpulsó el consumo interno, que sirvió para levantar la oferta. En cien días la crisis fue controlada. En los sucesivos años las nuevas políticas destinadas a crear una <em>economía social del bienestar </em>en los EE.UU. fueron reforzadas y Roosevelt fue reelecto por tres ocasiones.<br> <br>Bajo el marco de la crisis mundial, en Europa, la trilogía <em>fascismo,nazismo </em>y<em> falangismo</em> fue la respuesta política ante el avance de los partidos comunistas y los radicales movimientos de los trabajadores en Italia, Alemania y España, respectivamente. Pero una vez concluida la II Guerra Mundial (1939-1945), en los países europeos se extendió el modelo de <em>economía social de mercado</em>, como base de sus <em>Estados de bienestar</em>. En esencia, igualmente rompiendo con la ortodoxia liberal, se implantó la activa participación del Estado en la economía, con generalización de la seguridad social pública, amplias garantías a los derechos de los trabajadores y fuertes impuestos.<br> <br>En América Latina fue difícil superar las <em>economías del subdesarrollo</em>, porque el despegue capitalista exigió derrocar la hegemonía oligárquica. Con la Revolución de 1910 y la pionera Constitución social de 1917, México inició el proceso de superación del régimen oligárquico; pero las bases para una economía de tipo social se afirmaron con el presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940). En Brasil, un camino similar se logró durante el gobierno de Getulio Vargas (1930-1945) y la implantación del <em>Estado Novo</em>. En Argentina fue Juan Domingo Perón (1946-1955) quien buscó consolidar un Estado de bienestar. Los tres gobernantes “populistas”, así calificados por la literatura sociológica clásica, con las contradicciones y límites que se quiera señalar, ejemplifican la búsqueda de una economía social, distante de los postulados de la economía capitalista de libre competencia.<br> <br>La posibilidad de crear economías de tipo social y con Estados de bienestar en otros países latinoamericanos también rondaron en las décadas de 1920 y 1930. Uruguay, por ejemplo, inició ese camino en 1925, Costa Rica igual y Ecuador a partir de la Revolución Juliana y sus gobiernos entre 1925-1931. Pero es en las décadas de 1960 y 1970, con el despegue del <em>desarrollismo</em> como modelo industrial y de fuerte intervencionismo estatal, cuando propiamente se logró superar los regímenes oligárquicos e impulsar el definitivo desarrollo capitalista de la mayoría de los países latinoamericanos. En varios de ellos, como ocurrió en Ecuador, incluso favoreció el programa Alianza para el Progreso impulsado por EE.UU., que las oligarquías tradicionales resistieron y tildaron de “comunista”.<br><br>A pesar de los recurrentes procesos históricos para implantar economías sociales, comparables con las de Europa o Canadá e incluso con los EE.UU. de antes de la “reforma neoliberal” inaugurada por el presidente Ronald Reagan (1981-1989), quien abandonó el modelo rooseveltiano e implantó el neoliberalismo, en América Latina no lograron mantenerse ni consolidarse economías de bienestar. Permanentemente existió el freno de las oligarquías tradicionales y de las nuevas burguesías, porque su acumulación de riqueza dependió siempre de disminuir capacidades a los Estados, recortar impuestos a sus rentabilidades y negocios, pero sobre todo, explotar la fuerza de trabajo, en lo que existe una larga historia que bien puede remontarse a la época colonial.<br><br>El neoliberalismo introducido en la región en las décadas finales del siglo XX liquidó todo proyecto de economía social. Fue un retorno al capitalismo de “libre competencia”, con las consignas de reducir capacidades estatales, privatizar bienes y servicios públicos, suprimir impuestos, pero, sobre todo, flexibilizar las relaciones laborales, arrasando los derechos de los trabajadores. Las nefastas consecuencias de ese modelo se hallan en cualquier país latinoamericano. De manera que fueron los gobiernos del primer ciclo progresista en la primera década del siglo XXI, los que retomaron la construcción de economías sociales, bajo circunstancias históricas distintas a las del pasado. Lograron recuperar las capacidades del Estado, hacer amplias inversiones públicas, fortalecer y extender los servicios públicos, imponer sistemas redistributivos de la riqueza, así como garantizar derechos sociales, laborales y ambientales, al mismo tiempo que conducir políticas internacionales basadas en principios soberanistas, nacionalistas y latinoamericanistas.<br> <br>Tras ese ciclo llegaron restauraciones conservadoras que revivieron la vía neoliberal. Sin embargo, en el segundo ciclo progresista, nuevamente se intenta restaurar economías sociales. En México, el presidente Manuel López Obrador alteró el pasado, inaugurando el nuevo rumbo. En apenas seis meses el presidente Lula da Silva retomó las reformas con significativo mejoramiento de las condiciones sociales en Brasil. En Colombia avanza el presidente Gustavo Petro, al mismo tiempo que encara la consolidación de la paz. En Argentina, el presidente Alberto Fernández es otro ejemplo del camino progresista. Pero en todos los países despiertan las furibundas resistencias de las elites económicas del poder. No están dispuestas a que se derrote al neoliberalismo con economías sociales a las que ahora bautizan de “comunistas”. Y en este juego de fuerzas opuestas, las elecciones presidenciales de Ecuador del próximo 20 de agosto reflejan las mismas circunstancias históricas que vive Latinoamérica: amplios sectores progresistas que ansían el bienestar, contrapuestos a elites privadas que solo se interesan por asegurar los buenos negocios, en las mejores condiciones de rentabilidad, sin propuestas sociales.</p>



<p class="has-text-align-right">Foto: <strong>CELAG</strong></p>
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		<title>América Latina presionada por imperios occidentales &#124; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/america-latina-presionada-por-imperios-occidentales-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Apr 2023 11:57:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[Brics]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>por Juan Paz y Miño CepedaHistoriador La formación de los imperios en la era del capitalismo, siempre se vinculó al dominio sobre territorios y países. Ese proceso nació en el siglo XVI, con el mercantilismo, época que se extendió hasta el siglo XVIII. América, como continente, fue colonizada por grandes potencias europeas, a la cabeza de las [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">por <strong>Juan Paz y Miño Cepeda</strong><br>Historiador</p>



<p>La formación de los imperios en la <em>era del capitalismo</em>, siempre se vinculó al dominio sobre territorios y países. Ese proceso nació en el siglo XVI, con el <em>mercantilismo</em>, época que se extendió hasta el siglo XVIII. América, como continente, fue colonizada por grandes potencias europeas, a la cabeza de las cuales se colocó España, un reino unificado y centralizado precisamente en 1492 por los Reyes Católicos. El dominio colonial español permanentemente tuvo como adversarios a Inglaterra y Francia, aunque los conflictos fueron menores con Portugal y otras monarquías europeas. El mercantilismo en Europa y el coloniaje en América fueron las dos caras de la misma moneda.</p>



<p>La relación mercantilismo/coloniaje fue la base de lo que K. Marx denominó como&nbsp;<em>acumulación originaria de capitales</em>, que preparó el surgimiento del capitalismo como sistema consolidado a partir de la I Revolución Industrial. En esa consolidación se produjeron las Revoluciones de Francia (1789), que representó el ascenso de la burguesía y el fin del feudalismo, así como la Revolución Estadounidense (1776), que expresó el triunfo de una nación para poner fin al colonialismo y establecer un país soberano bajo la forma republicano-democrática. En el marco histórico del surgimiento de la Edad Contemporánea también se produjeron las revoluciones independentistas en América Latina, que se iniciaron en Haití (1804), continuaron con la fase de las Juntas (1809-1812) y prosiguieron con las prolongadas guerras, hasta 1824. El resultado fue el nacimiento de los diversos Estados latinoamericanos, que finalmente adoptaron la forma republicana-democrática de gobiernos presidenciales (los imperios en México y Brasil resultaron temporales), siguiendo el modelo político de los EE.UU.</p>



