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		<title>América Latina presionada por imperios occidentales &#124; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/america-latina-presionada-por-imperios-occidentales-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Apr 2023 11:57:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>por Juan Paz y Miño CepedaHistoriador La formación de los imperios en la era del capitalismo, siempre se vinculó al dominio sobre territorios y países. Ese proceso nació en el siglo XVI, con el mercantilismo, época que se extendió hasta el siglo XVIII. América, como continente, fue colonizada por grandes potencias europeas, a la cabeza de las [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right">por <strong>Juan Paz y Miño Cepeda</strong><br>Historiador</p>



<p>La formación de los imperios en la <em>era del capitalismo</em>, siempre se vinculó al dominio sobre territorios y países. Ese proceso nació en el siglo XVI, con el <em>mercantilismo</em>, época que se extendió hasta el siglo XVIII. América, como continente, fue colonizada por grandes potencias europeas, a la cabeza de las cuales se colocó España, un reino unificado y centralizado precisamente en 1492 por los Reyes Católicos. El dominio colonial español permanentemente tuvo como adversarios a Inglaterra y Francia, aunque los conflictos fueron menores con Portugal y otras monarquías europeas. El mercantilismo en Europa y el coloniaje en América fueron las dos caras de la misma moneda.</p>



<p>La relación mercantilismo/coloniaje fue la base de lo que K. Marx denominó como&nbsp;<em>acumulación originaria de capitales</em>, que preparó el surgimiento del capitalismo como sistema consolidado a partir de la I Revolución Industrial. En esa consolidación se produjeron las Revoluciones de Francia (1789), que representó el ascenso de la burguesía y el fin del feudalismo, así como la Revolución Estadounidense (1776), que expresó el triunfo de una nación para poner fin al colonialismo y establecer un país soberano bajo la forma republicano-democrática. En el marco histórico del surgimiento de la Edad Contemporánea también se produjeron las revoluciones independentistas en América Latina, que se iniciaron en Haití (1804), continuaron con la fase de las Juntas (1809-1812) y prosiguieron con las prolongadas guerras, hasta 1824. El resultado fue el nacimiento de los diversos Estados latinoamericanos, que finalmente adoptaron la forma republicana-democrática de gobiernos presidenciales (los imperios en México y Brasil resultaron temporales), siguiendo el modelo político de los EE.UU.</p>



<p>Bajo el capitalismo las relaciones mundiales adquirieron nueva estructura. Durante el siglo XIX Inglaterra mantuvo la hegemonía; pero en el XX ésta giró y los EE.UU. consolidaron su expansión imperialista. América Latina, que había soñado en su propio camino soberano una vez alcanzadas las independencias, fue una región que inevitablemente afirmó los lazos de la dependencia frente a las potencias hegemónicas.</p>



<p>En este marco, la historiografía tradicional buscó los rasgos comunes que identificaran a Europa con los EE.UU. y, además, con América Latina, a fin de generar la idea de pertenencia de las tres regiones a un mismo mundo. El trabajo pionero de los historiadores Jacques Godechot y R.R. Palmer en&nbsp;<em>Le Problème de l’Atlantique au XVIIIème siècle</em>&nbsp;(1955) ya habló de una “comunidad atlántica” que vinculaba específicamente a Europa y Norteamérica, sin referirse a Latinoamérica. Bajo las condiciones de la Guerra Fría se forjó un nuevo criterio, con una maniquea división: Europa, los EE.UU. y América Latina, pertenecían al “mundo libre”, al mundo de la “democracia”, mientras la URSS, Europa del Este, China, y en nuestro continente Cuba, formaban parte de la “esclavitud comunista”. Quedó fijada la idea de una esfera civilizatoria localizada en el mundo Occidental, que debía guiar el camino histórico de todos los otros confines de la Tierra.</p>



<p>La conmemoración de los bicentenarios independentistas latinoamericanos fue la oportunidad para el desarrollo de una renovada historiografía que ha servido para esclarecer, entender y ampliar los conocimientos y explicaciones sobre las revoluciones anticoloniales. Pero igualmente se difundieron obras que han tratado de sostener que las revoluciones criollas fueron una especie de reflejo de los acontecimientos en Europa (idea que se remonta a Hegel) o que simplemente formaron parte de un momento especial del desarrollo de la comunidad hispánica omnipresente hasta la actualidad. En refuerzo de la hispanidad, el libro de Borja Cardelús&nbsp;<em>América Hispánica</em>&nbsp;(2021) exalta los legados de España en América, algo incuestionable; pero no se comprende la magnitud histórica de las independencias, que rompieron con el coloniaje en los albores del capitalismo. Y en estos contextos historiográficos ha madurado la idea de que las independencias formaron parte de los procesos de la “comunidad atlántica” e incluso de las “revoluciones atlánticas”.</p>



