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	<title>Ronald Rodríguez archivos &#8212; La Calle</title>
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		<title>Opinión: Taisha, la vergüenza nacional que la derecha prefiere ignorar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 May 2025 12:39:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Amazonía]]></category>
		<category><![CDATA[Morona Santiago]]></category>
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<p><strong>Por:</strong> Ronald Rodríguez</p>



<p>Lo que ocurre en Taisha no es una sorpresa. Es el resultado de una política de Estado que ha abandonado sistemáticamente a los más pobres, los más lejanos, los más indígenas. Y hoy, cuando las cifras de pobreza extrema, desnutrición infantil y abandono institucional estremecen a un país que apenas despierta, hay que ser claros: la responsabilidad recae directamente sobre la derecha política que ha gobernado —y sigue gobernando— con voracidad, con desprecio por la equidad y con una insensibilidad brutal frente a territorios como Morona Santiago.</p>



<p>Taisha, con un 74,35% de pobreza por ingresos y casi el 50% de su población en pobreza extrema, no es una excepción. Es la regla de lo que sucede cuando se antepone la rentabilidad económica sobre la vida humana, cuando se abren las puertas a los megaproyectos mineros e hidroeléctricos pero se cierran los ojos ante la desnutrición, el abandono escolar, la falta de agua potable o la inexistencia de servicios médicos básicos. Morona Santiago —la provincia más pobre del Ecuador— es también el emblema de cómo se saquea la riqueza natural de un territorio sin devolverle absolutamente nada a su gente.</p>



<p>Y es necesario decirlo sin titubeos: la derecha que hoy gobierna, la misma que lleva casi dos períodos presidenciales en el poder, ha dejado al país entero en el abandono, pero ha sido particularmente cruel con la Amazonía. No hay infraestructura, no hay inversión social, no hay presencia institucional real. Hay sí, show mediático, declaraciones vacías y una campaña política permanente que ya proyecta cuatro años más de lo mismo con Daniel Noboa, un presidente cuya prioridad es la farándula, no la justicia social.</p>



<p>¿Dónde están los hospitales que prometieron? ¿Dónde está el agua segura, las escuelas funcionales, las vías transitables? ¿Dónde están los derechos de los pueblos indígenas que han sido despojados de todo menos de su dignidad? Taisha no es una casualidad ni un error técnico. Es una consecuencia directa de un modelo económico que ve a los territorios amazónicos como zonas de sacrificio. Y mientras los números escandalizan —25,3% de desnutrición infantil, 4,61% de deserción escolar, 82,4% de pobreza multidimensional— la política sigue girando en torno a los negocios, no a las necesidades.</p>



<p>Es momento de dejar la hipocresía. El país necesita mirar a Taisha y entender que este no es un caso aislado ni una emergencia reciente. Es una vergüenza histórica. Y aunque la culpa sea compartida a lo largo del tiempo, el presente tiene nombre, apellido y rostro: el de una derecha elitista que controla el poder, administra el Estado y decide a quién se le sirve y a quién se le olvida.</p>



<p>No podemos permitir que Taisha vuelva a ser noticia solo cuando hay tragedia. Taisha debe ser la bandera de una lucha nacional por la justicia territorial, por la redistribución de los recursos, por la dignidad de los pueblos amazónicos. Porque si el país no se indigna con esto, entonces no se indigna con nada. Y si este gobierno —y su continuismo— no cambia el rumbo, será recordado como el régimen que institucionalizó el abandono como política de Estado.</p>



<p>¿O acaso vamos a esperar a que mueran más niños para reaccionar?</p>



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		<title>Opinión &#124; Ecuador, a la deriva: un país huérfano de liderazgo</title>
		<link>https://lacalle.media/opinion-ecuador-a-la-deriva-un-pais-huerfano-de-liderazgo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Apr 2025 12:39:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Noboa]]></category>
		<category><![CDATA[Liderazgo]]></category>
		<category><![CDATA[Ronald Rodríguez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Ronald Rodríguez Ecuador atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. El país, desgarrado por una crisis de inseguridad sin precedentes, sumido en la desigualdad, con servicios de salud colapsados y una economía estancada, enfrenta no solo la amenaza de la violencia, sino también la de la indiferencia política. En este [&#8230;]</p>
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<p><strong>Por:</strong> Ronald Rodríguez</p>



