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	<title>mediocridad archivos &#8212; La Calle</title>
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	<title>mediocridad archivos &#8212; La Calle</title>
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		<title>Una de cal y otra de arena &#124; Resignificar la mediocridad</title>
		<link>https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-resignificar-la-mediocridad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Feb 2022 21:12:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nanda Ziur]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Ecuador]]></category>
		<category><![CDATA[editorial]]></category>
		<category><![CDATA[felicidad]]></category>
		<category><![CDATA[mediocridad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿No quieres ser un mediocre? Es mejor que te esfuerces más. ¿Es posible alcanzar esta perfección anhelada que a cambio nos dará felicidad? No, no funciona así.</p>
<p>La entrada <a href="https://lacalle.media/una-de-cal-y-otra-de-arena-resignificar-la-mediocridad/">Una de cal y otra de arena | Resignificar la mediocridad</a> se publicó primero en <a href="https://lacalle.media">La Calle</a>.</p>
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<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large is-resized"><a href="https://twitter.com/NandaZiur"><img decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2022/01/270651974_10159816695924222_8165232943633642707_n-1200x2021.jpeg" alt="Nanda Ziur" class="wp-image-55326" width="180" height="264"/></a><figcaption><a href="https://twitter.com/NandaZiur">Nanda Ziur</a></figcaption></figure></div>



<p>Desde que el mundo es mundo, me atrevería a inferir que los seres humanos nos hemos planteado, como objetivo principal, alcanzar la felicidad. Solo lo que ha cambiado, a través de los tiempos, es el método para conseguirlo.  Ya tenemos a Epicuro asegurando que el placer es el fin mismo de la vida; a los estoicos con su propuesta de renuncia de lo que no se puede tener el control; por su parte, el maquiavelismo con su máxima “el fin justifica los medios”. Así también, Schopenhauer, el filósofo pesimista, reconoce el sufrimiento como una constante en la existencia; por ello, la felicidad es momentánea y un lugar menos doloroso.</p>



<p>La modernidad para unos y la postmodernidad para otros tampoco escapa de esta búsqueda. Sin embargo, las recetas para alcanzar la felicidad no se centran en el ser, sino en el tener: pareja, recursos, educación, entretenimiento, eficiencia. De esta última es de la que quiero escribir, a partir de un incidente en mi niñez.</p>



<p>Tenía ocho años y junto con mi mejor amiga hacíamos las tareas escolares. Acto seguido, un adulto se acercó a observarnos e inmediatamente comparó los cuadernos. Recuerdo que me inquirió: ¿por qué no haces la letra igual de bonita que la de tu amiguita? Para entonces, no comprendí el hecho; pero me puse manos a la obra: cartillas con ejercicios de escritura que me llegaban, las realizaba. Debía mejorar mi caligrafía para evitar otro llamado de atención. Sin duda, la lista sería interminable si me pongo a mencionar las ocasiones en que he sido advertida sobre “mejorar”.</p>



<p>No estoy en contra del ideal de irnos afinando como personas a lo largo de nuestras vidas; yo parto de la premisa de que cualquier actividad, por “insignificante” que parezca, es una oportunidad para que nuestro ser se potencie y alcance aquello que los “<em>coaches</em> de vida” denominan “la mejor versión”. Sin embargo, en los tiempos que corren, detrás de estas ideas de “ser el número uno”, está la industria de la felicidad que, continuamente y sin ingenuidad, nos recuerda que, si no somos “extraordinarios”, pasaremos al bando de los mediocres, un lugar destinado al sufrimiento.</p>



<h4 class="wp-block-heading">¿No quieres ser un mediocre? Es mejor que te esfuerces más.</h4>



<p>¿Es posible alcanzar esta perfección anhelada que a cambio nos dará felicidad? No, no funciona así. Los seres humanos nos caracterizamos por ser falibles, debido a que las propias capacidades físicas e intelectuales son limitadas, tal como nuestras circunstancias. ¿Qué pasa con los genios o los atletas excepcionales? El periodista y sociólogo canadiense Malcolm Gladwell explica, en su libro <em>Fuera de serie</em>, que además del talento nato que se puede poseer, también se requieren de ingredientes externos: genética, clase social, sitio de nacimiento, educación, predisposición a la creatividad y más ingredientes para ubicarse en otro sitio que no sea el ordinario.</p>