<p>Finalmente, la guerra en Ucrania ha provocado que se retome la ideología de la occidentalidad, para tratar de alinear a América Latina en el conflicto, pero a favor de Europa y los EE.UU. Incluso Zelenski busca ganar el apoyo de América Latina a su causa y trataría de plantear una cumbre con los . Bajo el supuesto de que nuestra región pertenece a la misma esfera histórica del Atlántico, de Occidente, de la Hispanidad o del mundo libre y democrático, los imperialismos del presente no están dispuestos a comprender ni admitir que América Latina está definiendo sus propias posiciones soberanas ante el conflicto, que han sido encabezadas por los presidentes Andrés Manuel López Obrador en México e Inácio Lula da Silva en Brasil.</p>



<p>Debería quedar en claro que América Latina condena la guerra en Ucrania, no respalda a Rusia, tampoco a la OTAN, no tiene una posición “indefinida”, sino que reclama acciones concretas que no escalen el conflicto, sino que lo solucionen bajo la guía de la paz como principio rector de la diplomacia latinoamericana. El mismo principio de la paz como política internacional está correlacionado con el reconocimiento de la multipolaridad que avanza indetenible en el mundo y que permite que la región mantenga crecientes lazos económicos con China. La no alineación retoma, con alcances actuales, los ideales que movieron al Tercer Mundo desde la Conferencia de Bandung, en 1955.</p>
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		<title>Americanismo decadente para el siglo XXI &#124; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/americanismo-decadente-para-el-siglo-xxi-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Mar 2023 14:40:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[occidente]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XXI]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>por Juan Paz y Miño CepedaHistoriador Hace 200 años, América Latina era la región del continente que iniciaba una nueva época histórica entre las independencias anticoloniales y la construcción de los Estados Nacionales. Momento decisivo, lleno de contradicciones. No solo actuaban las fuerzas sociales despertadas en los diferentes países por las independencias, sino que se [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">por <strong>Juan Paz y Miño Cepeda</strong><br>Historiador</p>



<p>Hace 200 años, América Latina era la región del continente que iniciaba una nueva época histórica entre las independencias anticoloniales y la construcción de los Estados Nacionales. Momento decisivo, lleno de contradicciones. No solo actuaban las fuerzas sociales despertadas en los diferentes países por las independencias, sino que se redefinían los poderes mundiales, ante el derrumbe del imperio español y el ascenso de otras potencias capitalistas en Europa (ante todo Inglaterra), así como de los Estados Unidos en América.</p>



<p>En el año 1823 se sucedieron una serie de acontecimientos. En Buenos Aires se suscribió la alianza con la República de Colombia para garantizar la independencia; pero en Montevideo se acordaba la defensa contra el avance del Brasil, todavía bajo Pedro I; y en Chile renuncia Bernardo O’Higgins. La incipiente Colombia autorizó al Libertador Simón Bolívar para emprender la Campaña del Sur, que posibilitó su traslado y librar las batallas de Junín y Ayacucho (1824), que dieron la independencia definitiva a Perú y Bolivia, aunque existió un sector que apoyaba un reino independiente con un príncipe español. </p>



<p>Centroamérica era un hervidero: en México se logró poner fin al imperio de Iturbide, mientras Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, decidieron constituir la “República Federal de Centroamérica”, que también implicó liberarse de cualquier dominio por parte de México. En el Caribe, los patriotas cubanos intentaron una expedición libertadora desde México y especialmente el apoyo de Simón Bolívar, lográndose un avanzado proyecto de independencia conocido como “Soles y Rayos de Bolívar”, aunque sin éxitos, porque la isla solo pudo independizarse en 1898.</p>



<p>Pero lo más significativo en el orden continental fue la proclama que hizo el presidente norteamericano James Monroe (2 de diciembre de 1823) ante las evidentes proyecciones de los intereses europeos, que amenazaban a las independencias y de acuerdo con la cual “América es para los americanos”. La “Doctrina Monroe”, así resumida, era, por el momento, un freno contra los intentos de recolonización de los países latinoamericanos, pero aseguraba, desde el inicio de los Estados Nacionales de la región, la expansión de los intereses de los EE.UU. Sin embargo, entre 1823 y 1898 lo que existió fue un americanismo imperfecto, porque tampoco impidió las incursiones europeas (ante todo de Inglaterra y Francia) sobre América Latina.</p>



