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		<title>Neo-derechas en América Latina &#124; Opinión</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 May 2023 23:26:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[anarcocapitalistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>por Juan Paz y Miño CepedaHistoriador En el lenguaje cotidiano, pero también en los estudios académicos se utiliza los términos “derecha” e “izquierda” (con sus matices de centro, ultra, radical, nueva, post, o cualquier otro), para caracterizar la inclinación política a favor o en contra de ciertas personas, partidos o clases sociales. Son términos operativos, [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right">por <strong>Juan Paz y Miño Cepeda</strong><br>Historiador</p>



<p>En el lenguaje cotidiano, pero también en los estudios académicos se utiliza los términos “derecha” e “izquierda” (con sus matices de centro, ultra, radical, nueva, post, o cualquier otro), para caracterizar la inclinación política a favor o en contra de ciertas personas, partidos o clases sociales. Son términos operativos, para una identificación rápida, entendible, aunque sin la rigurosidad suficiente para definir el sentido de las estructuras históricas a las que pretenden representar.</p>



<p>En la configuración de los Estados latinoamericanos del siglo XIX las categorías fueron otras. Predominó la confrontación bipartidista entre <em>liberales</em> y <em>conservadores</em>, denominados igualmente como pipiolos y pelucones (Chile), blancos y colorados (Uruguay), y normalmente expresados a través de caudillos, antes que por partidos plenamente estructurados. Les diferenciaron la inclinación por los hacendados, la tradición, el catolicismo, la familia y la Iglesia (conservadores) o a favor de las burguesías emergentes, los derechos civiles, el laicismo, la apertura económica al mundo (liberales). En cambio las luchas de los campesinos, los indios o los esclavos, eran identificadas como <em>rebeliones y</em> <em>sublevaciones</em>, liquidadas con inexorable represión y mortandad.</p>



<p>Con el desarrollo del capitalismo latinoamericano, desde inicios del siglo XX nacieron las clases trabajadoras asalariadas y se diversificaron las tendencias políticas con el surgimiento de los <em>radicales</em> (ala izquierda del liberalismo) así como de los partidos <em>socialistas</em> y <em>comunistas</em>, con quienes igualmente nació el espectro político de las izquierdas. En la derecha política quedaron conservadores y liberales, porque ambos pasaron a defender el capitalismo y la estructura histórica tradicional derivada del régimen oligárquico, mientras las izquierdas eran anticapitalistas. El influjo del falangismo español, del fascismo italiano y hasta del nazismo alemán, condujo a la creación de partidos de la “extrema derecha” latinoamericana, ligados a sus tesis y principios, como se ha estudiado en <em>Fascismos Iberoamericanos </em>(2002), obra editada por Gabriela de Lima Grecco y Leandro Pereira Goncalves, que contiene un artículo sobre Ecuador, de Carlos Espinosa F. También aparecieron fuerzas “populistas” que, en estricto rigor, lograron inclinarse a la atención de los intereses de la población en general, para avanzar reformas sociales (por ejemplo APRA, en Perú, 1930), utilizando mecanismos de movilización, organización y reclutamiento de masas, que luego serían asimilados por todos los partidos políticos.</p>



<p>Es la Guerra Fría, a partir de la década de 1950, la que polarizó los conceptos: ser de izquierda acercaba al “comunismo”, considerado como izquierda “radical”; mientras ser de derecha implicaba mantener una visión tradicionalista y conservadora, de modo que surgieron los partidos modernizantes del “centro”, como los socialdemócratas &nbsp;(en la “centro-izquierda”) entre los que destacó Acción Democrática en Venezuela (1941) o Izquierda Democrática en Ecuador (1970) y los democristianos (en la “centro-derecha”) entre los que están COPEI en Venezuela (1946) o el PDC de Chile (1957), más aceptables por alejarse de los “radicalismos”. Así, en forma maniquea, las izquierdas fueron concebidas como potenciales o reales amenazas a la democracia, las libertades y el Estado. Las dictaduras militares inspiradas en la perniciosa doctrina de la seguridad nacional, no tuvieron empacho alguno en librar la “guerra interna” contra el único enemigo: las izquierdas, tratadas incluso como terrorismo y subversión, en las que se incluyeron los movimientos obreros, de campesinos y, en general, de los trabajadores. América Latina conoce bien esa experiencia de genocidios y violaciones sistemáticas a los derechos humanos, como ocurrió en el Cono Sur.</p>



