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	<title>Siglo XXI archivos &#8212; La Calle</title>
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	<title>Siglo XXI archivos &#8212; La Calle</title>
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		<title>Immanuel Kant: su aporte al siglo XXI, 300 años después</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Apr 2024 20:33:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[300 años]]></category>
		<category><![CDATA[aporte]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Immanuel Kant]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fuente: DW en español Si quieres entender el mundo, no necesariamente tienes que recorrerlo. Fue Immanuel Kant (1724-1804) quien lo demostró. Este 22 de abril se celebra el tricentenario de su nacimiento.  El filósofo alemán nunca abandonó su tierra natal en Prusia oriental, Königsberg (hoy Kaliningrado, un enclave de Rusia, entre Polonia y Lituania). Pero su comprensión del [&#8230;]</p>
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<p><strong>Fuente:</strong> DW en español</p>



<p>Si quieres entender el mundo, no necesariamente tienes que recorrerlo. Fue Immanuel Kant (1724-1804) quien lo demostró. Este 22 de abril se celebra el tricentenario de su nacimiento. </p>



<p>El filósofo alemán nunca abandonó su tierra natal en Prusia oriental, Königsberg (hoy Kaliningrado, un enclave de Rusia, entre Polonia y Lituania). Pero su comprensión del mundo no se quedó atrás: sus ideas revolucionaron la filosofía y lo convirtieron en un pionero de la Ilustración, que sigue siendo relevante frente al cambio climático o a las múltiples guerras y crisis de nuestro tiempo. </p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>La idea de las Naciones Unidas y de una ciudadanía cosmopolita</strong></h3>



<p>En 1795, en su ensayo «La paz perpetua», Kant recomendó una «federación de naciones» como comunidad federal de Estados republicanos. Según Kant, la acción política debería guiarse siempre por la ley moral. Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), su obra se convirtió en el modelo para la fundación de la Sociedad de las Naciones, precursora de las Naciones Unidas, en cuya carta dejó su huella.</p>



<p>Además del derecho internacional, Kant también trabajó en la idea del derecho de ciudadanía mundial. Al hacerlo, rechazó el colonialismo y el imperialismo, formulando ideas para un trato humano a los refugiados. Según él, toda persona tendría derecho de visita en cualquier país, aunque no necesariamente derecho a recibir hospitalidad como residente.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>A favor de la razón y la argumentación</strong></h3>



<p>Kant no basó la dignidad y los derechos humanos -religiosamente- en Dios, sino -filosóficamente- en la razón. Confiaba mucho en la gente. Nos creía capaces de asumir responsabilidad por nosotros mismos y por el mundo. Y de dominar la vida con razón y argumentos.</p>



<p>Formuló una regla básica: «Obra de manera que la máxima de tu voluntad pueda ser considerada en cualquier momento también como principio de legislación general». Llamó a esto el «imperativo categórico», según el cual,&nbsp;sólo deberíamos&nbsp;hacer lo que sea por el bien de todos.</p>



<p>En 1781, Kant publicó la que probablemente sea su obra más importante: su «Crítica de la razón pura». Allí&nbsp;planteó&nbsp;las cuatro preguntas fundamentales de la filosofía: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo esperar? ¿Qué es el ser humano?&nbsp;</p>



<p>Su búsqueda de respuestas a estas preguntas se denomina epistemología. En su tratado, diferencia de muchos filósofos que le antecedieron, explica que la mente humana no puede responder a preguntas como la existencia de Dios, el alma o el origen del mundo.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Pionero de la Ilustración</strong></h3>



<p>Las enseñanzas y escritos de Immanuel Kant sentaron las bases de una nueva forma de pensar, posicionándolo como un pionero de la Ilustración.&nbsp;Este&nbsp;movimiento intelectual, que surgió en Europa a finales del siglo XVII, declaró que la razón humana (racionalidad) y su uso correcto eran la norma para todas las acciones.&nbsp;</p>



<p>En sus escritos, Kant llamaba a desprenderse de cualquier instrucción (como los mandamientos de Dios) y a asumir la responsabilidad de nuestras propias acciones. De él también proviene esta famosa frase: «Lo que no quieras que te hagan a ti, no se lo hagas a nadie más».</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Contra el colonialismo y la esclavitud</strong></h3>