<p>Precisamente por esa experiencia histórica, en 1895, el caudillo liberal-radical ecuatoriano Eloy Alfaro (1842-1912) convocó a un congreso continental que debía reunirse en México el 10 de agosto de 1896. Ese congreso fue boicoteado por los EE.UU. a través del Secretario de Estado, Mr. Olney. En consecuencia, a la cita sólo acudieron los representantes de ocho Estados: Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y República Dominicana. Se acordó un contundente informe, que no solo hizo el repaso de las incursiones tanto europeas como norteamericanas en distintos países latinoamericanos durante todo el siglo XIX, sino que, por primera vez, postuló la necesidad de sujetar la Doctrina Monroe a un verdadero derecho público americano, aprobado por todos los países. Se cerraba así, con una radical crítica, el primer siglo de las relaciones “americanistas” en el continente.</p>



<p>Al iniciarse la época del imperialismo contemporáneo, el monroísmo se volvió expansivo, teniendo como marco de comportamiento tanto la doctrina del “gran garrote”, del republicano Theodore Roosevelt (1900), como la del “buen vecino” del demócrata Franklin D. Roosevelt (1933-1945). La Guerra Fría, escalada tras el fin de la II Guerra Mundial, alentó un “americanismo” fanático, que maniqueamente dividió al mundo entre el campo de los países “libres” y “democráticos” y el de los “comunistas” y “autoritarios”. Otro ciclo se inició desde la década de 1980, en la cual despegó el neoliberalismo, que durante la década de 1990 se consolidó en el marco de la globalización transnacional encabezada por los EE.UU. ante el derrumbe del socialismo soviético. Habían triunfado tanto la economía de mercado como las democracias liberales y todo lucía como “el fin de la historia” (F. Fukuyama).</p>



<p>Paradójicamente el encantamiento ha durado poco. Al comenzar el siglo XXI incubaron situaciones imparables: la recuperación y ascenso de Rusia, el auge de China, nuevas relaciones económicas de América Latina con esos países y diversificación de las mismas con otros. Para la segunda década del siglo XXI el mapa mundial cobró un camino insospechado: la creciente esclerosis de la hegemonía de los EE.UU. en el mundo, que arrastra a las potencias europeas; la definición de políticas soberanas entre gobiernos progresistas latinoamericanos; las reacciones en África contra antiguas metrópolis coloniales. Como nunca antes, en América Latina se extienden las críticas radicales a la OEA, los cuestionamientos al intervencionismo norteamericano en los asuntos internos de los países, la negativa a alinearse con Occidente en la guerra de Ucrania (a pesar de posiciones como la del presidente Gabriel Boric en Chile), el acercamiento a Rusia y China, que no son consideradas potencias “enemigas”. De hecho, la relación entre Rusia y China, establecida a raíz de la reciente visita del presidente Xi Jinping a Vladimir Putin, marca un momento histórico en el desarrollo de la humanidad. Al mismo tiempo se fortalecen los BRICS y el acercamiento de Argentina, que también busca el relanzamiento de UNASUR; en tanto Brasil estrecha relaciones con China y el presidente Lula da Silva viaja para tratar temas de interés. Se impone la causa de Cuba frente a la agresión del bloqueo norteamericano y en México el presidente Andrés Manuel López Obrador define tajantes posiciones latinoamericanistas, confrontando directamente a los EE.UU.</p>



<p>A 200 años de su proclamación, la Doctrina Monroe es insostenible y está en crisis. Pero no la agresividad con la que todavía se manifiesta y que últimamente se ha hecho visible con las declaraciones de la General Laura J. Richardson, Comandante del Comando Sur de los EE. UU., contra los acercamientos soberanos de América Latina a China y a Rusia, su crítica a la amplia difusión de las agencias noticiosas de Rusia en la región, así como las previsiones que hace sobre los recursos naturales existentes (especialmente el litio) y la inquietante relación que busca renovar y fortalecer directamente con las fuerzas armadas, sobre las cuales hay suficiente experiencia histórica.</p>