<p>Bajo el capitalismo las relaciones mundiales adquirieron nueva estructura. Durante el siglo XIX Inglaterra mantuvo la hegemonía; pero en el XX ésta giró y los EE.UU. consolidaron su expansión imperialista. América Latina, que había soñado en su propio camino soberano una vez alcanzadas las independencias, fue una región que inevitablemente afirmó los lazos de la dependencia frente a las potencias hegemónicas.</p>



<p>En este marco, la historiografía tradicional buscó los rasgos comunes que identificaran a Europa con los EE.UU. y, además, con América Latina, a fin de generar la idea de pertenencia de las tres regiones a un mismo mundo. El trabajo pionero de los historiadores Jacques Godechot y R.R. Palmer en&nbsp;<em>Le Problème de l’Atlantique au XVIIIème siècle</em>&nbsp;(1955) ya habló de una “comunidad atlántica” que vinculaba específicamente a Europa y Norteamérica, sin referirse a Latinoamérica. Bajo las condiciones de la Guerra Fría se forjó un nuevo criterio, con una maniquea división: Europa, los EE.UU. y América Latina, pertenecían al “mundo libre”, al mundo de la “democracia”, mientras la URSS, Europa del Este, China, y en nuestro continente Cuba, formaban parte de la “esclavitud comunista”. Quedó fijada la idea de una esfera civilizatoria localizada en el mundo Occidental, que debía guiar el camino histórico de todos los otros confines de la Tierra.</p>



<p>La conmemoración de los bicentenarios independentistas latinoamericanos fue la oportunidad para el desarrollo de una renovada historiografía que ha servido para esclarecer, entender y ampliar los conocimientos y explicaciones sobre las revoluciones anticoloniales. Pero igualmente se difundieron obras que han tratado de sostener que las revoluciones criollas fueron una especie de reflejo de los acontecimientos en Europa (idea que se remonta a Hegel) o que simplemente formaron parte de un momento especial del desarrollo de la comunidad hispánica omnipresente hasta la actualidad. En refuerzo de la hispanidad, el libro de Borja Cardelús&nbsp;<em>América Hispánica</em>&nbsp;(2021) exalta los legados de España en América, algo incuestionable; pero no se comprende la magnitud histórica de las independencias, que rompieron con el coloniaje en los albores del capitalismo. Y en estos contextos historiográficos ha madurado la idea de que las independencias formaron parte de los procesos de la “comunidad atlántica” e incluso de las “revoluciones atlánticas”.</p>



<p>Finalmente, la guerra en Ucrania ha provocado que se retome la ideología de la occidentalidad, para tratar de alinear a América Latina en el conflicto, pero a favor de Europa y los EE.UU. Incluso Zelenski busca ganar el apoyo de América Latina a su causa y trataría de plantear una cumbre con los . Bajo el supuesto de que nuestra región pertenece a la misma esfera histórica del Atlántico, de Occidente, de la Hispanidad o del mundo libre y democrático, los imperialismos del presente no están dispuestos a comprender ni admitir que América Latina está definiendo sus propias posiciones soberanas ante el conflicto, que han sido encabezadas por los presidentes Andrés Manuel López Obrador en México e Inácio Lula da Silva en Brasil.</p>



<p>Debería quedar en claro que América Latina condena la guerra en Ucrania, no respalda a Rusia, tampoco a la OTAN, no tiene una posición “indefinida”, sino que reclama acciones concretas que no escalen el conflicto, sino que lo solucionen bajo la guía de la paz como principio rector de la diplomacia latinoamericana. El mismo principio de la paz como política internacional está correlacionado con el reconocimiento de la multipolaridad que avanza indetenible en el mundo y que permite que la región mantenga crecientes lazos económicos con China. La no alineación retoma, con alcances actuales, los ideales que movieron al Tercer Mundo desde la Conferencia de Bandung, en 1955.</p>
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		<title>¿Tenía razón Marx?</title>
		<link>https://lacalle.media/tenia-razon-marx/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Jan 2023 17:45:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Karl Marx]]></category>
		<category><![CDATA[Marx]]></category>
		<category><![CDATA[neoliberal]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>por Thomas Schulz, Susanne Beyer &#38; Simon Book El capitalismo clásico ya no funciona. Pero impulsadas por las crisis mundiales cada vez más recientes y el inminente colapso climático, están surgiendo ideas concretas de reforma: menos crecimiento, más objetivos estatales. Últimamente parece que Ray Dalio lee por las mañanas «Das Kapital» de Karl Marx en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">por <strong>Thomas Schulz</strong>, <strong>Susanne Beyer</strong> &amp; <strong>Simon Book</strong></p>



<p><strong><em>El capitalismo clásico ya no funciona. Pero impulsadas por las crisis mundiales cada vez más recientes y el inminente colapso climático, están surgiendo ideas concretas de reforma: menos crecimiento, más objetivos estatales.</em></strong></p>



<p>Últimamente parece que Ray Dalio lee por las mañanas «Das Kapital» de Karl Marx en lugar del «Wall Street Journal» en su mansión de 2000 metros cuadrados. «El capitalismo ya no funciona así para la mayoría de la gente», dice Dalio. Hasta ahora, el hombre no ha sido sospechoso de ser afín a tendencias socialistas. Es el fundador del mayor fondo de cobertura del mundo. Según las estimaciones, posee unos 22.000 millones de dólares. Su biblia de gestión «Los principios del éxito», de lectura obligatoria para los futuros banqueros de inversión, ha vendido dos millones de ejemplares.</p>



<p>Pero ahora dice este tipo de frases sobre el capitalismo: «Si las cosas buenas se exageran, amenazan con destruirse a sí mismas. Deben evolucionar o morir». La riqueza y la prosperidad sólo se distribuyen de forma unilateral, los que una vez fueron pobres siguen siéndolo, apenas hay rastro de igualdad de oportunidades. Dalio exige que se ponga fin a esto. El capitalismo necesita una reforma urgente y fundamental. De lo contrario, perecerá, y merecidamente.</p>



<p>Dice mucho sobre el estado del mundo cuando los supercapitalistas suenan de repente como fans de Karl Marx.</p>



<p>En principio, la crítica al capitalismo no es nada nuevo. Pero en los albores del cuarto año de la pandemia y el segundo de la guerra de Ucrania, está cobrando una fuerza notable. Demasiadas cosas ya no funcionan: la globalización se desmorona y con ella el modelo alemán de prosperidad. El mundo se atrinchera en bloques hostiles. La inflación hace que ricos y pobres se distancien cada vez más. Se han incumplido casi todos los objetivos climáticos. Y los políticos ya no pueden seguir parcheando todas las grietas siempre nuevas del sistema.</p>



<p>Los llamamientos en favor de un nuevo orden económico arrecian ahora desde todos los rincones, a menudo sorprendentemente desde los más insospechados: El «Financial Times», portavoz internacional de los mercados financieros, anunció que había llegado la hora de que el neoliberalismo se retirara de la escena mundial: ahora el Estado debe tomar el relevo. En las empresas, desde Bosch hasta Goldman Sachs, se habla de poner por fin los intereses sociales por encima de los de los accionistas.</p>



<p>En muchos lugares, gobiernos y sedes empresariales, pensadores intelectuales y pragmáticos se plantean una pregunta fundamental: ¿Podemos seguir con este orden económico? ¿Con un capitalismo asesino del clima que se recorta para conseguir más y más: más y más consumo, beneficio, crecimiento? ¿Y que al mismo tiempo produce cada vez más y más injusticia?</p>