<p>Todavía hoy circulan numerosos juicios y prejuicios sobre Kant. El filósofo alemán Otfried Höffe ha puesto a prueba algunos, incluida la afirmación de que era un «racista eurocéntrico» y un misógino.</p>



<p>En ambos casos caso,&nbsp;su respuesta es: «Sí, pero&#8230;».&nbsp;Pues Kant condenaba el colonialismo y la esclavitud, y era personalmente un «maestro elegante»&nbsp;con las mujeres. Pero&nbsp;estaba «sujeto a los prejuicios de su tiempo» y, en algunos de sus escritos hay pasajes muy cuestionables, a veces contradictorios,&nbsp;que discriminan a todas las mujeres&nbsp;y niegan cualquier talento a «negros» o «indios amarillos», ha escrito Höffe en el&nbsp;<em>Neue Zürcher Zeitung</em>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Celebración de Kant</h2>



<p>Muchos actos conmemorarán a Kant y su legado en 2024, también en Alemania.&nbsp;En junio se celebrará en Berlín una gran conferencia académica, a la que seguirá en otoño un Congreso Internacional sobre Kant en Bonn, que en principio estaba previsto en Kaliningrado, pero que no podrá celebrarse allí debido a la guerra de agresión rusa contra Ucrania.&nbsp;</p>
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		<title>El subdesarrollo en el siglo XXI &#124; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/el-subdesarrollo-en-el-siglo-xxi-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Feb 2024 14:23:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[desarrollo]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XXI]]></category>
		<category><![CDATA[subdesarrollo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Juan Paz y Miño El tema del desarrollo económico surgió después de la II Guerra Mundial (1939-1945), asociado con la Guerra Fría. La razón fue que las condiciones sociales de los países de Asia, África y América Latina, a los que también se llamó el “Tercer Mundo”, podían resultar explosivas y favorables a proyectos socialistas, con [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por:</strong> Juan Paz y Miño</p>