<p>Ecuador atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. El país, desgarrado por una crisis de inseguridad sin precedentes, sumido en la desigualdad, con servicios de salud colapsados y una economía estancada, enfrenta no solo la amenaza de la violencia, sino también la de la indiferencia política. En este escenario, el presidente Daniel Noboa, electo en medio de graves cuestionamientos sobre la transparencia de los comicios del 13 de abril de 2025, ha optado por mirar hacia afuera mientras el país se desmorona por dentro.</p>



<p>La administración Noboa, que prometió un nuevo estilo de hacer política, ha caído rápidamente en las prácticas más tradicionales del distanciamiento y la desconexión. Mientras comunidades enteras —como en Esmeraldas, Manabí, Los Ríos o Guayas— claman por atención tras desastres naturales, actos terroristas y un deterioro total de la calidad de vida, el primer mandatario y su comitiva priorizan agendas internacionales, giras diplomáticas y relaciones exteriores que, aunque relevantes, parecen hoy fuera de toda proporción ante la urgencia interna.</p>



<p>El país sufre. En los hospitales públicos, los pacientes renales ven peligrar sus vidas por la falta de pagos a las clínicas de diálisis. La delincuencia común y organizada ha ganado terreno a una policía desbordada, mal equipada y peor remunerada. El desempleo alcanza niveles alarmantes, especialmente entre los jóvenes, que encuentran en la migración su única vía de escape. La educación pública se precariza día tras día, y la brecha social se ensancha a un ritmo devastador. Y mientras tanto, el Ejecutivo responde con silencio, superficialidad o discursos vacíos.</p>



<p>La falta de empatía del presidente Noboa resulta preocupante. Cada aparición pública parece más un acto protocolario que un gesto de liderazgo genuino. No hay acciones concretas ni planes de choque para frenar la violencia, no hay propuestas claras para reactivar la economía, ni señales de un compromiso real con los sectores más vulnerables de la sociedad. Ecuador necesita presencia, decisión y humanidad; necesita un gobierno que camine junto a su pueblo, no uno que observe su dolor desde la distancia de un salón diplomático.</p>



<p>Además, es imposible ignorar que la llegada de Noboa al poder estuvo marcada por múltiples denuncias de irregularidades, de un Consejo Nacional Electoral cuestionado por su falta de transparencia y de un Tribunal Contencioso Electoral que se mostró más funcional al poder que a los principios democráticos. Esta herida abierta, lejos de cerrarse, se profundiza a medida que la falta de gobernabilidad y de resultados concretos deslegitima aún más a un gobierno que ya nació con una base social frágil.</p>



<p>Hoy Ecuador no solo enfrenta una crisis política o económica. Enfrenta algo más grave: una crisis moral. La desilusión se convierte en desesperanza cuando las instituciones que deberían ser faros de estabilidad se muestran incapaces de responder. La democracia se vacía de contenido cuando quienes son elegidos para servir olvidan su misión esencial: proteger a los ciudadanos, garantizar sus derechos, construir futuro.</p>



<p>El tiempo para discursos ha terminado. Es hora de acciones reales, de decisiones valientes, de liderazgos empáticos y comprometidos. Si Daniel Noboa no rectifica su rumbo con urgencia, si no vuelve su mirada hacia las calles destruidas, los hospitales abandonados, las escuelas derruidas y las familias destrozadas por la violencia, será recordado no como el líder joven que prometía esperanza, sino como el gobernante ausente que dejó a Ecuador naufragando en su peor crisis.</p>



<p>El pueblo ecuatoriano, resiliente pero cansado, no puede ni debe soportar más la indolencia de sus líderes. El país exige gobernabilidad, exige justicia, exige vida digna. Y la historia no perdona a quienes, habiendo tenido la oportunidad de hacer la diferencia, eligieron la comodidad de la indiferencia.</p>



<p></p>
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