<p>El Club de Roma ya planteó esta cuestión en 1972, pero durante mucho tiempo sólo se debatió teóricamente, o más bien ideológicamente. Sonaba a JuSos (organización juvenil de los socialdemócratas alemanes) y fundamentalistas verdes. Pero ahora, hay muchos indicios de que el capitalismo ha pasado su mejor momento. Al menos en su forma desatada de los últimos 50 o 60 años.</p>



<p>Eso suena a que se necesita un giro ¿Pero otro giro más? La mera palabra puede hacer que muchos retrocedan cansados [&#8230;] Pero la situación podría invertirse de forma positiva: Por fin existe una posibilidad real de desarrollar un capitalismo más suave. Más justo. Más sostenible.</p>



<p>En el pasado, el capitalismo industrial proporcionaba una prosperidad y un crecimiento tan constantes que nunca fue posible aplicar enfoques fundamentalmente nuevos sobre cómo queremos gestionar, trabajar y compartir. La historia demuestra que mientras el sistema produzca suficientes ganadores, incluso sus excesos más evidentes son difíciles de revertir.</p>



<p>Mientras tanto, sin embargo, las debilidades son tan evidentes que no hace falta recurrir a teóricos como Marx o Thomas Piketty («El capital en el siglo XXI»): La globalización se nos ha ido de las manos, casi todas las ganancias de prosperidad acaban en manos del diez por ciento más rico de la población. El consumo demencial de recursos está arruinando el planeta. La industria financiera se entrega a nuevos excesos.</p>



<p>El historiador económico británico Adam Tooze lo expresa así: «Bienvenidos al mundo de la policrisis». Un gran problema sigue al siguiente, y todos están interconectados. Crisis energética, guerra comercial, guerra mundial en ciernes. La democracia está siendo atacada por populistas y autócratas.</p>



<p>Hasta hace poco, se habría propuesto una solución a todos estos problemas: El mercado lo resolverá. Pero, ¿quién se lo cree seriamente hoy en día todavía? Sobre todo teniendo en cuenta el gran multiplicador de todas las distorsiones, la crisis climática.</p>



<p>Al menos muy pocos jóvenes lo hacen. Desde hace años, en los países industrializados se extiende una cólera palpable contra el capitalismo: No por razones ideológicas, sino porque los alquileres se disparan, porque la propiedad se ha vuelto inasequible. ¿Por qué aceptar una máquina de prosperidad que devora recursos si ya no produce prosperidad para todos? ¿Bajo estas circunstancias no sería mejor trabajar sólo cuatro días a la semana, por ejemplo?</p>



<p>En Japón, un joven profesor de filosofía se convirtió en una estrella con una crítica ecológica del capitalismo basada en Marx. Marx, dice Kohei Saito, ya había reconocido los peligros para el planeta hace 150 años, ahora es el momento de tomarse en serio sus propuestas: No más crecimiento. Simplemente hay que distribuir mejor la riqueza existente.</p>



<p>Ya existen ideas para un orden más justo, más ecológico y que siga siendo de libre mercado. Las propuestas de ese capitalismo más suave proceden de campos ideológicos muy diversos, pero se pueden discernir líneas comunes: menos mercado, más Estado controlador y menos crecimiento por las buenas o por las malas. Llama la atención que a menudo sean pensados por mujeres economistas, filósofas y políticas. Un orden mundial más femenino también tendría su mérito.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>I. Por qué los millennials vuelven a pensar que Marx es bastante bueno: La búsqueda de una vida sin estrés y respetuosa con el clima</strong></h3>



<p>Los últimos 30 años han sido muy buenos. Los ingresos de los hogares alemanes subieron constantemente, un 25% entre 1995 y 2019. La economía: una única historia de crecimiento, con sólo algunas interrupciones menores. En definitiva, las cosas aparentemente han mejorado en todos los países industrializados occidentales. Todas las cifras y datos parecen demostrarlo: El capitalismo moderno funciona muy bien en equilibrio.</p>



<p>¿Pero dónde están los aplausos? Especialmente entre los jóvenes, menores de 30 años, surgen en cambio emociones completamente distintas: frustración, resignación, ira. Y un nuevo amor por las ideas socialistas. En Estados Unidos, el 49% de los jóvenes de 18 a 29 años tiene una opinión positiva del socialismo. La congresista Alexandria Ocasio-Cortez, de 32 años, que se autodenomina «socialista democrática» y exige un impuesto sobre la renta del 70% para las rentas más altas, es una estrella con más de 20 millones de seguidores en las redes sociales. Casi la mitad de los alemanes cree que el capitalismo ha llevado al mundo a la crisis climática, según una encuesta representativa realizada por el instituto de estudios de opinión Civey por encargo de SPIEGEL.</p>



<p>El diario británico «The Economist» ya ve «el regreso del socialismo» porque ofrece una crítica acertada de todo lo que ha ido mal en las sociedades occidentales. Y hay muchas cosas que andan mal, dice Carla Reemtsma, de 24 años, portavoz de Fridays for Future en Alemania.</p>



<p>«Ni un solo país del mundo ha conseguido hacer crecer su producto interior bruto utilizando menos recursos y emitiendo menos CO₂», afirma Reemtsma. A ella y a muchos otros de su edad no les preocupan las cuestiones políticas individuales, sino el panorama general: «Con un cambio fundamental del sistema que haga posible una vida mejor para todos, no sólo para unos pocos».</p>



<p>Cuando se le pregunta qué quiere decir con esto, Reemtsma afirma que «nosotros como sociedad» deberíamos «volver a ocuparnos de las cosas colectivamente». Por ejemplo, el transporte: en lugar de subvencionar los coches individuales, el Estado debería promover el uso compartido del coche, la expansión del ferrocarril y los carriles bici, de los que todos se benefician. Para Reemtsma, el billete de 9 euros por mes para el transporte ferroviario en toda Alemania, que el Gobierno introdujo durante tres meses en verano, es un ejemplo positivo de cómo podrían funcionar las cosas en el futuro: Pensado como un alivio social, un pasaje de tren tan económico era al mismo tiempo ecológicamente sensato.</p>



<p>Reemtsma estudia «economía de los recursos» en Berlín. No cree en el principio de crecimiento, ni en el principio de maximización de ganancias y beneficios. Reemtsma, tan segura y ágil en sus pensamientos como si tuviera diez años más, imagina una «economía orientada al bien público». Acompañado de una política más activa: «Si regulas la protección del clima principalmente a través del mercado, tendremos un problema social».</p>



<p>No acepta el argumento de muchos empresarios de que los elevados costes de una producción más amigable con el medio ambiente ponen en peligro los puestos de trabajo: «Las empresas automovilísticas obtienen enormes beneficios y siguen subcontratando trabajos más sencillos a empresas de trabajo temporal, trabajadores precarios que luego tienen que hacer frente al dumping salarial. No veo que las empresas se preocupen por el bienestar de los trabajadores.</p>



<p>¿Suena demasiado a idealismo juvenil o a activismo de izquierdas? Glenn Hubbard, catedrático de Finanzas de la Columbia Business School y en su día principal asesor económico del entonces Presidente de EE.UU. George W. Bush, no suena muy distinto: «Un sistema económico de éxito permanente debe elevar el nivel de vida del mayor número posible de personas. Parece cuestionable que el capitalismo actual permita amplias ganancias de prosperidad». En cambio, dice, aporta mucha prosperidad a unos pocos.</p>



<p>Según el Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), el diez por ciento más rico posee más de dos tercios de toda la riqueza, mientras que toda la mitad inferior tiene que conformarse con el 1,3%. También hay una brecha en el crecimiento de los ingresos: mientras que el poder adquisitivo de la décima parte más baja de la sociedad alemana aumentó algo menos del 5% entre 1995 y 2019, la décima parte más alta ganó más del 40%.</p>