<p>América Latina se encuentra en un momento de agudas contradicciones, como se hallaba doscientos años atrás, en el que pesan las fuerzas internas de cada país y, al mismo tiempo, las geoestrategias del mundo cambiante, en medio de la inevitabilidad de relaciones internacionales multipolares y pluriculturales, que proyectan el Mundus Novus del siglo XXI. En este proceso, los latinoamericanos no están dispuestos a consentir ni adherir a la nueva y maniquea división de la humanidad en una esfera de países y gobiernos “libres” y “democráticos” y otra de los que se rigen por poderes “autoritarios”, aunque todavía es difícil lograr una geoestrategia común, que se convierta en fuerza decisiva continental.</p>
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		<title>América Latina y el renacer del «Tercer Mundo» &#124; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/america-latina-y-el-renacer-del-tercer-mundo-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Mar 2023 16:23:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[África]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[occidente]]></category>
		<category><![CDATA[Tercer Mundo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>por Juan Paz y Miño Cepedahistoriador El colonialismo europeo de América aprovechó a España en casi todo el territorio continental, a Portugal en lo que hoy es Brasil, mientras el Caribe fue zona de disputa entre las potencias coloniales. En todo caso, luego de la independencia de los EE.UU. (1776), los procesos independentistas de América [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">por <strong>Juan Paz y Miño Cepeda</strong><br>historiador</p>



<p>El colonialismo europeo de América aprovechó a España en casi todo el territorio continental, a Portugal en lo que hoy es Brasil, mientras el Caribe fue zona de disputa entre las potencias coloniales. En todo caso, luego de la independencia de los EE.UU. (1776), los procesos independentistas de América Latina y el Caribe entre 1804-1824 marcaron el fin histórico del colonialismo europeo en el continente, a pesar de que todavía quedaron pendientes algunos territorios (como Guayanas o Malvinas), así como Cuba y Puerto Rico, independizados en 1898. </p>



<p>Por otra parte, si bien la colonización europea del África tenía una larga historia anterior, fue la Conferencia de Berlín de 1884 la que resolvió el reparto de este continente entre los imperialismos europeos de la época, bajo el supuesto de evitar conflictos entre ellos. Los beneficiarios fueron, en su orden: Francia, Reino Unido, Portugal, Alemania, Bélgica, Italia y España. En consecuencia, los procesos de independencia de casi todos los países, mejor identificados como descolonización del África, solo ocurren desde los años cincuenta del siglo XX y se extienden hasta la década de 1990. Varios de esos procesos fueron sangrientos.</p>



<p>La liberación de los países latinoamericanos, pese a la dependencia externa que sobrevino durante los siglos XIX (Inglaterra) y XX (EE.UU.), permitió construir Estados nacionales, avanzar políticas soberanas en distintos momentos y modernizar las economías con relativas autonomías. </p>



<p>No ocurrió lo mismo en toda el África, porque su tardía liberación afectó el progreso general. En ambos continentes, la colonización europea marcó las condiciones del subdesarrollo, la dependencia y las profundas divisiones sociales internas en casi todos los países. Pero, igualmente, desde el nacimiento del “Tercer Mundo” a partir de la Conferencia de Bandung (Indonesia, 1955), que inauguró el Movimiento de Países No Alineados, tomó raíces un largo proceso de acumulación de fuerzas, voluntades, conciencias y políticas, que ha levantado a los países del Asia, África y América Latina para reclamar respeto a sus soberanías, su independencia y la autonomía, con el objetivo de edificar sus propios sistemas de economía y de regímenes políticos. También largamente fue un obstáculo la “guerra fría”, que maniqueamente dividió al mundo entre los que tienen “libertad” y “democracia”, frente a los de la “esclavitud comunista”. Una dualidad construida por los EE.UU. con la adhesión de las potencias capitalistas del occidente europeo, que durante décadas han justificado intervencionismos directos o indirectos sobre los países “subdesarrollados”, para imponer sus intereses.</p>



<p>La dualidad del mundo creada por la guerra fría se derrumbó con la caída del socialismo soviético y de Europa del Este. La globalización transnacional pareció triunfante para siempre. Pero el ascenso de China, Rusia, los BRICS y los países del “Tercer Mundo”, que se afirma como nunca antes desde inicios del siglo XXI, ha vuelto a alterar el mapa mundial.</p>