<p>El tema del <em>desarrollo económico</em> surgió después de la II Guerra Mundial (1939-1945), asociado con la Guerra Fría. La razón fue que las condiciones sociales de los países de Asia, África y América Latina, a los que también se llamó el “Tercer Mundo”, podían resultar explosivas y favorables a proyectos socialistas, con temor del derrumbe del capitalismo. La preocupación de los países del “Primer Mundo” fue promover el “desarrollo” del Tercer Mundo. En los Estados Unidos comenzaron a aparecer los teóricos “expertos” en desarrollo, como W. W. Rostow, autor de <em>The Stages of Economic Growth: A Non-Communist Manifesto</em> (1960), que tuvo enorme influencia y que pretendía fundamentar cinco etapas de obligado ascenso al desarrollo, siempre vinculadas con el modelo de economía “libre” de los EE.UU., es decir, solo en camino al capitalismo.<br> <br>En América Latina la institución que, además de integrar a prestigiosos investigadores, supo realizar pioneros estudios sobre el “subdesarrollo” de la región fue la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), creada por las Naciones Unidas en 1948. Sus teorías contrastaron con las que provenían de los EE.UU. y ofrecieron soluciones contrarias e innovadoras frente a las de los expertos del Primer Mundo. El golpe inesperado llegó con el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959 y el camino que este país inició, que finalmente sería el del socialismo. El terror a un desenlace parecido en cualquier otro país latinoamericano condujo a que durante la presidencia de J. F. Kennedy (1961-1963) se planteara el plan “Alianza para el Progreso” como instrumento para impulsar el desarrollo de América Latina. Por cierto, Rostow pasó a ser Consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y luego presidente del Consejo de Planificación Política en el Departamento de Estado.  Y esa especie de “Plan Marshall” para la región formó parte de una estrategia de largo plazo para el fortalecimiento del modelo norteamericano de economía “libre” frente al ruso-comunista, acompañado del objetivo por lograr la primacía militar y en el espacio (que llegó al primer descenso humano en la Luna) y fortalecer la hegemonía de los EE.UU. La reconocida economista Mariana Mazzucato, en tres obras: <em>El Estado emprendedor</em> (2014), <em>Misión economía. Una guía para cambiar el capitalismo</em> (2021) y en <em>Cambio transformacional en América Latina y el Caribe: un enfoque de política orientada por misiones</em> (2022), tomó como ejemplo esos procesos, para fundamentar sus concepciones sobre la necesidad de las políticas de Estado para la actualidad, rechazando la visión neoliberal que intenta arrinconarlo y hasta suprimirlo en su acción económica.<br> <br>De aquella época al presente hay un contraste abismal. El <em>desarrollismo</em> de las décadas de los 60 y 70 en América Latina, con clara participación estatal en la economía y que en países como Ecuador sirvieron para superar el escandaloso atraso de su sociedad (el “cuadro del subdesarrollo”, en un conjunto de índices muy propio de la época, ocupaba el primer lugar en América del Sur, junto con Bolivia), progresivamente fue abandonado. Se articularon la crisis de la deuda externa en 1982, las intervenciones del FMI, la consolidación del <em>reaganismo</em> y la indetenible expansión de la ideología neoliberal entre las élites latinoamericanas, a raíz de la globalización transnacional provocada con el derrumbe del socialismo de tipo soviético. En la región cambió todo el lenguaje económico sobre el desarrollo y, además, sobre el bienestar humano colectivo. Y en la vía señalada se abandonó la construcción de teorías económicas propias de la región, como lo había postulado la CEPAL, y se pasó a manejar las reducidas consignas de los grupos económicos, con un recetario que ha caracterizado la conducción de los gobiernos empresariales latinoamericanos y de los presidentes-empresarios. Entre ellos se repite, hasta el presente: achicar al Estado, aliviar o suprimir impuestos, privatizar bienes y servicios, transferir recursos públicos y nacionales al sector privado, “liberar” mercados, flexibilizar/precarizar las relaciones laborales y nada de redistribución de la riqueza generada por el trabajo social apropiado campantemente por las elites económicas, que disfrutan de una vida de privilegios.