<p>A esto se añaden tendencias a largo plazo que hacen que especialmente las generaciones más jóvenes tengan la sensación de que ya no pueden llegar al bando ganador, por mucho que se esfuercen. La explosión de los alquileres hace que la vida en las grandes ciudades sea cada vez más inasequible. Al mismo tiempo, se ven amenazados por la prolongación de su vida laboral y la reducción de sus pensiones. Según una encuesta representativa entre jóvenes de 18 a 32 años, casi tres cuartas partes están preocupadas por el descenso del nivel de las pensiones. ¿De qué sirve tanto trabajo en la rueda del hámster capitalista si al final no resulta rentable? La promesa de progreso y prosperidad de las generaciones anteriores suena vacía hoy en día.</p>



<p>En Estados Unidos, la situación es aún más dramática, critica Ray Dalio, el multimillonario de los fondos de cobertura. La mayoría de los ingresos han crecido poco o nada a lo largo de las décadas. Por otra parte, los ingresos del 1% más rico casi se han triplicado desde 1980, el comienzo de la era neoliberal moderna. La solución propuesta por Dalio: «redistribución».</p>



<p>A 11.000 kilómetros de la sede de Dalio, cerca de Nueva York, Kohei Saito se sienta en un pequeño estudio de la Universidad de Tokio y aún se pregunta qué ha provocado su libro entre la juventud japonesa. Saito, profesor de filosofía, sólo tiene 35 años, por lo que forma parte de una generación «fuertemente influenciada por el impacto de la crisis financiera y el accidente nuclear de Fukushima». Como estudiante, Saito empezó a pensar en ambas cosas a la vez, el orden económico y la destrucción del medio ambiente, y terminó con: Karl Marx.</p>



<p>«De hecho, Marx se ocupó de las consecuencias ecológicas del capitalismo mucho más intensamente de lo que generalmente se sabe», afirma Saito. Sobre esto escribió su tesis en 2016, en la Universidad Humboldt de Berlín: «Naturaleza versus capital. La ecología de Marx en su Crítica inacabada del capitalismo».</p>



<p>Con ello, causó un gran revuelo en los círculos profesionales. Más sorprendente es lo que vino después: Saito escribió un libro sobre un nuevo ecosocialismo a finales de 2020, interpretando la crisis climática como una «manifestación de la producción capitalista» totalmente en el sentido de Marx. El colapso del planeta sólo puede detenerse mediante un sistema postcapitalista en el que no haya más crecimiento, la producción social se ralentice y la riqueza se redistribuya de forma selectiva.</p>



<p>Mientras tanto, su «Capital in the Anthropocene» ha vendido más de medio millón de ejemplares en Japón. Un orden de magnitud reservado a «Harry Potter» hasta entonces. Pronto su libro se publicará también en inglés y alemán. La cadena de televisión pública NHK dedicó un documental en cuatro partes a la interpretación moderna que Saito hace de Marx. Desde entonces, la literatura de Marx ha gozado de una asombrosa popularidad en las librerías de Tokio, incluido «Das Kapital» como cómic manga. Incluso el Primer Ministro japonés, Fumio Kisihida, promueve ahora una «actualización del capitalismo hacia una versión más sostenible».</p>



<p>Saito explica el éxito de su libro por el hecho de que sus homólogos japoneses llevan mucho tiempo luchando contra la inestabilidad económica y los «excesos de la globalización». Están abiertos a una «nueva forma de vida». Todas las medidas neoliberales, como la desregulación o la reducción del Estado del bienestar, que se han utilizado para impulsar el crecimiento han dejado tras de sí fracturas sociales e inestabilidad, afirmó. «Por qué debemos seguir así, centrando toda nuestra vida en trabajar, ganar dinero, consumir, es lo que se preguntan muchas generaciones jóvenes de aquí», afirma Saito.</p>



<p>La pandemia fue un punto de inflexión, afirma. Las normas sociales cambiaron de repente; en lugar de quedarse en la oficina, muchos se quedaron en casa con sus familias. El alegato de Saito a favor de una cura marxista de contracción, con jornadas laborales más cortas y una mayor atención al trabajo menos lucrativo pero socialmente importante, como el cuidado de ancianos y enfermos, caló hondo.</p>



<p>Pero, ¿puede Marx, cuya crítica del capitalismo, de 150 años de antigüedad, fue escrita cuando aún traqueteaban las máquinas de vapor, dar realmente una respuesta a la crisis ecológica actual? Saito piensa que sí: al menos más que todos los políticos que venden como solución objetivos de sostenibilidad menos vinculantes. «Esto no es más que el nuevo opio para las masas. Se supone que hay que pacificar a la gente».</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>II. Todo el poder para el Estado: sobre el fin del neoliberalismo y cómo el economista favorito del Gobierno federal quiere construir una economía verde</strong></h3>



<p>El conservador London Times llamó en su día a Mariana Mazzucato «la economista más temible del mundo». Lo cual era bastante despectivo. Cualquiera que quiera restar poder a los mercados y a la industria financiera y convertir al Estado en el líder de la economía se crea enemigos per se. Sobre todo cuando la idea la propone una mujer inteligente y segura de sí misma.</p>



<p>Mazzucato puede vivir con el título. No está de más tener fama de ser un poco peligrosa. Sobre todo cuando se trata constantemente con Jefes de Estado y de Gobierno de la talla del Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, o del Canciller alemán, Olaf Scholz.</p>



<p>Mazzucato no está de viaje, sino dando la vuelta al mundo. En las últimas semanas, primero estuvo en Venezuela para asesorar al presidente de ese país, luego hizo una que otra intervención en la Conferencia Mundial sobre el Clima en Egipto y, por último, una vez más, estuvo en Berlín. Así es cuando hablas con ella: Todo es rápido y no hay que esperar demasiado con la siguiente pregunta.</p>



<p>Esta italoamericana, nacida en Roma y criada en Estados Unidos, tiene energía para tres. Y así ha llegado a convertirse en la economista más influyente del mundo actual: Mazzucato proporciona a numerosos gobiernos guiones para «Green New Deals», es decir, la reestructuración amigable con el clima de la economía y la industria. El SPD (socialdemócratas) de Berlín ha incluido sus ideas en su programa electoral. El Ministro Federal de Economía, Robert Habeck, no deja de intercambiar ideas con ella.</p>



<p>Esto es, cuando menos, sorprendente. La mayoría de los economistas y gobiernos occidentales tenían una idea clara del orden jerárquico del mundo económico en las últimas décadas. Y se veía así: El mercado decide hacia dónde van las cosas, el Estado sólo interfiere y debe mantenerse al margen en la medida de lo posible.</p>



<p>Mazzucato sostiene todo lo contrario: el mercado por sí solo no tiene ninguna oportunidad en la lucha contra los retos del siglo XXI, especialmente el cambio climático. A las empresas les falta voluntad, incentivos y una visión de conjunto. «El Estado debe marcar el rumbo y fijar objetivos ambiciosos», exige Mazzucato. Debe nombrar los objetivos de la sociedad y concentrar todas las fuerzas en ellos. La transición a una economía de emisiones cero requiere «misiones de innovación» que transformen toda la economía, «desde la forma en que construimos hasta lo que comemos y cómo nos desplazamos». Si se pueden poner en marcha terminales de gas natural licuado en un año porque el Gobierno quiere [debido a las consecuencias de la Guerra en Ucrania], ¿por qué no una nueva industria solar y 10.000 nuevos aerogeneradores?</p>