<p>Indiscutiblemente, la acertada combinación de estos elementos circunstanciales ha dado como resultado a un Leonel Messi, Albert Einstein, Hipatia, Simone de Beauvoir; seguro ustedes conocerán a más personajes sobresalientes. Pero, ¿qué pasa con quienes somos comunes y silvestres? Ocurre que nos venden fórmulas mágicas acerca de la excelencia y no es una metáfora; es fácil encontrar en el mercado aplicaciones, libros, conferencias, etcétera. Estas falacias se sustentan en la trillada frase “querer es poder”, dejando de lado otros aspectos influyentes.</p>



<p>¿Por qué quieren vendernos estas ideas de la perfección? Es una estrategia que nos tiene en permanente movimiento: no “debemos” parar, hay que estar haciendo algo que nos dé “un mayor valor agregado” como profesionales, amantes, deportistas, amigos, madres, hijos, etcétera. Es una trampa de la <em>productividad</em>, palabrita que se construye mediante la comparación con los otros: ¿bajo qué parámetros podemos competir sí somos diferentes y las condiciones tampoco son iguales? De esta forma, llega la autoexigencia, disfrazada de amor propio; que, en esta oda a la producción, solo te inmoviliza frente a las inalcanzables expectativas que generamos de nosotros y de los demás.</p>



<p>Es así que no nos permiten ser mediocres, debido a que se trata de un lujo que no podemos darnos todos y todas. Con estas verdades a medias, de la responsabilidad individual, quitamos la mirada sobre otros componentes que determinarían nuestro rendimiento: educación, empleo y salud como derechos irrenunciables. ¿No ganaste la beca porque te faltó esfuerzo? No, se debería garantizar el acceso a cualquiera de los niveles de formación, independientemente, de los recursos económicos.</p>



<p>Esfuérzate, liberándote de los mandatos sociales que te prometen el primer lugar y asegurándote que es la única forma de alcanzar la felicidad. Recuerda, no siempre es posible y está bien, de todos modos, ¿quién sabe lo qué es la felicidad?</p>



<p class="has-text-align-right"><strong><em><a href="https://radiolacalle.com/category/opinion/nanda-ziur/">Te invitamos a leer más artículos de Nanda Ziur en este enlace.</a></em></strong></p>
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		<title>Despolitizar la mediocridad (opinión)</title>
		<link>https://lacalle.media/despolitizar-la-mediocridad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2020 06:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Ecuador]]></category>
		<category><![CDATA[Estado]]></category>
		<category><![CDATA[mediocridad]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Despolitizar la mediocridad es, tal vez, la meta más cercana que podamos plantearnos si queremos cambiar este presente nefasto. </p>
<p>La entrada <a href="https://lacalle.media/despolitizar-la-mediocridad/">Despolitizar la mediocridad (opinión)</a> se publicó primero en <a href="https://lacalle.media">La Calle</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><a href="https://twitter.com/ivetteceli?s=20">Ivette Celi Piedra</a></p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2020/09/bBT7Jva9_400x400-edited.jpg" alt="" class="wp-image-18827"/></figure></div>



<p></p>



<p>Desde hace varios años el Ecuador ha volcado total atención al drama político. Parecería que no hay otra cosa de qué hablar, inclusive familias enteras se han visto fragmentadas por la disputa de afinidades ideológicas que entrecruzan viscerales posiciones, a favor o en contra de uno u otro bando.</p>



<p>No se puede negar que el Ecuador históricamente ha mantenido una fragmentación política ahondada con intereses regionales. Prácticamente desde el nacimiento de la República hemos convivido en esa dicotomía político-ideológica que nos separa. </p>



<p>Es que nuestro país, como muchos en Latinoamérica, hemos hecho del conflicto nuestro pan de cada día. Sin embargo, en la actualidad las redes sociales y los medios de comunicación se han convertido en la cloaca pública sobre la que se vomitan los odios, los rencores, las pasiones y hasta las debilidades de una sociedad tremendamente influenciable en tiempo real.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Debate mediocre</h4>



<p>Y es el terreno de la política donde se concentra la más hedionda pestilencia. Ecuador se ha convertido en el país donde la mediocridad le ha ganado cancha a la sensatez y a la excelencia -palabra que ya no se escucha-.</p>