<br> <br>Fueron los gobiernos progresistas del primer ciclo y ahora también los del débil segundo ciclo, los que recuperaron el sentido del desarrollo y, sobre todo, el del bienestar colectivo. Sentaron caminos para la construcción de <em>economías sociales</em>. Por eso sus políticas han chocado no solo con la visión del FMI y de los EE.UU. sino, ante todo, con las élites empresariales que se acostumbraron a la captura del Estado a su favor, durante las décadas finales del siglo XX. Con el libertarianismo, como nueva ideología que da un paso adelante frente al neoliberalismo y que es inducida por el triunfo presidencial de Javier Milei en Argentina, esas élites se han decidido por abandonar, definitivamente, cualquier sentido de justicia social (<a href="https://pazymino.us7.list-manage.com/track/click?u=c3e3bed0077c1d7adb5463ee7&amp;id=d1122c4289&amp;e=60262b90d7" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://t.ly/csmv3</a>). Sólo se interesan por el progreso de sus negocios y la acumulación de mejores rentabilidades. Y eso confunden como “desarrollo”. De este modo, la economía puede crecer (en cuanto al PIB) y hasta lucir como modernas, con incremento del consumismo y la inundación de mercancías de todo tipo, que llenan supermercados y centros comerciales en urbes que acumulan construcciones y edificios, pero sin lograr el mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo de la población, cuya ruina no llega a solucionarse en el largo tiempo. Además, en países como Ecuador, aparecen claros signos de reconfiguración de economías oligárquicas, primario-exportadoras, con hegemonía del capital financiero, comercial, especulativo y el crecimiento de las “economías ilegales”, en manos de mafias que han logrado penetrar en instituciones del Estado. Un <em>nuevo cuadro del subdesarrollo</em> latinoamericano, para el cual no tienen respuestas el neoliberalismo ni el libertarianismo, ya que son los causantes de esta sui géneris época histórica del siglo XXI latinoamericano. La reconcentración agresiva de la riqueza es el signo actual, como lo ha constatado la misma CEPAL. Es tajante la diferencia con los cambios reales que han encabezado los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador en México y de Lula en Brasil. En Colombia, el camino hacia una economía social conducido por el presidente Gustavo Petro está amenazado por la reacción de los sectores que disfrutaban del control del poder para garantizar sus privilegios.<br> <br>Economías sin desarrollo, es decir sin promover el bienestar colectivo, unidas al dominio estatal de élites neoliberales/libertarias, no solo han provocado <em>democracias oligárquicas</em> (<a href="https://pazymino.us7.list-manage.com/track/click?u=c3e3bed0077c1d7adb5463ee7&amp;id=efe663154f&amp;e=60262b90d7" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://t.ly/F9O14</a>), como la que vive Ecuador, sino que no ofrecen un futuro que haga posible el mundo mejor. Y se unen potencias del Primer Mundo que anteponen sus geoestrategias de hegemonía internacional, sin comprometerse en programas de acción conjunta con los países subdesarrollados, para superar, definitivamente, las condiciones estructurales que alimentan la pobreza y el mantenimiento del deterioro en la calidad de vida y trabajo de la mayoría de las poblaciones.</p>
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		<title>Desafíos latinoamericanistas del siglo XXI &#124; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/desafios-latinoamericanistas-del-siglo-xxi-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Apr 2023 14:10:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[desafíos]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[latinoamérica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>por Juan Paz y Miño CepedaHistoriador Desde que se inició la guerra en Ucrania (febrero, 2022), América Latina es una región presionada para definir posiciones alineándose con Occidente, esto es, con Estados Unidos y Europa, aliados en la OTAN. Hemos tenido experiencias similares en otros tiempos. No hubo problema en apoyar a los Aliados durante la [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right">por <strong>Juan Paz y Miño Cepeda</strong><br>Historiador</p>