<p>Mazzucato, de 54 años, ha sido profesora de economía durante 25 años y actualmente enseña en el University College de Londres. Ha ganado todo tipo de premios por sus investigaciones sobre cómo se crean las innovaciones. Sin embargo, si se menciona su nombre en una conversación con otros economistas de renombre, a menudo se levantan las cejas. No es infrecuente la referencia a la famosa frase de Milton Friedman, Premio Nobel de Economía: «Los grandes avances de la civilización nunca han procedido de un gobierno centralizado». La cita, sin embargo, data de 1962, y Mazzucato no tiene en mente ni una economía socialista planificada ni una política industrial alcahueta en la que los funcionarios del ministerio gestionan las empresas.</p>



<p>Le preocupan los grandes objetivos, los «moonshots»: igual que en su día el gobierno estadounidense afirmó querer volar a la luna en una década. Para lograrlo, sin embargo, primero hay que borrar la vieja narrativa, según la cual el Estado sólo está ahí para corregir los fallos del mercado. Se sigue pretendiendo que es imposible desde el principio dar al capitalismo un propósito, una dirección.</p>



<p>Pero, ¿cómo hacerlo? «Sencillamente», dice: «No sólo orientando cuidadosamente a empresas y sectores industriales enteros en esta dirección, sino obligándoles». Incentivos como un impuesto sobre el CO2 están muy bien. Sería más eficaz, dice, si se exigiera a la industria que utilizara sólo cemento «verde», y el Estado ayudara económicamente a cambio. Otra idea: el gobierno podría vincular las subvenciones estatales a la condición de que las empresas reduzcan sus emisiones. Es lo que hizo Francia con sus préstamos a Air France durante la pandemia o con sus garantías de préstamo a Renault.</p>



<p>Hay muy pocas directrices de este tipo. El culpable, dice Mazzucato, es un «importante defecto de diseño» del capitalismo accionarial moderno. Permite a las empresas invertir sus beneficios no en innovación, sino en transacciones financieras y recompra de acciones, de las que sólo se benefician los inversores. Mazzucato se pone visiblemente nerviosa con este tema. Para 2022, las empresas estadounidenses han anunciado que destinarán alrededor de un billón de dólares a la recompra de acciones en lugar de invertirlos en nuevos productos, incluso sostenibles. «Es una locura», dice.</p>



<p>Se imagina un Estado emprendedor que incentive a las empresas a invertir su dinero en objetivos de más alto nivel. Lo que el Ministro de Economía alemán, Habeck, presentó a principios de diciembre parece sacado directamente del manual de la economista.</p>



<p>A partir del año que viene, el gobierno federal quiere firmar con la industria los llamados contratos de protección del clima: Quienes produzcan de forma respetuosa con el clima, aunque sea más caro, recibirán del Estado el reembolso de los costes adicionales durante un máximo de 15 años. Sobre todo, hay que animar a las industrias siderúrgica, química, cementera y del vidrio a que se pasen rápidamente a la producción ecológica. Preguntado al respecto, Mazzucato asiente con satisfacción: «Así se hace». El viejo reflejo de mantener al Estado a distancia también está cediendo en las empresas, que desde hace tiempo estaban en contra de toda intervención. Los retos son demasiado grandes para abordarlos en solitario. Para la transformación ecológica, «los instrumentos de apoyo estatales son indispensables», afirma la jefa de ThyssenKrupp, Martina Merz.</p>



<p>Así pues, es probable que la época del neoliberalismo, que ha durado décadas, haya llegado por fin a su fin. Desde principios de los años ochenta, la creencia de que los mercados son más sabios que el estado había unido a todos los bandos políticos. En Estados Unidos, el Presidente Ronald Reagan, conservador de derechas, fue el cerebro ideológico. Pero fue Bill Clinton, el demócrata, quien más impulsó la desregulación y la globalización. Y en Alemania fue el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder.</p>



<p>Décadas de mercados descontrolados condujeron directamente a la crisis financiera de 2008, que también anunció el fin del neoliberalismo. Las intervenciones masivas del Estado que salvaron a la economía del colapso en aquella época «debían entenderse como el heraldo de un nuevo orden que sustituía al neoliberalismo», afirma el historiador económico Tooze. Quizás el último clavo en el ataúd fue la pandemia. Una vez más, los gobiernos tuvieron que intervenir para evitar lo peor. «Existe la sensación de que hemos llegado a un punto de inflexión».</p>



<p>Lo que abriría el camino a lo que Mazzucato llama una «política fiscal orientada a su fin». Desde los años 80, el equilibrio presupuestario es un fin en sí mismo, por así decirlo, en EE.UU., en Gran Bretaña y en Alemania con su freno al endeudamiento público [fijado legalmente] sobre todo. «Pero ahora Alemania acaba de sacarse del sombrero 190.000 millones de euros, EE.UU. apoyó la economía en la pandemia con cinco billones de dólares», dice Mazzucato. «¿Por qué siempre se saca el dinero de la noche a la mañana en situaciones de emergencia? Cuando se trata de grandes tareas sociales, desde la salud hasta el medio ambiente, dicen: no se puede, hay que cuidar la deuda nacional».</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>III. ¿Es posible sin crecimiento? Las empresas dicen adiós al valor para el accionista</strong></h3>



<p>Hablar de crecimiento cero&nbsp; más que todo en el distrito financiero de Londres suena bastante herético. Parece haber un fondo de cobertura en cada edificio, banqueros vestidos con ternos a rayas&nbsp; y con corbata -sí, todavía existen- se apresuran afanosamente por las calles. Tim Jackson sonríe cansado ante el paisaje en este lluvioso día inglés de noviembre; no le gustan mucho los estereotipos negativos. Aunque él mismo encajaría muy bien en uno de estos estereotipos.&nbsp;</p>



<p>Jackson, economista, filósofo y profesor de la Universidad de Surrey, escribió hace más de una década una obra estándar de crítica al capitalismo moderno: «Prosperidad sin crecimiento». En él, Jackson describe el actual orden económico como «por su propia naturaleza dependiente de la supuesta insaciabilidad de las necesidades humanas, en la permanente expectativa de un gasto de consumo en constante crecimiento». El capitalismo supone que los seres humanos no tienen más remedio que desear constantemente más: más dinero, más posesiones. Más, más, más.</p>



<p>En realidad, son tonterías, dice Jackson. Si uno se fija bien, enseguida se da cuenta de que sólo los economistas creen que es la única manera. «La buena noticia es: no necesitamos un cambio radical en la naturaleza humana para alcanzar la prosperidad». La mala noticia es que «nuestro modelo económico es fundamentalmente defectuoso».</p>



<p>Jackson ya había planteado todo esto al Gobierno británico en 2009: ¿es realmente necesario que una economía moderna esté tan servilmente obsesionada con el crecimiento perpetuo? La respuesta de Jackson: no. «No me gustó nada», dice hoy. Gordon Brown, entonces Primer Ministro, echó por tierra el estudio.</p>



<p>Hoy la pregunta está más de actualidad que nunca: en un mundo finito, ¿realmente tenemos que seguir expandiéndonos para que la economía y la prosperidad no se hundan? Desde el clasicismo económico surgido en el siglo XVIII, la pregunta suele responderse vehementemente de forma afirmativa. La versión resumida es la siguiente: sin crecimiento, las empresas ahorran y recortan puestos de trabajo. Primero se hunde el mercado laboral, luego el consumo. En el mejor de los casos, esto conduce al estancamiento. El nivel de vida se debilita, las ganancias de prosperidad no se materializan. En el peor de los casos, se produce una espiral de recesión o depresión permanente. Esto no es algo que los políticos experimenten voluntariamente.</p>



<p>El único problema es que ahora es discutible cuánto tiempo seguirá siendo voluntaria la renuncia al crecimiento si el planeta sigue calentándose tan deprisa. ¿Realmente necesitan todos los fabricantes de zapatillas vender cinco millones más de pares de zapatillas cada año? ¿Todos los fabricantes de tornillos medianos ganan diez millones de euros más cada año? Los minoristas siempre se lamentan colectivamente si las ventas navideñas no aumentan al menos un tres por ciento con respecto al año anterior?</p>