<p>La globalización transnacional en las décadas finales del siglo XX impulsó la hegemonía de las derechas económicas, cuya base está en grandes grupos empresariales, identificados con el neoliberalismo. Gobiernos a su servicio consolidaron modelos de economías empresariales que, en varios países (Ecuador entre ellos) revivieron políticas y comportamientos oligárquicos. Pero los riesgos de una globalización multipolar, con ascenso de regiones y países que impulsan economías diferentes a las neoliberales (China, Rusia, BRICS), más el avance de las nuevas izquierdas latinoamericanas y el despegue de gobiernos progresistas en dos ciclos diferentes, han determinado el desarrollo de las nuevas derechas latinoamericanas. Estas conjugan diversos “valores” y comportamientos políticos: racismo, clasismo, xenofobia, tradicionalismo, conservadurismo, elitismo; desprecian el pluralismo, condenan a los movimientos sociales, rechazan las políticas de género, se definen “pro-vida”; ahora también se identifican con el hispanismo y el iberoamericanismo (siguen a Vox y sus partidarios, al punto de negar la conquista y el coloniaje); son fanáticas anti-izquierdistas y tildan a todos de “comunistas”; los más recientes se autodefinen como libertarios o anarcocapitalistas, son seguidores de F. Hayek y M. Rothbard y tienen al “paleolibertario” argentino  como su gran referente.</p>



<p>Pero tras esa aparente maraña, estudiada en el reciente libro <em>Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas</em> (2023), editado por José Antonio Sanahuja y Pablo Stefanoni (aunque hay allí algunas imprecisiones al mezclar en la misma “derecha” a personajes y regímenes que deberían ser diferenciados: Putin, Bolsonaro, Kast, Trump, Bukele, Abascal, Le Pen, Meloni, etc.), no cabe perderse: las nuevas derechas latinoamericanas son, por sobre todo, <em>económicas y neoliberales</em>, aunque algunas “condenen” en palabras la globalización. Les identifica la misma ideología en torno al achicamiento (o desaparición) del Estado, el rechazo a los impuestos, las consignas flexibilizadoras y precarizadoras del trabajo, la supervaloración del individuo emprendedor, la libertad en los mercados, la oposición a la redistribución de la riqueza, la defensa de la propiedad privada y de las privatizaciones. Es sobre esta base económica que ahora también construyen su “superestructura” política y cultural con valores y principios basados en la tradición, el abolengo o cualquier otra definición elitista. Se une, además, el autoritarismo y el señalamiento a los movimientos sociales como violentos, terroristas y hasta paramilitares.</p>



<p>En consecuencia, se vive un momento histórico de paradojas: mientras las izquierdas defienden la democracia representativa (o “burguesa”), las libertades, los derechos y el pluralismo, cuestionando al capitalismo y a los regímenes de dominio político de grandes grupos económicos, las nuevas derechas cuestionan la democracia liberal, arremeten contra las instituciones del Estado, rechazan el pluralismo político y a los movimientos sociales, reivindican el autoritarismo de clase. América Latina corre peligro ante el avance de estos <em>neofascismos</em>.</p>
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		<title>Cuando se habla de derechos reproductivos, las pugnas entre derecha e izquierda se acaban</title>
		<link>https://lacalle.media/cuando-se-habla-de-derechos-reproductivos-las-pugnas-entre-derecha-e-izquierda-se-acaban/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Jan 2022 14:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[aborto por violación]]></category>
		<category><![CDATA[derechos]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[izquierdas]]></category>
		<category><![CDATA[Liderazgo]]></category>
		<category><![CDATA[progresismo]]></category>
		<category><![CDATA[rafael correa]]></category>
		<category><![CDATA[violencia política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quito, 20 ene (La Calle).&#160; – Tras las declaraciones del expresidente Rafael Correa, respecto a la Ley de aborto por violación y su llamado a formar una coalición por la vida, es importante reflexionar sobre cómo muchos de los partidos “progresistas” carecen de una sintonía con las luchas sociales legítimas, como las del movimiento feminista. [&#8230;]</p>
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<p><strong>Quito, 20 ene (La Calle).&nbsp; – </strong>Tras las declaraciones del expresidente Rafael Correa, respecto a la Ley de aborto por violación y su llamado a formar una coalición por la vida, es importante reflexionar sobre cómo muchos de los partidos “progresistas” carecen de una sintonía con las luchas sociales legítimas, como las del movimiento feminista.</p>