<p>Desde que se inició la guerra en Ucrania (febrero, 2022), América Latina es una región presionada para definir posiciones alineándose con Occidente, esto es, con Estados Unidos y Europa, aliados en la OTAN. Hemos tenido experiencias similares en otros tiempos.<br> <br>No hubo problema en apoyar a los Aliados durante la II Guerra Mundial (1939-1945), pues existió una clara conciencia contra el Eje nazi-fascista, a pesar de iniciales resistencias de grupos en países como Argentina o Brasil, por la existencia de familias provenientes de la migración alemana, que incluso adquirieron influencia social o política. En los países latinoamericanos se elaboraron “listas negras” con la guía de las embajadas norteamericanas, como ocurrió en Ecuador, en cuya lista aparecen no solo alemanes, sino también algunos italianos, varios japoneses y además ecuatorianos vinculados con ellos por razones de negocios.<br><br>Pero el alineamiento forzado por la Guerra Fría desde la década de los 50 y que duró hasta el derrumbe del socialismo en la URSS y los países de Europa del Este, fue una clara imposición. Era obligado unirse al “mundo libre”, en contra del “comunismo totalitario”. La CIA actuó en la década de los 60 para desestabilizar e incluso derrocar gobiernos latinoamericanos que no querían subordinarse (ocurrió en Ecuador, 1963) y los militares, convencidos del anticomunismo por el directo trabajo técnico e ideológico que sobre ellos hicieron los EE.UU. a partir del TIAR (1947), actuaron como instrumento del americanismo macartista. Por cierto, la Revolución Cubana (1959) y el aparecimiento de guerrillas inspiradas en su proceso en distintos países, sirvieron para justificar el intervencionismo militar.<br><br>La implantación de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile (1973-1990) y de los Estados militares terroristas en el Cono Sur, dejó un historial de crímenes de lesa humanidad, bajo el supuesto de librar una “guerra interna” de “seguridad nacional”. Estos gobiernos estaban convencidos de salvar a la región exterminando seres humanos de izquierda. Una vez recuperadas las instituciones de la democracia representativa, aunque se intentó juzgar a los antiguos represores, no se logró hacerlo en todos los países. Por orden del juez Baltasar Garzón, de la Audiencia Nacional de España, Pinochet fue detenido en Inglaterra (1998-2000) bajo acusación de haber cometido genocidio, terrorismo internacional, torturas y desaparición de personas. Se provocó un terremoto tanto en Inglaterra como en Chile, en el ámbito internacional y hasta en el Vaticano. Su liberación por el Ministro Jack Straw, garantizó su impunidad. Solo en Argentina se logró un proceso exitoso contra los militares y varios fueron condenados, lo cual ha sido muy bien tratado en la película “Argentina 1985”, que ha merecido varios premios internacionales.<br><br>Cuba, en cambio, sometida a un bloqueo despiadado e injustificado, que incluso se agudizó en plena pandemia de Covid del año 2020 (cualquier empresa sería sancionada por suministrar recursos médicos a la isla), es un país que goza de indudable prestigio internacional por sus lecciones de dignidad y soberanía, mantiene ahora relaciones con varios países latinoamericanos, ha recibido el respaldo directo de distintos gobiernos progresistas de la región, ha merecido los casi unánimes pronunciamientos de la asamblea de la ONU en contra del bloqueo y en forma consecutiva desde 1992, y avanza en medio de severas limitaciones y ataques de todo orden contra su camino de construcción socialista.<br><br>En este largo y todavía inacabado proceso de desarrollo del <em>latinoamericanismo del siglo XXI</em>, el más reciente quiebre del monroísmo se evidenció en la IX Cumbre de las Américas, realizada en Los Ángeles, California, en junio 2022. Por decisión propia, los EE.UU. excluyeron a Cuba, Nicaragua y Venezuela, aunque Manuel López Obrador, presidente de México, fue el primero en cuestionar ese. Varios países latinoamericanos no asistieron o solo enviaron delegados. Y aunque el tema de Ucrania no fue directamente tratado, al menos se . En cambio, son explícitas y tajantes las declaraciones de la comandante del Comando Sur de los EE.UU., General Laura , quien considera como parte de la «seguridad nacional» de los EE.UU. un conjunto de recursos naturales latinoamericanos (a la cabeza el litio, pero también agua) y, además, advierte contra la presencia de China y Rusia en América Latina, a quienes considera «adversarios», y hasta pide que los países que los tengan, «donen» sus equipos militares rusos a Ucrania.<br><br>Aprovechando de esa condenable y dolorosa guerra, se ha levantado una nueva cruzada internacional, para dividir al mundo entre el campo de la “libertad” y la “democracia” y el de los “autoritarismos”, para marcar un muro entre Occidente y Oriente, casi como si se tratara de un conflicto entre la “civilización” y la “barbarie”, parafraseando los términos del argentino Domingo Faustino Sarmiento en su famosa obra publicada en 1845.  <br> <br>En forma abierta el tema de Ucrania se ha tratado en la reciente II Cumbre por la Democracia (29-30 marzo, 2023), una reunión internacional convocada, en forma virtual, por el presidente Joe Biden. El  se refiere a la “agresión” de Rusia y exige su retiro. Pero no fue respaldado por los presidentes Lula da Silva y López Obrador. En esta línea de comportamiento, cabe recordar que la II Cumbre de CELAC (2014) declaró a América Latina como <em></em>, ratificándolo en la VII-CELAC de Buenos Aires de enero 2023.<br> <br>A pesar de ello, no existe aún una fuerza geoestratégica latinoamericana común y capaz de imponerse, porque el documento antes referido sí fue suscrito por otros gobernantes y es clara cierta división del bloque de gobiernos progresistas de la región, si se advierte, entre otros, los pronunciamientos del presidente de Chile, Gabriel Boric cuestionando a Cuba y alineándose con los EE.UU. Los gobiernos derechistas, por su parte, no tienen frenos ante las convocatorias de las grandes potencias para un alineamiento a su favor. Ello no les libra de sus responsabilidades históricas por las políticas internas. En Ecuador, el presidente Lenín Moreno (2017-2021), hoy está sujeto a un proceso penal con pedido de prisión preventiva por la Fiscalía debido a presunto delito de cohecho y trama de corrupción, y Guillermo Lasso, se halla a las puertas de un juicio político ante la Asamblea Nacional, facultado por la Corte Constitucional, sobre la base de presunto peculado, y que podría desembocar en su destitución.<br> <br>Como puede advertirse, América Latina es una región que, bajo las presiones externas, está desafiada a mantenerse como zona de paz, a fortalecer el latinoamericanismo frente al monroísmo y a desvirtuar la maniquea división internacional en dos esferas de civilización, que no representa al mundo multipolar, pluricultural y de diversidad política, que tiene la humanidad al despegar el siglo XXI.</p>
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		<title>Americanismo decadente para el siglo XXI &#124; Opinión</title>
		<link>https://lacalle.media/americanismo-decadente-para-el-siglo-xxi-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Calle]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Mar 2023 14:40:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[occidente]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XXI]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>por Juan Paz y Miño CepedaHistoriador Hace 200 años, América Latina era la región del continente que iniciaba una nueva época histórica entre las independencias anticoloniales y la construcción de los Estados Nacionales. Momento decisivo, lleno de contradicciones. No solo actuaban las fuerzas sociales despertadas en los diferentes países por las independencias, sino que se [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">por <strong>Juan Paz y Miño Cepeda</strong><br>Historiador</p>