<p>Para Jackson y otros críticos, la respuesta está clara: se trata menos de «datos económicos concretos» que de un «mito del crecimiento» cultural que se ha ido construyendo a lo largo de casi dos siglos y ha calado hondo en la psique de las naciones industrializadas.</p>



<p>Ni siquiera el primer y muy sonoro disparo de advertencia, hace 50 años, pudo cambiar esta situación. En marzo de 1972 se publicó «Los límites del crecimiento», el primer estudio exhaustivo sobre las consecuencias de la incesante expansión humana. Fue encargado por el Club de Roma, organización sin fines de lucro que trabaja por un futuro sostenible desde 1968.</p>



<p>En aquel momento, los científicos utilizaron nuevos modelos informáticos y llegaron a una conclusión clara: los recursos del planeta no permitirían un crecimiento constante de la economía y la población más allá del año 2100. Existía la amenaza de consecuencias dramáticas para los seres humanos y el medio ambiente. El estudio fue duramente criticado y sus conclusiones rechazadas categóricamente por muchos opositores, incluso en las décadas siguientes, aunque los cálculos se confirmaron una y otra vez.</p>



<p>Ahora los frentes se están suavizando lentamente. «Básicamente, nada depende del tamaño absoluto de una economía», afirma Robert Solow, galardonado con el Premio Nobel de Economía por sus investigaciones. «Así que si la mayoría de una población decide reducir su huella ecológica consumiendo menos bienes materiales y apostando más por el ocio y los servicios, desde un punto de vista económico no hay absolutamente nada que le impida actuar en consecuencia».</p>



<p>Sin embargo, advierte Solow, hay que vivir con las consecuencias durante un periodo de transición, empezando por el aumento del desempleo y terminando por la disminución de los ingresos.</p>



<p>Por ello, muy pocos economistas quieren prescindir por completo del crecimiento. En su lugar, están pensando en formas más suaves de retirada, lo que significa sobre todo: separar el crecimiento correcto del incorrecto. Por ejemplo, creciendo masivamente en energías renovables, pero recortando en la industria petrolera. O sustituir las fábricas de acero por start-ups digitales.</p>



<p>Los primeros éxitos de este replanteamiento ya son visibles. Recientemente, las emisiones de CO2 descendieron en 30 países, a pesar de que la economía creció, entre ellos Alemania. Eso no bastará para salvar el planeta, dice Jackson. Entonces, ¿por qué no aceptar simplemente que el crecimiento en los países industrializados ya sólo contribuye de forma limitada a la calidad de vida?</p>



<p>Es probable que las consideraciones geoestratégicas jueguen en contra. Ni los europeos ni los estadounidenses querrán simplemente ver cómo China y otras autocracias se expanden económicamente a todo gas y, por tanto, se hacen cada vez más poderosas políticamente. Es cierto, dice Jackson, pero de todos modos la Eurozona apenas ha crecido más del uno por ciento de media anual desde 2000. «El crecimiento económico va a terminar en Occidente en un futuro previsible». Sólo por eso, dice, tiene sentido pensar en cómo se podrían cambiar&nbsp; las cosas.</p>



<p>De hecho, cada vez son más las empresas que intentan encontrar su propio camino hacia el post-crecimiento. Hace tres años, las 200 mayores empresas estadounidenses declararon en un comunicado conjunto que en el futuro ya no se comprometerían sólo con sus accionistas, sino con «todas las partes interesadas»: clientes, empleados y socios comerciales, es más, con la sociedad en su conjunto. Este fue un gran paso para la «Business Roundtable», la asociación empresarial más poderosa del mundo, en la que se han unido numerosas grandes empresas, desde Apple a Goldman Sachs. Hasta ahora, sólo se habían comprometido con sus accionistas. Allí se aplicaba el famoso lema neoliberal de Milton Friedman: «La responsabilidad social de las empresas es aumentar sus beneficios».</p>



<p>Queda por ver qué es palabrería de relaciones públicas y qué es serio. No todas las empresas se comportarán de forma tan sostenible como el gigante estadounidense de artículos deportivos Patagonia, que destina todos sus beneficios a la protección del medio ambiente. Pero los pequeños pasos ayudan: su competidor Adidas, por ejemplo, ha decidido dejar de utilizar poliéster de nueva producción para todos sus zapatos y textiles deportivos a partir de 2024, y utilizar únicamente plástico reciclado.</p>



<p>La mediana empresa suiza Freitag va un paso más allá. Vende 400.000 bolsas y carteras al año en 25 países y no quieren vender mucho más. No porque el mercado o el equipo estén agotados, sino porque simplemente están satisfechos.</p>



<p>El habitual «más alto, más rápido, más lejos» no es «el primer objetivo de la empresa», afirma Daniel Freitag, que fundó la empresa hace 30 años con su hermano Markus. En su lugar, el objetivo es «que todos puedan vivir bien y satisfechos de su trabajo». Los Freitag no creen que «el turbocapitalismo siga ofreciendo las respuestas adecuadas», consideran que los daños colaterales son demasiado grandes. En su lugar, quieren mostrar cómo pueden funcionar más lenta y equilibradamente y que sea “más sano para todos».</p>



<p>En los años noventa, tras sus primeros éxitos, ambos elaboraron un catálogo de ocho puntos importantes para ellos: hablan de calidad y longevidad, de economía circular viva. Desde hace años, mucho antes de que la gran distribución y las empresas de moda descubrieran la idea para su marketing, Freitag ofrece la posibilidad de enviar bolsas usadas y repararlas a precio de coste. Miles de clientes utilizan el servicio cada año. No ganan nada con ello, dice Daniel Freitag. La «felicidad» empresarial, según los hermanos, no reside únicamente en el aumento de los beneficios.&nbsp;</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>IV. Las personas en lugar del mercado: propuestas para una comunidad más justa</strong></h3>



<p>A primera vista, Eva von Redecker y Minouche Shafik no deberían tener mucho que decirse. De hecho, incluso deberían estar enemistados entre sí.</p>



<p>Por un lado, la alemana Redecker, una filósofa feminista con preferencia por Marx, que creció en una granja orgánica, un cerebro del movimiento de protesta que considera que la opresión racista y el dominio capitalista están estrechamente vinculados.</p>



<p>Y por otro lado, Shafik, la pragmática economista, baronesa y miembro de la Cámara de los Lores británica, antaño vicepresidenta del Banco Mundial, hoy directora de la escuela de cuadros capitalistas London School of Economics.</p>



<p>Pero quizá lo especial de estos tiempos decisivos es que se puede llegar a conclusiones muy similares desde polos diferentes. «Vivimos en una época en la que los ciudadanos de muchos países están desilusionados con el contrato social y la vida que les ofrece, a pesar de que la prosperidad material ha aumentado enormemente en los últimos 50 años», afirma Shafik, economista formada en Oxford. «El capitalismo está destruyendo la vida», afirma Redecker, filósofa formada en Cambridge.</p>



<p>La buena convivencia, dicen ambas, necesita nuevas reglas, las reformas deben pensarse en términos de personas, no de mercado. Shafik ha escrito un libro sobre este tema: «Lo que nos debemos los unos a los otros». Redecker publicó una «Filosofía de las nuevas formas de protesta».</p>



<p>Sin embargo, naturalmente, hay diferentes papeles que desempeñar. Shafik, experts en finanzas, hace propuestas políticas concretas. Redecker, aguda pensadora de vanguardia, formula sus ideas de forma más radical. Como filósofa, no se siente responsable de esbozar las formas concretas en que deberían cambiar las cosas.</p>