<p>Basta con revisar las tendencias de <em>Twitter</em> para comprender el nivel de discusión al que los políticos nos han acostumbrado. Pero no solo eso, los escenarios de debate y discusión argumentada cada vez son más reducidos. La mediocridad existirá siempre pero no es dable que su mayor concentración insista justamente en el ámbito político.</p>



<p>Entonces cabe reflexionar sobre el entorno que nos rodea: En los medios corporativos el espectador solo puede ver una cara de la moneda: la del dueño o de quien paga la pauta. </p>



<p>La televisión abierta es un sumidero rebozado de violencia y frivolidad -narconovelas, farándula anodina, refritos de décadas pasadas, dibujos animados sosos. </p>



<p>Todo da la impresión de que el interés de sus propietarios radica en mantener una audiencia embobada y, como todo, pobre de contenidos. Los debates políticos se han reducido al escándalo y a la búsqueda de culpables.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Información y mediocridad</h4>



<p>Esa pobreza va de la mano de una manipulación generalizada en el manejo de la información, así como tiene una directa conexión con el espacio de la política. </p>



<p>A contenidos mediocres, información mediocre y reacción mediocre. Erradicar la mediocridad de una sociedad debe ser un proceso de largo alcance, que necesariamente tiene que estar liderado por políticas públicas integrales en el ámbito social, cultural y económico.</p>



<p>Debe ir de la mano del fortalecimiento de la institucionalidad pública y regulaciones sobre temas de educación, salud, soberanía alimentaria, comunicación, producción, ciencia y tecnología, información, etc. </p>



<p>Muchos otros temas que posibilitan una ciudadanía que asuma y conozca sus deberes y derechos, con conciencia crítica y partícipe -no solo expectante- de las decisiones de sus autoridades.</p>



<p>Lastimosamente hemos visto un desmantelamiento sistemático del aparato público y por ende una caída a pique de la calidad de bienes y servicios -no solo públicos sino también privados- sin que nadie diga nada. </p>



<h4 class="wp-block-heading">Mediocridad en todos lados</h4>



<p>La mediocridad amamantada por la clase política se ha enraizado en todos los espacios de poder y en todos los niveles de gobierno. Ya no es novedad ver a un político hacer o decir cualquier bufonada en redes, con la única finalidad de ganar seguidores, o mantenerse en tendencia. </p>



<p>No importa si expone sus posturas sin argumentos o eleva premisas absurdas, todo se vale con tal de no perder “seguidores”. La mediocridad junto al conflicto político es nuestro pan de cada día.</p>



<h4 class="wp-block-heading">¿Cómo alejarse de la mediocridad?</h4>



<p>Establecer distancias con la mediocridad implica al menos tres pasos: primero comenzar por exigir menos <em>show</em> y más trabajo; despolitizar la mediocridad, es decir, barrer de la escena pública a tanto político simplón y oportunista que espera el tiempo electoral para lisonjear su propia y vergonzosa ineptitud. </p>



<p>Segundo, se debe exigir de los funcionarios públicos argumentos técnicos y coherentes, no excusas o culpables. Ya basta de culpar, perseguir y atosigar para esconder la incapacidad, la corrupción y el abuso. Finalmente, hay que ponerle <em>mute</em> al conflicto y comenzar a buscar soluciones viables, medibles y razonables.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Un paso a la vez</h4>



<p>Despolitizar la mediocridad es, tal vez, la meta más cercana que podamos plantearnos si queremos cambiar este presente nefasto. </p>



<p>En nuestras manos está desmarcarnos de las perversidades que nos gobiernan y alimentar un futuro distinto, donde podamos exigir y exigirnos ser mejores personas, mejores ciudadanos y mejores políticos. </p>



<p>El ejercicio de la democracia -si todavía existe en el país- consiste en ser mandantes activos de un Estado que nos cobija a todos.</p>



<p>Un Estado donde la ciudadanía no solamente se expresa en la acción del sufragio. Sino en la posibilidad de mirar un futuro donde la eficiencia y eficacia política no sean una utopía.</p>



<p>Lee el anterior artículo de Ivette Celi <a href="https://radiolacalle.com/arte-contestacion-y-politica-opinion/">aquí</a>.</p>
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