<p>Hace 200 años, América Latina era la región del continente que iniciaba una nueva época histórica entre las independencias anticoloniales y la construcción de los Estados Nacionales. Momento decisivo, lleno de contradicciones. No solo actuaban las fuerzas sociales despertadas en los diferentes países por las independencias, sino que se redefinían los poderes mundiales, ante el derrumbe del imperio español y el ascenso de otras potencias capitalistas en Europa (ante todo Inglaterra), así como de los Estados Unidos en América.</p>



<p>En el año 1823 se sucedieron una serie de acontecimientos. En Buenos Aires se suscribió la alianza con la República de Colombia para garantizar la independencia; pero en Montevideo se acordaba la defensa contra el avance del Brasil, todavía bajo Pedro I; y en Chile renuncia Bernardo O’Higgins. La incipiente Colombia autorizó al Libertador Simón Bolívar para emprender la Campaña del Sur, que posibilitó su traslado y librar las batallas de Junín y Ayacucho (1824), que dieron la independencia definitiva a Perú y Bolivia, aunque existió un sector que apoyaba un reino independiente con un príncipe español. </p>



<p>Centroamérica era un hervidero: en México se logró poner fin al imperio de Iturbide, mientras Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, decidieron constituir la “República Federal de Centroamérica”, que también implicó liberarse de cualquier dominio por parte de México. En el Caribe, los patriotas cubanos intentaron una expedición libertadora desde México y especialmente el apoyo de Simón Bolívar, lográndose un avanzado proyecto de independencia conocido como “Soles y Rayos de Bolívar”, aunque sin éxitos, porque la isla solo pudo independizarse en 1898.</p>



<p>Pero lo más significativo en el orden continental fue la proclama que hizo el presidente norteamericano James Monroe (2 de diciembre de 1823) ante las evidentes proyecciones de los intereses europeos, que amenazaban a las independencias y de acuerdo con la cual “América es para los americanos”. La “Doctrina Monroe”, así resumida, era, por el momento, un freno contra los intentos de recolonización de los países latinoamericanos, pero aseguraba, desde el inicio de los Estados Nacionales de la región, la expansión de los intereses de los EE.UU. Sin embargo, entre 1823 y 1898 lo que existió fue un americanismo imperfecto, porque tampoco impidió las incursiones europeas (ante todo de Inglaterra y Francia) sobre América Latina.</p>



<p>Precisamente por esa experiencia histórica, en 1895, el caudillo liberal-radical ecuatoriano Eloy Alfaro (1842-1912) convocó a un congreso continental que debía reunirse en México el 10 de agosto de 1896. Ese congreso fue boicoteado por los EE.UU. a través del Secretario de Estado, Mr. Olney. En consecuencia, a la cita sólo acudieron los representantes de ocho Estados: Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y República Dominicana. Se acordó un contundente informe, que no solo hizo el repaso de las incursiones tanto europeas como norteamericanas en distintos países latinoamericanos durante todo el siglo XIX, sino que, por primera vez, postuló la necesidad de sujetar la Doctrina Monroe a un verdadero derecho público americano, aprobado por todos los países. Se cerraba así, con una radical crítica, el primer siglo de las relaciones “americanistas” en el continente.</p>