<p>Por encima de todo, Redecker quiere sacudir una certeza: que el capitalismo en su forma actual sigue siendo sostenible. Para ella, está indisolublemente ligado a una cierta forma de propiedad, con la que viene aparejado el derecho a abusar: Durante siglos, el feudo había gobernado sobre la tierra, sobre las personas que le estaban sometidas.</p>



<p>Se ha superado el dominio integral del feudalismo, pero la explotación se ha concentrado aún más en otras partes: en la esclavitud de los negros, por ejemplo, o en la desvalorización del trabajo femenino. Como todo está conectado con todo lo demás, todo debe cambiar al mismo tiempo: las relaciones de propiedad, el orden de género y lo que ella llama el «agotamiento de la naturaleza».</p>



<p>Como respuesta, puede imaginar un «socialismo para el siglo XXI», basado en Marx, pero pensado más allá. Como una especie de «comunidad del compartir» que podría librarse de muchos problemas interrelacionados: demasiado trabajo agotador, agotamiento de los recursos, dominio de la propiedad. «En lugar de explotar los bienes, podríamos compartirlos», afirma Redecker. «Podríamos cuidar lo que se nos confía en lugar de subyugarlo».</p>



<p>Para Redecker, no es casualidad que sean sobre todo las mujeres las que impulsan los actuales movimientos de protesta: en Viernes por el Futuro, en Black Lives Matter, en Bielorrusia en 2020, ahora en Irán. «Durante siglos en la historia, las mujeres han estado estrechamente vinculadas a la vida cotidiana, a los cuidados, a lo básico de la convivencia y al mantenimiento de los medios de subsistencia. Las mujeres han tenido hijos, por lo que han producido vida, los hombres han producido cosas, bienes».</p>



<p>El trabajo de las mujeres se orientaba a las necesidades de las personas, no a las del mercado. Y por eso las mujeres de hoy pueden ver más claro que los hombres que está en juego nada menos que la supervivencia &#8211; de la humanidad.</p>



<p>Minouche Shafik, director de la London School of Economics, tiene algunas ideas concretas sobre lo que podría ayudar, no sólo a sobrevivir, sino también a convivir. Como tantos otros, ve la primera y más importante palanca en la reorientación de los flujos monetarios. Pero no a través de un Estado del bienestar aún más pronunciado.</p>



<p>«El Estado no debe redistribuir primero, pues entonces ya ha fracasado», afirma. El Estado debe «predistribuir»: invertir masivamente en educación, en infraestructuras, en todas las formas posibles de igualdad de oportunidades. «Hay que invertir en todos lo antes posible, pero especialmente en los desfavorecidos, y de esa inversión puede salir una economía más productiva».</p>



<p>Por ejemplo: Todo el mundo recibe del Estado un subsidio de educación de 50.000 euros desde su nacimiento, que puede utilizar a lo largo de su vida, ya sea para estudiar o para ampliar su formación.</p>



<p>O de esta manera: «Atención infantil integral y de bajo coste», desde la guardería hasta el bachillerato. Para la igualdad, «el instrumento absolutamente más importante, los datos al respecto son totalmente claros».</p>



<p>También hay que remediar el «desequilibrio del sistema fiscal que favorece al capital y perjudica al trabajo».</p>



<p>Nada de esto es nuevo, como bien sabe Shafik. Los grandes instrumentos como los impuestos, las pensiones, la educación influyen en cómo vivimos y trabajamos y en lo bien que nos va. Sin embargo, critica Shafik, nadie se atreve a usarlas como es debido: «En la mayoría de los países industrializados nos comportamos como si el mundo no hubiera cambiado.</p>



<p>Por eso ha llegado el momento de evolucionar todo el modelo, el capitalismo. «Probablemente incluso radicalmente».</p>



<p>Ahora parece más una promesa que una amenaza.</p>
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		<title>Navidad; Capitalismo; y Ola Gripal &#124; Opinión</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Dec 2022 17:16:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Ola gripal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Alexis Ponce ES YA INOCULTABLE LA OLA DE CONTAGIOS GRIPALES EN PAÍSES DEL MUNDO COMO CHINA, EUROPA, O EN LATINOAMÉRICA PAÍSES COMO EL BRASIL O ECUADOR. En el caso de Ecuador y Quito, el negacionismo oficial y empresarial privilegia el productivismo económico y «la libertad» por encima del bien común y la vida de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">Por <strong>Alexis Ponce</strong></p>



<p>ES YA INOCULTABLE LA OLA DE CONTAGIOS GRIPALES EN PAÍSES DEL MUNDO COMO CHINA, EUROPA, O EN LATINOAMÉRICA PAÍSES COMO EL BRASIL O ECUADOR.</p>



<p>En el caso de Ecuador y Quito, el negacionismo oficial y empresarial privilegia el productivismo económico y «la libertad» por encima del bien común y la vida de Los Más Vulnerables, de la salud la vida y de la disciplina ciudadana.</p>



<p>Sin siquiera tibias políticas de «semáforos», no se diga ya de confinamientos, diciembre se presenta no sólo como el mes de más contagios y riesgos, sino el mes más degradantemente neoliberal, egoístamente individualista, naturalizadamente injusto y de ofrenda multitudinaria al Dios del capitalismo salvaje. Diciembre del 2022 parece condensar todo el período Lasso.</p>



<p>La población en riesgo es la más inerme. Niños niñas adultos mayores pacientes con enfermedades catastróficas y crónicas, y personas con Discapacidades Intelectuales Graves. Como en 2020 y 2021, el gobierno y los poderes locales no nos protegerán: ni a nosotros ni a nuestros amados seres cuidados. Así que: ante la saturación de las áreas de Emergencias y del cuadro creciente de Afecciones Respiratorias, como ante el colapso programado de la salud pública y del seguro social, solamente nos tenemos a nosotros mismos. Cuídense y cuiden a sus Adultos Mayores y en especial a sus niñas niños e hijos con Discapacidades o Enfermedades Catastróficas, Crónicas, Huérfanas o Raras. Y actúen en colectivo siempre. El sistema triunfa con cada actitud solitaria e individualista de los de Abajo. Ellos, las élites de la plutocracia, a diferencia de los más, siempre hacen causa común: para rechazar las mínimas alzas de salarios o cualquier confinamiento que obstruya sus tasas de ganancia.</p>



<p>Estos días hemos auxiliado, apoyado y ayudado a varias familias cuidadoras y pacientes de nuestra Asociación y Liga del Cáncer. Alarma la cantidad de hermandades contagiadas. En otras latitudes la consigna es: «Esta ola es muy seria». Acá, en la nación subsidiaria de Qatar, Sicilia y Ciudad Juárez, lo único serio es la chiva, la pirotecnia y la indiferencia social.</p>



<p>Así que: usen cubrebocas, aseen sus manos y su entorno. Protéjanse. Actúen en conjunto. Nunca desde el individualismo.</p>



<p>Quienes perdimos tantos familiares en la etapa morenista de la pandemia, quienes perdimos -como en nuestra Asociación- un ser amado cada semana entre el 2020 y 2022, sabemos que de un Gobierno VIP y una sociedad enajenada, poco podemos esperar.</p>



<p>Este 5 de Diciembre, se cumplen tres meses de la partida de nuestra co-fundadora: Nelly. En esta navidad y el primer día del año nuevo, decenas de nuestras familias vivirán y sentirán la ausencia de tantas hermandades que también partieron: No enfermas de una patología catastrófica ni del Covid, ni porque «así lo quiso Dios». Todas murieron por infame negligencia, omisión y autoría de un capitalismo impúdico que decidió que mueran los más pobres, los más vulnerables, los más desprotegidos de la sociedad.</p>