<p>“Es algo que veíamos venir. Yo puse un tuit al respecto de que estábamos a un tris de que la primera dama se una al expresidente y formen la coalición por la vida. Es algo que seguramente va a pasar de forma privada o abierta. A mi me llama la atención que cuando se habla de los derechos reproductivos de las mujeres, las pugnas entre derecha e izquierda se acaban”, dijo a <em>Radio La Calle</em>, Sybel Martínez, activista feminista.</p>



<p>“Me pregunto si el Estado es laico o es teocrático disfrazado de laico. Y, por supuesto, al estar a un telefonazo de distancia con los asambleístas de su bloque, llevan a un proyecto bueno como este a hacer agua porque al final del día pesa más la parte política, los dogmas de fe y la ignorancia indocumentada. El plazo máximo no es de gratis, sino que formaron un criterio técnico al escuchar a los comparecientes, pero no pudieron sostenerlo”, agregó.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Izquierdas disfrazadas</strong></h3>



<p>“Parecería que se puede asociar ser de izquierda y la redistribución de ingresos, de riqueza, fortalecer las capacidades del Estado, pero que se puede aislar de la justicia de género. No existe una militancia de izquierda que pueda disociar este tipo de injusticia con las de otro tipo», explicó a nuestro medio el sociólogo Agustín Burbano de Lara.</p>



<p>Insistió que en Ecuador nos hace falta entender que es un error conceptual y político. «Lo que logra la Revolución Ciudadana es alejarse de una multitud de colectivos que militan por la justicia de género y que no encuentran sus proyectos reflejados en la revolución ciudadana”, argumentó. </p>



<p>Por su parte Sybel Martínez también criticó la separación que se intenta crear entre el progresismo y el feminismo. “¿De qué progresismo hablamos cuando ponemos en tela de duda los derechos de las mujeres? Cuando el feminismo joven ha puesto presidentes como Boric y aquí estamos regresando a un feminismo puro y duro donde no se guardan ni las formas. Resulta que la izquierda cosmopolita se volvió una burguesía provinciana de mantel blanco y cubertería de plata ¿De qué estamos hablando? Las ideologías tienen un peso y razón de ser. No pueden borrarse de un plumazo porque alguien con peso político pone dos tuits”.</p>



<figure class="wp-block-audio"><audio controls src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/Sybel.-mp3.mp3"></audio><figcaption>Sybel Martínez</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Violencia dentro de los movimientos</strong></h3>



<p>Para Martínez es importante que las mujeres que hacen política y apoyan al movimiento feminista puedan unir sus fuerzas para hacer frente a las presiones y a la minimización de sus capacidades.</p>



<p>“El expresidente le hace un flaco favor a su bancada. Ese temor reverencial como parte del liderazgo es un error que ya le ha pasado factura. Como movimiento feminista, yo decía que las asambleístas feministas de las bancadas deberían empoderarse para hacer un frente común sobre este tema en particular, por las niñas y por ellas mismas. Para no estar subordinadas a las presiones de machos y misóginos que quieren imponer sus creencias y no debatir de forma técnica. Pasa también por la imposición de verdad única y supremacía. De mirar por el hombro a las mujeres ¿cuándo acabará eso?”, expresó.</p>



<p>Burbano de Lara es enfático al indicar que los hombres terminan siendo cómplices cuando callan ante la evidencia de violencia política contra una compañera. “Somos cómplices. Se llama complicidad patriarcal, cuando los hombres vemos una injusticia de género que refuerza los privilegios sociales de los hombres y guardamos silencio. Si vemos que le dicen infantil a una compañera, tratándola de tonta o vanidosa y sectaria por pensar diferente y nos quedamos callados, estamos siendo cómplices. Lo que va a pasar es que terminaremos en un partido machista que no pueden incorporan agendas de género en sus demandas”.</p>



<figure class="wp-block-audio"><audio controls src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/Agustin.mp3"></audio><figcaption>Agustín Burbano de Lara </figcaption></figure>



<p>Para Burbano de Lara el problema no está en los liderazgos, sino en que dentro de los partidos no existe una posición fuerte acerca de las distintas formas de agresión. «Tenemos naturalizadas un sinnúmero de agresiones y si no tenemos un pacto ético sobre las formas de hacer la política, muy difícilmente saldremos de ese atolladero. Hay que hacer una militancia fuerte para cultivar los espacios libres de violencia”, concluyó.</p>
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