<p>Hoy, las tradicionales potencias del occidente no pueden imponer, como lo hicieron en el pasado inmediato, su visión e intereses. Esta situación es fruto de un conjunto de procesos históricos contemporáneos, entre los que cabe resaltar: las experiencias del intervencionismo han acumulado crecientes rechazos y resistencias en los pueblos; el avance de la educación y el progreso tecnológico de las comunicaciones, siembran conciencia ciudadana, informaciones y conocimientos al alcance de todos, volviendo imposibles o difíciles los engaños; la modernización económica y el progreso material favorecen las decisiones autónomas, han ampliado las relaciones entre países y diversifican las “dependencias”; los mercados articulan nuevas relaciones; surgen movimientos sociales y fuerzas progresistas y democráticas (normalmente identificadas con las izquierdas), que apuestan por una sociedad diferente; también se constituyen gobiernos con proyectos destinados a fortalecer las soberanías; y en América Latina crece la identidad regional.</p>



<p>Bajo esas nuevas condiciones del desarrollo mundial, las viejas potencias coloniales se ven desafiadas. Apenas en la semana pasada, se acumularon inéditos acontecimientos: el presidente de Francia, Emmanuel Macrón, en viaje por cuatro países africanos (excolonias), sostuvo que disminuirá la presencia militar, cuestionando los acercamientos con Rusia y China; pero en la República Democrática del Congo, el presidente Félix Tshisekedi le encaró, reclamando que sea respetuoso y que “la forma como Europa nos trata tiene que cambiar” [() /()]; al mismo tiempo que en África Occidental y Septentrional se multiplicaron las protestas callejeras contra Francia; y, de igual modo, en Namibia, el presidente Hage Gaeingob enrostró el embajador de Alemania por su reclamo sobre la mayor presencia de chinos que de alemanes en el país ().</p>



<p>Con un atrevimiento singular, la congresista republicana María Elvira Salazar advirtió al gobierno argentino que si construyen aviones de caza chinos los EE.UU. no se quedarán de brazos cruzados ante este “pacto con el diablo” y que “hay dos mundos, el mundo libre y el mundo de los esclavos, espero que los argentinos se queden en el mundo libre”, , algo que han debido contestar los voceros de la casa de gobierno de . </p>



<p>Con mayor audacia, los republicanos Lindsey Graham (Carolina del Sur) y John Kennedy (Luisiana) han propuesto que el Ejecutivo norteamericano pueda autorizar el uso de la fuerza armada para intervenir en contra el tráfico de drogas, a lo cual ha respondido el presidente Andrés Manuel López Obrador con palabras que representan el amplio sentir de los pueblos latinoamericanos, pues ha criticado la “manía” y “mala costumbre” de EE.UU. de “considerarse el gobierno del mundo”; añadiendo: “pero todavía es peor que quieran utilizar la fuerza militar para intervenir en la vida pública de otro país. O sea, invadir a otro país con la excusa de que van sobre narcotraficantes terroristas. Desde luego, es pura propaganda. Sin embargo, hay que estar rechazando todas esas pretensiones de intervencionismo”; y ha concluido afirmando: “México no es un protectorado de Estados Unidos ni una colonia de Estados Unidos. México es un país libre, independiente, soberano. No recibimos órdenes de nadie” [() / () / (<a href="https://bit.ly/3YzyQBv">noticia 3</a>)]. </p>



<p>Las presiones para que América Latina tome posición en la guerra de Ucrania igualmente quieren definir la región a favor de los intereses del mundo occidental, mientras de lo que se trata en estas tierras es de que se preserve su estatus como zona de paz, sin definirse por ninguna de las potencias que actúan en un conflicto ajeno a los intereses soberanistas latinoamericanos, aunque la guerra ya ha merecido la condena regional.</p>



<p>Se advierte que existe un despegue, todavía lento, aunque históricamente imparable, de los países dependientes y que ha sido posible por la ruptura de la hegemonía de occidente y la conformación de un mundo multipolar. En este naciente Mundus Novus del Siglo XXI, los ideales de Bandung toman fuerza y merecen renovarse, lo cual crea condiciones para el acercamiento de América <a href="https://radiolacalle.com/">Latina </a>a las otras naciones del Tercer Mundo, con el propósito de crear un frente geopolítico que también incida en los ámbitos internacionales, sobre la base de nuevas formas de integración política para la defensa de las soberanías, contra las intenciones de las potencias occidentales para dividir al mundo, una vez más, entre el supuesto bloque de la “democracia” y la diabólica esfera de las regiones del “autoritarismo”.</p>



<p></p>



<p>Foto: <strong>Reuters</strong></p>
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