<p>Al iniciarse la época del imperialismo contemporáneo, el monroísmo se volvió expansivo, teniendo como marco de comportamiento tanto la doctrina del “gran garrote”, del republicano Theodore Roosevelt (1900), como la del “buen vecino” del demócrata Franklin D. Roosevelt (1933-1945). La Guerra Fría, escalada tras el fin de la II Guerra Mundial, alentó un “americanismo” fanático, que maniqueamente dividió al mundo entre el campo de los países “libres” y “democráticos” y el de los “comunistas” y “autoritarios”. Otro ciclo se inició desde la década de 1980, en la cual despegó el neoliberalismo, que durante la década de 1990 se consolidó en el marco de la globalización transnacional encabezada por los EE.UU. ante el derrumbe del socialismo soviético. Habían triunfado tanto la economía de mercado como las democracias liberales y todo lucía como “el fin de la historia” (F. Fukuyama).</p>



<p>Paradójicamente el encantamiento ha durado poco. Al comenzar el siglo XXI incubaron situaciones imparables: la recuperación y ascenso de Rusia, el auge de China, nuevas relaciones económicas de América Latina con esos países y diversificación de las mismas con otros. Para la segunda década del siglo XXI el mapa mundial cobró un camino insospechado: la creciente esclerosis de la hegemonía de los EE.UU. en el mundo, que arrastra a las potencias europeas; la definición de políticas soberanas entre gobiernos progresistas latinoamericanos; las reacciones en África contra antiguas metrópolis coloniales. Como nunca antes, en América Latina se extienden las críticas radicales a la OEA, los cuestionamientos al intervencionismo norteamericano en los asuntos internos de los países, la negativa a alinearse con Occidente en la guerra de Ucrania (a pesar de posiciones como la del presidente Gabriel Boric en Chile), el acercamiento a Rusia y China, que no son consideradas potencias “enemigas”. De hecho, la relación entre Rusia y China, establecida a raíz de la reciente visita del presidente Xi Jinping a Vladimir Putin, marca un momento histórico en el desarrollo de la humanidad. Al mismo tiempo se fortalecen los BRICS y el acercamiento de Argentina, que también busca el relanzamiento de UNASUR; en tanto Brasil estrecha relaciones con China y el presidente Lula da Silva viaja para tratar temas de interés. Se impone la causa de Cuba frente a la agresión del bloqueo norteamericano y en México el presidente Andrés Manuel López Obrador define tajantes posiciones latinoamericanistas, confrontando directamente a los EE.UU.</p>



<p>A 200 años de su proclamación, la Doctrina Monroe es insostenible y está en crisis. Pero no la agresividad con la que todavía se manifiesta y que últimamente se ha hecho visible con las declaraciones de la General Laura J. Richardson, Comandante del Comando Sur de los EE. UU., contra los acercamientos soberanos de América Latina a China y a Rusia, su crítica a la amplia difusión de las agencias noticiosas de Rusia en la región, así como las previsiones que hace sobre los recursos naturales existentes (especialmente el litio) y la inquietante relación que busca renovar y fortalecer directamente con las fuerzas armadas, sobre las cuales hay suficiente experiencia histórica.</p>



<p>América Latina se encuentra en un momento de agudas contradicciones, como se hallaba doscientos años atrás, en el que pesan las fuerzas internas de cada país y, al mismo tiempo, las geoestrategias del mundo cambiante, en medio de la inevitabilidad de relaciones internacionales multipolares y pluriculturales, que proyectan el Mundus Novus del siglo XXI. En este proceso, los latinoamericanos no están dispuestos a consentir ni adherir a la nueva y maniquea división de la humanidad en una esfera de países y gobiernos “libres” y “democráticos” y otra de los que se rigen por poderes “autoritarios”, aunque todavía es difícil lograr una geoestrategia común, que se convierta en fuerza decisiva continental.</p>
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