<p>Que nuestra vida sea nuestro homenaje a sus vidas y partidas.</p>



<p>Llamemos la atención sobre la imperiosa necesidad del teletrabajo para los vulnerables y cuidadores, de su prioridad en el deteriorado sistema de atención de la salud. Recomendemos a los centros de terapias y de atención a nuestros hijos y familiares con Discapacidades, tomar medidas urgentes sin pérdida de más tiempo. Al COE, ECU-911 y demás dormidos, debemos exigirles que despierten. Los Zuckeberg y los Ellon Musk de la aldea, son solamente éso: pobres millonarios que sólo tienen poder y plata. No tienen alma ni corazón para condolerse de estos niños contagiados y nuestras familias vulnerables.</p>



<p>Así que sigo seguimos luchando. Pero… por quienes lo merecen.</p>



<p>¡Ven… Seremos!</p>



<p>Alexis Ponce<br>Asociación de pacientes vulnerables y familias cuidadoras.</p>
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		<title>Ómicron: El capitalismo no entendió nada / Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/omicron-el-capitalismo-no-entendio-nada-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Nov 2021 16:47:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[COVID-19]]></category>
		<category><![CDATA[ómicron]]></category>
		<category><![CDATA[OMS]]></category>
		<category><![CDATA[vacunas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Alexis Ponce /defensor de DD.HH. La OMS declaró oficialmente la aparición de Ómicron, la nueva variante que puede superar incluso la previa inmunidad de las vacunas ya puestas a una minoría del planeta. El periodista que en el vídeo anexo expone la noticia, no puede ser más obvio en sus desfachatadas prioridades: «Ómicron, variante [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por:</strong> Alexis Ponce /defensor de DD.HH.</p>



<p>La OMS declaró oficialmente la aparición de Ómicron, la nueva variante que puede superar incluso la previa inmunidad de las vacunas ya puestas a una minoría del planeta.</p>



<p>El periodista que en el vídeo anexo expone la noticia, no puede ser más obvio en sus desfachatadas prioridades: «Ómicron, variante surgida en el Sur de África, puso a temblar A LOS MERCADOS y GOBIERNOS». Pueblos y comunidades vulnerables, ni siquiera los pone al final de su presentación.</p>



<p>Porque eso es este sistema. Los mercados son la prioridad en gran parte del mundo y Ecuador. Como lo sabía la propia OMS, como lo ocultaron transnacionales farmacéuticas y gobiernos, que se olvidaron de liberar patentes y educar sociedades ignorantes y díscolas, África era y es el continente símbolo de la Desigualdad Mundial de la vacunación.</p>



<p>Sus jefes de Estado exigieron e imploraron igualdad en el trato pero Pfizer y las otras, priorizaron hasta doce veces las poblaciones de las potencias occidentales y los países de desarrollo medio. La consecuencia la alertaron científicos y analistas del mundo y en Ecuador la advertí en solitario, a cada instante y entrevista en medios locales, mientras los grandes medios, gremios médicos, movimientos sociales y todos los partidos, opositores y seguidores, legisladores de todas las tendencias, empresariado, la USFQ, los pelagatos-pelatubos, los anti-vacunas, las redes sociales ultraderechizadas, y la sociedad enceguecida, solo aplaudían «la masiva vacunación en Ecuador».</p>



<p>Torpes aldeanos: se olvidaron que el mundo es uno solo e inter-dependiente, y obviaron educar y aclarar que si no se inmunizaba a todo el planeta y, en especial, a los más pobres, en un mundo injusto, global y acelerado, las nuevas variantes serán más fuertes y las vacunas puestas no servirán o muy poco, para proteger a los más vulnerables y detener las nuevas variantes de una pandemia darwinista.</p>



<p>Pero, claro, primero están los mercados y ganancias, los mega-millonarios, el poder y el negocio de la política. Latinoamérica no es tan diferente al África: les recordé que todo el sistema de salud público y estatal fue precarizado ex- profeso en el continente; y en el Ecuador desde 2017 estaba siendo aniquilado mientras el sistema privado cierra puertas a los más vulnerables por inalcanzable y a los que nada o poco tienen.</p>



<p>Lasso, Borrero y Garzón: ¿cerrarán vuelos hacia o ingresos provenientes de Inglaterra, Canadá o Sudáfrica? ¿O actuarán como Zevallos (el ex ministro de salud VIP, invitado como profesor de «manejo de crisis» de la élite dominante criolla en una universidad VIP), quien dijo que la variante delta de la India estaba muy lejos todavía y no hacía falta cerrar aeropuertos?</p>



<p>Se conoce que la detección de esta nueva variante del coronavirus en Sudáfrica, identificada como B.1.1.529 y bautizada &#8216;Ómicron&#8217;, preocupa a la comunidad científica debido a que presenta una amalgama de más de 30 mutaciones que, si bien algunas ya se habían observado en otras variantes, como la Beta, esta es la primera vez que se ven juntas», citan los medios.</p>



<p>El mundo continuará privilegiando el bárbaro sistema productivista del Capitalismo, en lugar de proteger a los seres humanos más vulnerables y la Naturaleza. No se entendió nunca ni se entiende nada.</p>



<p>No tenemos más alternativa que: no alarmados, poner cuidado siempre, seguir cuidándonos nosotros mismos. Usar mascarilla y exigir a las bestias anti-todo que lo usen. Lavarnos como desde el primer día. Exigir la tercera dosis a nuestros vulnerables y evitar aglomeraciones y reuniones masivas. Poner distancia y abrir ventanas. El mundo nunca cambiará. La sociedad local tampoco. Así que tu vida depende de la mía. Y la mía de la tuya.</p>



<p>Ver dos vídeos: 1) periodista de Foro tv; 2) desde Inglaterra, primer ministro anunciando medidas:</p>



<p><a href="https://fb.watch/9ABYzaAoWH/">https://fb.watch/9ABYzaAoWH/</a></p>



<p><a href="https://fb.watch/9AzgKJAadq/">https://fb.watch/9AzgKJAadq/</a></p>
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		<title>La propuesta de la CONAIE presenta una alternativa al modelo económico y social</title>
		<link>https://lacalle.media/la-propuesta-de-la-conaie-presenta-una-alternativa-al-modelo-economico-y-social/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 Nov 2019 00:10:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[CONAIE]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quito, 3 nov (La Calle).- La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) entregó una propuesta alternativa al modelo económico y social, cuyo objetivo es transformar el modelo económico en beneficio de los sectores sociales más vulnerables. “Por la sangre de nuestros hermanos, no vamos a aceptar ni un otro Decreto parecido al 883. Ecuador [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Quito, 3 nov (La Calle).-
</strong>La
Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) entregó una
propuesta alternativa al modelo económico y social, cuyo objetivo es transformar
el modelo económico en beneficio de los sectores sociales más vulnerables. </p>



<p>“Por la sangre de
nuestros hermanos, no vamos a aceptar ni un otro Decreto parecido al 883. Ecuador
no lo va a aceptar. Y eso quiero dejarlo en claro”, dijo el presidente de la CONAIE,
Jaime Vargas. La propuesta, que recoge las peticiones del Parlamento de los
Pueblos e Instituciones Sociales, que agrupa a más de 180 organizaciones, se
analizará en las mesas de diálogo.</p>



<p>Esta alternativa
económica surge de la inconformidad del movimiento indígena con las reformas
económicas y laborales Lenín Moreno. Dichas medidas responden a las peticiones
del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el desembolso de un préstamo de
USD10 mil millones. </p>



<p>El anterior intento del
gobierno para ajustarse a las medidas solicitadas por el FMI terminaron en una movilización
masiva que duró doce días, y arrinconó al gobierno hasta obligarlo a recular en
su intención. </p>



<p>MM/CP/CM/sam</p>
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